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– Mierda. -Nick se sentó-. Me pregunto si también habrá aquí una foto de la chica.

– Y del tipo al que le falta media cabeza. Y el del balazo entre los ojos. -Vito consultó su reloj-. Tino lleva desde las siete en el depósito. Tal vez ya tenga algo que pueda servirnos.

En ese momento, como si de una señal se tratara, se oyó el timbre del ascensor y Tino entró en la oficina. Vito hizo una mueca. Su hermano menor estaba pálido y ojeroso y la mirada de sus oscuros ojos era sombría.

– No tendría que haberle pedido que hiciera una cosa así.

– Sobrevivirá -lo animó Nick, y se puso en pie-. Hola, Tino. -Sacó una silla-. Siéntate.

Tino se dejó caer en el asiento.

– ¿Cómo te las arreglas para ver cosas así todos los días y resistirlo, Vito?

– Es cuestión de experiencia -respondió Nick en su lugar-. ¿Qué nos traes?

Tino le tendió un sobre.

– No tengo ni idea de si guarda algún parecido con la realidad. He hecho lo que he podido.

– Es mejor que lo que teníamos antes -dijo Vito-. Lo siento, Tino. No debería…

– Déjalo -lo interrumpió Tino-. Estoy bien, y sí, has hecho lo que debías. Es solo que ha resultado más fuerte de lo que esperaba. -Forzó una sonrisa-. Sobreviviré.

– Eso mismo le he dicho yo. -Nick sacó el dibujo del sobre. En la hoja se veía un rostro femenino de facciones serias y Vito observó que su hermano había captado la estructura facial de la chica. Pero más que eso se observaba en ella una tristeza conmovedora que Vito sospechaba que se debía a los propios sentimientos de Tino plasmados en el dibujo. Estaba muy bien hecho.

Nick emitió un sonido aprobatorio.

– Uau. ¿Cómo es que tú no sabes dibujar así, Vito?

– Él sabe cantar -respondió Tino con voz cansina-. A Dino se le da bien enseñar, a Gino hacer construcciones y Tess cocina de maravilla. -Exhaló un suspiro-. Por cierto, me voy a casa, Vito. Tess debe de estar allí con los chicos y quiero pedirle que me prepare algo de cenar. -Se pasó la lengua por los labios con desagrado-. Lo que sea con tal de quitarme este mal sabor de boca.

Vito se acordó de la cecina de ternera de Sophie.

– Dile a Tess que le eche especias y guardadme un poco. Ah, y dile que se instale en mi habitación. Yo dormiré en el sofá.

Tino se puso en pie.

– La forense me ha mostrado los otros cadáveres, Vito. No creo que pueda hacer nada por el chico… -Hizo una mueca-. Ya sabes, al que le falta la cabeza. Y el chico de la bala lleva demasiado tiempo muerto, igual que el de la metralla. Os hará falta…

– Espera. -Vito alzó la mano para interrumpirlo-. ¿Qué metralla?

– La forense lo llama el uno-cuatro.

Nick frunció el entrecejo.

– ¿Metralla? ¿De qué va eso?

– Me parece que tenemos que ir al depósito a ponernos al corriente -observó Vito con tristeza-. Lo siento, Tino. Sigue. ¿Qué nos hará falta?

– Iba a decir que os hará falta un antropólogo forense para reconstruir los rostros. Sin embargo, creo que podré plasmar los de los ancianos. Volveré mañana para intentarlo.

Vito sintió una punzada de orgullo.

– Te lo agradecemos.

Tino se abrochó la cremallera del abrigo y esbozó una sonrisa ladeada.

– Espero que me recomendéis. Quién sabe, tal vez descubra una nueva profesión. Bien sabe Dios que con el arte no se gana uno la vida.

– ¿Dónde está la pila de listados de personas desaparecidas? -preguntó Nick cuando Tino se hubo marchado-. Podemos buscar en la página de tupuedessermodelo.com los nombres de las personas desaparecidas que coincidan con el perfil de la chica. Luego podemos comparar las fotos con el dibujo de Tino.

– Parece un buen plan.

Lunes, 15 de enero, 21:55 horas

Nick arrojó el listado de personas desaparecidas sobre el escritorio de Vito con indignación.

