– Hola, Tess, soy Vito. Quiero pedirte un favor.
Nueva York,
martes, 16 de enero, 10:45 horas
– Uau. -Van Zandt no apartó los ojos de la pantalla ni un instante mientras su personaje luchaba contra el caballero bueno, con la espada en una mano y el mangual en la otra. El hombre tenía los nudillos blancos de tanto aferrar el mando del juego, y su cara era todo un poema de tan concentrado como estaba-. Dios Santo, Frasier, esto es alucinante. Situará a oRo al nivel de Sony.
Frasier sonrió. Sony era la empresa a la que debían igualar. Sus juegos estaban presentes en millones de hogares; millones.
– Me imaginaba que te gustaría. Esa es la batalla final. A estas alturas el inquisidor ya es todopoderoso y ha raptado a la reina. El caballero morirá tratando de liberarla puesto que es… ya sabes, un caballero.
– El maravilloso mito del caballero andante. -A VZ le tembló un músculo de la mandíbula al forcejear con el mando-. La inteligencia artificial es impresionante. Hay que ver cómo cuesta matar a este caballero. Muérete ya -masculló entre dientes-. Vamos, muérete ya. Muere para mí.
«Ya.» El caballero cayó de rodillas y luego se desplomó boca abajo cuando VZ le asestó el golpe mortal con el mangual.
VZ puso mala cara.
– Esto… Esto es decepcionante. Me lo esperaba un poco más… -Empezó a hacer aspavientos-. ¡Bah!
Frasier, que preveía una reacción así, sacó una hoja de papel doblada del bolsillo y la deslizó sobre el escritorio de Van Zandt.
– Toma. Prueba con esto.
Con la mirada encandilada de un niño, Van Zandt introdujo el código y el juego alternativo que Frasier había creado se puso en marcha.
– Sí -musitó cuando la cabeza del caballero bueno se partió en dos y trocitos de cráneo y sesos saltaron por los aires-. Esto es precisamente lo que esperaba. -Lo miró con el rabillo del ojo-. Qué idea tan inteligente, parece un huevo de Pascua. Si seis meses después de que el juego salga al mercado los jugadores no han adivinado el código, lo filtraremos. En menos de dos horas correrá por toda la red y nos habremos hecho publicidad de un modo barato y muy efectivo.
– Y luego madres, curas y profesores estallarán en protestas por la cantidad de violencia gratuita que impera en nuestra sociedad. -Esbozó una sonrisa-. Lo que solo sirve para que los niños salgan corriendo a comprar más juegos.
Van Zandt también sonrió.
– Exacto. Podrías incluir también unas cuantas escenas de desnudo. Si la violencia no hace que los chicos salgan corriendo a comprar el juego, seguro que los desnudos sí. El contenido sexual da aún mejores resultados.
Frasier recordó las escenas que había construido a partir de Brittany Bellamy. La chica estaba completamente desnuda. No había sexo, pero la violencia era tan brutal que estaba seguro de que VZ se mostraría encantado. No tenía pensado enseñarle las escenas de la mazmorra ese día, pero todo parecía indicar que el momento era el adecuado. Extrajo un CD del maletín de su portátil.
– ¿Quieres echarle un vistazo a la parte de la mazmorra?
Van Zandt extendió la mano; su semblante dejaba patente la avidez con que lo esperaba.
– Dame.
Frasier se inclinó hacia delante con el CD y VZ se lo arrancó de la mano.
– Así es como quedará más o menos la escena -explicó Frasier mientras VZ introducía el CD-. El inquisidor empieza por acusar a los terratenientes de brujería, se hace con sus bienes al detenerlos y luego los mata con armas convencionales: la espada, la daga, etc… Con ese dinero compra instrumentos de tortura más grandes y mejores.
Al empezar la secuencia, la cámara avanzó entre la niebla y se introdujo en el cementerio de una iglesia, copia perfecta de una abadía francesa de las afueras de Niza.
Van Zandt le dirigió una mirada de sorpresa.
– ¿Has situado la mazmorra en una iglesia?
– Debajo. Es una forma medieval de rechazar las convenciones. En esos tiempos las convenciones las representaba la Iglesia.
