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Los Menecmos

a la manera de Plauto, (principios del siglo XXI)

Todo lo he puesto en venta: mi casa, mi hipoteca, mis joyas, mis vestidos, la flor del avellano de mi chalet adosado, la corona de oro imaginario que llevo en la cabeza, el luto por mi padre, la pradera de flores, prestas para sufrir una muerte temprana, que sueño junto al río… Vendo mis muñecas y mis libros, los dioses de la Tierra que nunca se dignaron a tenderme la mano, los muebles de mi abuela, a mi hijo -soldado de todas las naciones-, la forma de cachorro que dibuja mi corazón de fiera. Lo tengo todo puesto en venta, mi ajuar, mi maquillaje, mis támpax, mis miserias… También a mi marido, que no es bueno ni malo: sólo un hombre. Aquí lo dejo, junto a mis propiedades, por si hay suerte y alguien se lo queda.

II. CIELO A LA DERIVA

El universo es una máquina de hacer dioses.

Henry Louis Bergson

La huida de las nebulosas

¿Puedes atar los lazos de las Pléyades

o soltar las ataduras de Orion?

¿Harás salir la Corona a su tiempo

y guiarás a la Osa con sus cachorros?

¿Conoces las leyes de los cielos?

¿Puedes establecer su influencia en la Tierra?

Libro de Job (La teofanía)

I

Concédeme una lágrima para poder pensar el mundo, una gota de luna estremecida que me abandone a su ternura, que amenace mi piel cuando la roce con su escarcha. Soñaré con el mar dondequiera que viaje, con cada una de las aves que aguardan a la muerte sin preguntas. Soy la gata, viva y muerta. Soy un centauro y mi rostro espera inquieto a la última luz que se empapa en tus sombras. Llegada ya la hora del silencio, nos sostendrá la noche desolada, la que cuenta secretos por un mundo que de todo se olvida. Concédeme un rincón entre las cumbres de tu cuerpo desde el que contemplar el curso de la vida, la calle bajo mi ventana, el despuntar del día, su luz interrogante que me trata como a un pobre ciego.

II

¿Se extingue el horizonte, sus gotas de sal cubiertas de invierno? ¿Qué vendrá tras la lluvia?, ¿días enteros que jamás recuerden sus mañanas? Deja ya de ordenarle a la rosa que se recline frente al hacha. Observa los bordados que la noche ha tejido en mi lecho. Miro a lo lejos y mis ojos son el redil oscuro que un confín acoge esperando verlos hundirse para siempre en la tierra. Mis ojos desnudos que el viento se llevaba allende el amanecer con su canción más delicada, al relente del cielo. Silenciosa aliada de la Luna, confieso que aguardo tu regreso como un niño que espera a sus recuerdos para encerrarlos en un barril de oro, y jugar con ellos al morir. Yo también fui un guerrero. Con mi locura y mi sonrisa partí por la mitad esta vida desdichada. ¿Qué dios vendió mis manos a una tumba vacía en la batalla? ¿Qué honor de dios agreste proclamó impunemente que el mundo es mi final, mi pequeña sentencia?

III

No, no sabría dónde herirte. Me debato entre sueños y cavo mi camino a impulsos que engendra en mis manes el sucio mediodía. Dos veces me abrasé en un lugar donde la luz posó sus dedos, igual que un viejo que se viste con instantes de vida, con cuidado. Y vislumbré la bóveda celeste, sus fauces en agraz sobre estas soledades que tú llamas «el resto de los días». No, no sabría dónde herirte, ¿acaso soy la vida?

IV

Azul fue mi país, y se adentró en la noche, soñando, ebrio de vino, con madrugadas de esplendor que se perdieron por tu boca. En la arena de la vida te encontré girando como un astro que al espacio se entrega porque piensa que todo es alegría. – Y los aires temblaban bajo el gozo del cielo y te amé demorándome en cada humilde caricia-. Fui en busca de las altas montañas que expían sus verdores colina abajo, mientras los ríos las circundan. Habrá un tiempo después para nosotros, cuando vuelvan las aves migradoras y ensombrezcan los ángeles la noble resistencia de los arcos de piedra por las plazas. Vendrá un tiempo, en mitad del atardecer, en que no me equivoque, como gema que confía en sus cuestiones personales, que regala su hermosura y le avisa a la noche que se haga antes de que ella estalle con gusto en su destino. ¿Dónde, dónde nos detendremos el uno frente al otro, como una realidad entre dos distancias iguales? Tal que en la oscuridad el mar bogara hacia la tierra envenenado por la luz desdeñosa que la mañana enciende y luego apaga sin piedad. Azul fue mi país, y se adentró en la noche.