– Sí, pero todavía soy joven e inexperto, de modo que hay mucho por aprender de los camaradas veteranos.
– Y también sabemos que trabaja con mucho ahínco. Últimamente ha estado muy ocupado, camarada inspector jefe.
– Sí, estamos faltos de personal.
– ¿En este momento está a cargo de algún caso importante?
– Varios. Todos los casos son importantes… para nosotros.
– He oído que está investigando el caso de Guan Hongying, la trabajadora modelo de rango nacional.
Chen no sabía si se trataba de una afirmación o una pregunta, por lo que se limitó a asentir con la cabeza. ¿Y cómo se habría enterado ella?
– ¿Ha obtenido algún resultado hasta ahora?
– Unas cuantas pistas prometedoras, pero nada definitivo. Quedan muchas preguntas sin contestar.
– ¿De qué preguntas se trata?
– Pruebas, móviles y testigos. Hasta ahora no son más que meras hipótesis.
Chen se incomodaba más, puesto que no era competencia de la oficina de Yao inmiscuirse en un caso de homicidio.
– Le he pedido que venga a verme -dijo con el acento de Shandong que daba a su voz cierta severidad-, porque quiero saber cómo está conduciendo la investigación.
– Es un caso de homicidio. Estamos siguiendo el procedimiento habitual.
– Ha señalado a algún sospechoso, ¿verdad?
– Sí. -No tenía sentido retener información-. En este momento, nuestro principal sospechoso es Wu Xiaoming.
– ¿El hijo del camarada Wu Bing? -Sí.
– ¿Cómo puede ser? Wu Bing y yo éramos colegas a principios de los años sesenta, en la misma oficina, y Wu Xiaoming jugaba con nuestros hijos en la misma guardería. No lo he visto últimamente, pero está haciendo un buen trabajo, según he sabido por un informe de recomendación de cuadros de Estrella roja. La gente tiene muy buena opinión de él.
– Puede que Wu trabaje bien en la revista, pero mantenía una relación con Guan. De hecho, la llamó la noche en que murió.
– ¿Ah, sí?
– Sí, tenemos pruebas.
– ¿Qué tipo de pruebas?
– Pruebas circunstanciales -prefirió mostrarse ambiguo-,
– ¿Y a partir de estas pruebas circunstanciales, ha llegado a la conclusión -preguntó ella con tono cortante-de que el hijo de Wu Bing es culpable de ese asesinato?
– No, no hemos llegado a ninguna conclusión. El asunto todavía se está investigando.
– Aun así, las noticias serían un golpe terrible para Wu Bing, cuyo estado de salud es muy precario.
– El camarada Wu Bing es un veterano que merece todos mis respetos. Sabemos que está en el hospital, así que hemos actuado con mucha discreción.
– Sea cual fuere la historia de la familia de Wu Xiaoming, no pienso protegerlo. Todo lo contrario. Si se demuestra que es culpable, deberá ser castigado. Es la política del Partido.
– Le agradezco su apoyo, camarada directora Yao.
– Sin embargo, camarada inspector jefe Chen, ¿ha pensado usted en la reacción del pueblo ante su investigación?
La directora Yao estaba rodeada de montones de libros oficiales con los cortes dorados. Los muebles de su oficina eran robustos y pesados. Todo reafirmaba la solidez de la autoridad.
– ¿Reacción? -inquirió Chen-. No entiendo bien de qué reacción me habla.
– La gente dirá. «¿Cómo? ¡El hijo de Wu Bing ha cometido un asesinato? ¡Esos HCS!». Eso no será nada beneficioso para la imagen del Partido.
– Camarada directora Yao, como miembro del Partido, así como en mi condición de policía, siempre he considerado que mi más alta responsabilidad es defender la imagen intachable de nuestro Partido, pero no veo cómo nuestra investigación puede ponerla en peligro.
– Camarada inspector jefe Chen -se irguió en el asiento y cruzó las manos sobre la mesa- nuestro Partido ha logrado grandes avances en las reformas económicas y políticas, pero durante un periodo de transición como éste, puede que ciertos problemas susciten quejas entre la gente. Y actualmente la opinión pública se muestra contraria a los hijos de los cuadros superiores, como si éstos fueran capaces de causar todo tipo de calamidades, algo que, desde luego, no es cierto.