– Es el último. -Miró la página de tupuedessermodelo.com que aparecía en la pantalla del ordenador-. La chica no está ahí.

– O no está ahí. -Vito señaló el listado-. Tal vez no denunciaran su desaparición. O tal vez no fuera de aquí. Que Warren fuera de Filadelfia no quiere decir que la chica también tenga que serlo. No pienso darme por vencido todavía.

– Joder -gruñó Nick-. Me habría gustado encontrarla enseguida.

– Vete a casa -dijo Vito-. Yo seguiré buscando mientras espero a que el técnico informático examine el disco duro de Sherry. Si hace falta, comprobaré una a una las fotografías de todas las modelos.

– Debe de haber unos cinco mil nombres ahí dentro. Te llevará toda la noche.

– Puede que no. -Vito pasó el cursor por los menús desplegables-. No creo que los publicistas que buscan modelos abran todas las fotografías una por una. Es posible que puedan hacer una búsqueda de las rubias, las morenas, las bajas, las altas o las que sean.

Nick se incorporó un poco en el asiento.

– O sea que se puede reducir la búsqueda. Sabes que era morena, medía un metro cincuenta y siete, tenía el pelo corto y los ojos azules.

– El color del pelo y de los ojos puede cambiarse. Puede que llevara lentes de contacto o una peluca. Sin embargo la altura no se cambia. -Vito fijó la vista en la pantalla-. Es posible hacer una búsqueda y luego ordenarla según las características físicas. Tenemos que empezar a buscar por un metro cincuenta y siete y ordenar luego la lista según el color del pelo y después de los ojos. -Rellenó los campos y accionó el botón de búsqueda-. Vete a casa. Ya me quedo yo.

– No, por Dios. La cosa vuelve a ponerse interesante. Además, en esta página salen chicas monísimas. Incluso pone la talla de sujetador. ¿Qué más quieres?

– Nick. -Vito alzó los ojos en señal de exasperación y sacudió la cabeza.

– ¿Qué pasa? Vuelvo a estar sin compromiso y no tengo tiempo de salir de noche. -Su expresión se tornó pícara-. Ni tampoco tengo la suerte de gustarle a Sophie Johannsen.

Él le gustaba. Vito tragó saliva. Si se hubiera implicado un poco más, Vito habría necesitado reanimación cardiorrespiratoria. Pero no quería implicarse más. Lo había rechazado, otra vez. La noche anterior había habido un malentendido. Esa noche, sin embargo, Vito sospechaba que Sophie lo había entendido todo a la perfección, aun cuando él no acabara de entenderlo. Hizo caso omiso de Nick y observó la pantalla.

– Solo cien resultados. Es una suerte que fuera bajita. La mayoría de las modelos son altas.

– Como Sophie.

– Nick -dijo Vito entre dientes-. Cállate.

Nick le dirigió una mirada de desconcierto.

– Hablas en serio, ¿verdad? Yo creía que…

– Pues creías mal. Y esta vez no pienso insistir.

Nick pareció darle vueltas al asunto durante unos instantes.

– Muy bien. Volvamos al trabajo.

Vito entró en el book de cada una de las modelos, de pronto se detuvo con expresión perpleja.

– Dios, qué bueno es Tino.

El rostro que los miraba desde la pantalla era exactamente igual al dibujado por Tino.

– Ya me lo parecía a mí. -Nick se inclinó para observar la imagen más de cerca. Estaba muy serio-. Brittany Bellamy. Joder, Chick. No tenía ni veinte años. Haz clic en «contactar».

Vito lo hizo, pero lo que se abrió fue un e-mail en blanco.

– No sale ningún número de teléfono ni información geográfica, y no quiero enviar un e-mail. Si estamos en lo cierto, no obtendremos respuesta.

– Porque está muerta -masculló Nick-. Y si estamos equivocados, revelaríamos detalles sobre el modus operandi del asesino que pueden resultar de vital importancia. Pero puedes contactar con sus antiguos clientes por la mañana. -Se puso en pie-. Me voy a casa. Te llamaré cuando salga del juzgado.

– Buena suerte -le deseó Vito. Luego marcó el número de teléfono de casa de Liz Sawyer-. Hola, soy Vito.