A Van Zandt se le escapaba la risa.
– No me gustaría estar a tu lado durante una tormenta eléctrica.
La cámara entró en la iglesia y atravesó la cripta. Van Zandt dio un quedo silbido.
– Qué bueno, Frasier. Me gustan sobre todo las efigies de las tumbas. Parecen reales.
– Gracias. -Las máscaras de escayola le habían proporcionado un buen modelo a partir del cual trabajar. El único problema era que tendría que encargar más lubricante para su pierna. Había terminado con las reservas de Claire y había tenido que empezar a utilizar las propias. La cámara descendió por la escalera y entró en la cueva donde Brittany Bellamy aguardaba su sino-. Esa mujer es Brianna. Está acusada de brujería. El inquisidor sabe que es una verdadera bruja y quiere que le cuente sus secretos. Sin embargo, es una prisionera tremendamente terca.
– Calla. Déjamelo ver.
Y eso hizo. El semblante de Van Zandt pasó de la excitación al horror cuando el inquisidor sentó a la mujer en la silla inquisitorial entre gritos.
– Dios mío -susurró al oír los desgarradores alaridos de Brianna-. Dios mío. -Al igual que Warren, Brittany Bellamy había sufrido lo suyo. El sonido de sus gritos era hermosísimo. Él se había limitado a importar el archivo de sonido hasta su película de animación realizada por ordenador.
Cuando el inquisidor prendió fuego a la silla, Brittany chilló de dolor. Van Zandt palideció. Al término de la escena, con un primer plano de los ojos de Brianna en el momento de la muerte, Van Zandt se dejó caer hacia atrás en la silla; tenía la frente perlada de sudor. Se quedó mirando la pantalla que, con un fundido, mostró la imagen del dragón de oRo.
Después de un minuto entero de silencio, Frasier dio un suspiro y se dispuso a defender su arte.
– No pienso cambiar nada, VZ.
El hombre alzó la mano.
– Calla. Estoy pensando.
Pasaron cinco minutos antes de que Van Zandt se diera la vuelta para enfrentarse a él.
– Corta las escenas.
Frasier empezaba a ponerse furioso.
– No pienso cortar las escenas, VZ.
Van Zandt alzó los ojos en señal de exasperación.
– ¿Es que no tienes paciencia? Incluiremos la escena de la silla en el paquete principal, pero la mantendremos oculta. El código para acceder a las escenas más espantosas del caballero lo comunicaremos de forma gratuita. Y después anunciaremos que el código para la ejecución en la silla está disponible… Pero a su debido precio. Descubrir el acceso a la mazmorra les costará a nuestros clientes 29,99 dólares más.
El paquete básico costaba 49,99 dólares. El plan de Van Zandt suponía aumentar los ingresos sin coste adicional, y los beneficios se dispararían a un cuatrocientos por ciento.
– Menudo capitalista estás hecho -musitó, y Van Zandt lo miró con ojos penetrantes.
– Pues claro. Por eso la «R» es la letra más grande de oRo.
Frasier recordó la pequeña inscripción del logo, justo bajo las garras del dragón.
– ¿Rijkdom?
Van Zandt esbozó una sonrisa más incisiva que una navaja.
– Quiere decir riqueza en holandés. Por eso estoy donde estoy. Y tú deberías estar aquí por lo mismo. -Extendió la mano-. Dame el resto.
Frasier negó con la cabeza; de pronto vacilaba.
– Con lo que te he mostrado tienes suficiente para Pinnacle.
– ¿Derek te ha hablado ya de la oportunidad de Pinnacle?
Sus labios se curvaron con una mueca.
– Sí.
Van Zandt arqueó una ceja.
– ¿No te gusta Pinnacle?
– No me gusta Derek. -Separó bien las palabras, imitando el hablar arrastrado de Van Zandt.
– Derek ha cumplido con su trabajo, pero no subirá con nosotros el siguiente peldaño. Tengo puestas muchas esperanzas en ti, Frasier.
No había movido la mano.
– Dame el resto. Dámelo ya.
Frasier torció la mandíbula y estampó otro CD en la mano de Van Zandt.