– Entiendo su comentario, camarada directora Yao. Ya en la escuela primaria aprendí que los cuadros superiores, los revolucionarios de la vieja generación, hicieron una gran contribución a nuestro país. Consiguientemente, ¿cómo podría tener prejuicios con respecto a sus hijos? Nuestra investigación no tiene nada que ver con una idea falsa de los hijos de los cuadros superiores. Se trata sólo de un caso de homicidio asignado a nuestra brigada de asuntos especiales. Hemos hecho todo lo posible para mantenerlo alejado de los medios de comunicación. No sé cómo se podría enterar la gente de nuestra investigación.
– Nunca se sabe, camarada inspector jefe -dijo Yao, y acto seguido cambió de tema-. Sé que ha estado en Guangzhou hace unos días.
– Sí, tenía que buscar información.
El hecho de que Yao supiera de su viaje lo inquietaba. Ni la comisaría de Shanghai ni la de Guangzhou tenían que informar al Comité de Disciplina del Partido sobre las actividades de un oficial de policía. De hecho, no eran muchos los que estaban al corriente del viaje. Se había marchado a Guangzhou sin entregar un informe al Secretario del Partido Li. Sólo lo había notificado al comisario Zhang y al inspector Yu.
– Está cerca de Hong Kong, la zona especial. Habrá visto un espíritu diferente ahí. Un estilo de vida distinto.
– No, estaba llevando a cabo una investigación. Si hay diferencias, yo no he tenido tiempo para fijarme en ellas. Créame, directora Yao, estoy trabajando a conciencia.
– No me entienda mal, camarada inspector jefe Chen. Desde luego que el Partido confía en usted, por eso quería que viniera a mi oficina hoy. También quisiera hacerle una sugerencia. Para un caso políticamente delicado como éste, todos tenemos que trabajar con la mayor precaución. Creo que será mejor que esto quede en manos de Seguridad Interior.
– ¿Seguridad Interior? Es un caso de homicidio, camarada directora Yao. No veo esa necesidad.
– La verá si piensa en el posible impacto político.
– Si Wu Xiaoming es inocente, nosotros no haremos nada, pero si es culpable, todos somos iguales ante la ley. Desde luego, camarada directora Yao -añadió-, tendremos mucho cuidado de respetar sus instrucciones.
– Entonces está decidido a seguir adelante con la investigación.
– Sí, soy policía.
– De acuerdo -dijo ella al cabo de un rato-. Sólo es una sugerencia que le hago. Usted es el inspector jefe y es quien decide. Aun así, le agradecería que me informara de los avances en su investigación en interés del Partido.
– Me parece bien -dijo Chen intentando nuevamente responder con ambigüedad, pues no creía que fuera responsabilidad suya informarle-. Soy miembro del Partido y actuaré en todo de acuerdo con los procedimientos del Departamento, y también en interés del Partido.
– La gente reconoce su dedicación al trabajo. Sus elogios parecen estar justificados -se incorporó-. Tiene usted un gran futuro por delante, camarada inspector jefe Chen. Nosotros somos viejos. Tarde o temprano tendremos que confiar nuestra causa socialista a gente joven como usted, por lo que espero verlo pronto.
– Gracias, directora Yao. Sus consejos e instrucciones son muy importantes para mí.
"Todo lo que dice parece una salmodia de citas sacada un catecismo político", reflexionó Chen mientras asentía con la cabeza.
– Además -siguió con la misma voz seria-, estamos preocupados por su vida personal.
– ¿Mi vida personal?
– Usted es un joven cuadro en ascenso y es adecuado y justo que nos preocupemos por usted. Tiene unos treinta y cinco años, ¿no es así? Ya va siendo hora de que piense en el futuro.
– Gracias, camarada directora Yao. He estado muy ocupado.
– Sí, lo sé. He leído el artículo sobre su trabajo que escribió esa reportera del Wenhuir