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Martine pareció momentáneamente aturdida.

—Eso podría explicar… —entonces guardó silencio.

—Esto… ya no los llamamos Espectros —dijo deSilva—. Bubbacub dice que no les gusta.

Jacob sintió un momento de irritación, pero lo controló rápidamente para que las mujeres no lo advirtieran. Esta conversación no los llevaba a ninguna parte.

—¿Qué pasó cuando vino en su estado amenazante?

DeSilva frunció el ceño.

—Bubbacub habló con él durante un rato. Luego se enfadó y lo expulsó.

—¿Qué hizo?

—Intentó razonar con él. Citó el libro de los derechos Tu-tor- Pupilo. Incluso prometió hacer negocios. El solariano no dejó de proferir amenazas. Dijo que enviaría mensajes psi a la Tierra y causaría desastres indescriptibles.

»Por fin, Bubbacub le conminó a rendirse. Hizo que todo el mundo se tumbara. Luego sacó ese trozo de hierro y cristal que guarda tan en secreto. ¡Ordenó que todos cerraran los ojos, luego dijo abracadabra y expulsó a la maldita cosa!

—¿Qué hizo?

Ella volvió a encogerse de hombros.

—Sólo los Progenitores lo saben, Jacob. Hubo una luz cegadora, una sensación de presión en los oídos… y cuando volvimos a mirar, el solariano había desaparecido.

»¡Y no sólo eso! Volvimos al lugar donde pensábamos que habíamos dejado el rebaño de toroides. También había desaparecido. ¡No había un ser viviente a la vista!

—¿Nada en absoluto? —Jacob pensó en los hermosos toroides y en sus brillantes amos multicolores.

—Nada —dijo Martine—. Todo había sido borrado. Bubbacub nos aseguró que no habían sido dañados.

Jacob se sintió aturdido.

—Bueno, al menos ahora existe una protección. Podemos negociar con los solarianos desde una postura de fuerza.

DeSilva sacudió la cabeza tristemente.

—Bubbacub dice que no puede haber negociaciones. Son malignos, Jacob. Ahora nos matarán si pueden.

—Pero…

—Y ya no podemos contar con Bubbacub. Le dijo a los solarianos que la Tierra se vengaría si resultaba dañada. Pero aparte de eso, no nos ayudará. La reliquia vuelve a Pila.

Miró al suelo. Su voz sonó ronca.

—El Proyecto Navegante Solar ha terminado.

SEXTA PARTE

La medida de la salud mental es la flexibilidad (no la comparación con alguna «norma»), la libertad para aprender de la experiencia, de ser influido por argumentos razonables, y la atención a las emociones, y especialmente la libertad de contenerse cuando se está saciado. La esencia de la enfermedad es la congelación de la conducta en pautas inalterables e insaciables.

LAWRENCE KUBIE

17. SOMBRA

El taller estaba vacío; cada herramienta colgaba en incómodo desuso del apropiado gancho de la pared. Las herramientas estaban limpias. El tablero, rayado y agujereado, brillaba bajo una nueva capa de cera.

El puñado de instrumentos a medio desmontar que Jacob había apartado yacía en el suelo acusadoramente, como el mecánico jefe, que le observaba receloso mientras se apropiaba del banco de trabajo. A Jacob no le importaba. A pesar del fiasco a bordo de la Nave Solar, o quizás a causa de ello, nadie puso objeciones cuando decidió continuar sus propios estudios. El taller era un lugar grande y adecuado y nadie más lo quería en aquel momento. Además, allí era menos probable que lo encontrara Millie Martine.

En un ábside de la enorme Caverna de las Naves Solares, Jacob podía ver una rendija de la gigantesca nave plateada, sólo ocultada parcialmente a la vista por la pared rocosa. En las alturas, la pared se perdía en una niebla de condensación.

Estaba sentado en un taburete ante el banco. Jacob dibujó recuadros de alternativa en dos hojas de papel y las colocó sobre la mesa. Cada una de las hojas rosadas tenía una pregunta con respuesta sí o no, representando las posibles realidades morfológicas alternativas.

La de la izquierda decía: B TIENE RAZÓN RESPECTO A LOS ESPECTROS-S, SÍ (I)/NO(II).

La otra hoja era aún más difícil de mirar: ME HE VUELTO LOCO, SÍ(III)/NO(IV).

Jacob no podía permitir que el juicio de nadie más le apartara de estas preguntas. Por eso había evitado a Martine y los demás desde que regresaron a Mercurio. Aparte de hacer una visita de cortesía al convaleciente doctor Kepler, se había convertido en un ermitaño.

La pregunta de la izquierda se refería al trabajo de Jacob, aunque no podía excluir una relación con la pregunta de la derecha.

Ésta sería difícil. Todas las emociones tendrían que ser descartadas para llegar a la respuesta adecuada.

Colocó una hoja con el número romano I ante la pregunta de la izquierda, encartando la evidencia de que la historia de Bubbacub era correcta.

POSIBILIDAD I: LA HISTORIA DE B ES CIERTA.

La lista era grande. Primero estaba la consistencia de la explicación del pil para la conducta de los Espectros Solares. Siempre habían sabido que las criaturas usaban algún tipo de psi. Las amenazantes apariciones con forma humana implicaban conocimiento del hombre e inclinaciones poco amistosas. «Sólo» un chimpancé había muerto, y sólo Bubbacub podía demostrar que había tenido éxito en sus comunicaciones con los solarianos. Todo encajaba con la historia de LaRoque, que supuestamente había sido implantada en su mente por las criaturas.

El logro más impresionante, el que tuvo lugar mientras Jacob estaba inconsciente a bordo de la Nave Solar, fue la hazaña de Bubbacub con la reliquia lethani. Era prueba de que Bubbacub entabló contacto con los Espectros Solares.

Repeler a un Espectro con un destello de luz podría ser plausible (aunque Jacob no comprendía cómo un ser que habitaba en la brillante cromosfera podía detectar nada en el tenue interior de una Nave Solar), pero la dispersión de todo el rebaño de magnetóvoros y pastores implicaba que el pil debía de haber empleado alguna fuerza poderosa (¿psi?).

Todos estos elementos tendrían que ser examinados de nuevo en el curso del análisis morfológico de Jacob. Pero tenía que admitir que la posibilidad número I parecía verdadera.

POSIBILIDAD II: LA HISTORIA DE B ES FALSA: (IIA) ESTÁ EQUIVOCADO/(IIB) ESTÁ MINTIENDO.

IIA no daba a Jacob ninguna idea, Bubbacub parecía demasiado seguro, demasiado confiado. Por supuesto, podría haber sido engañado por los propios Espectros… Jacob garabateó una nota a ese efecto y la colocó en la posición IIA. De hecho, era una posibilidad muy importante, pero no se le ocurría ninguna forma de probarla o rebatirla sin hacer más inmersiones. Y la situación política hacía imposibles más inmersiones.

Bubbacub, apoyado por Martine, insistía en que cualquier nueva expedición carecería de sentido, y probablemente sería también fatal sin el pil y su reliquia lethani. Curiosamente, el doctor Kepler no discutió. La Nave Solar fue puesta en dique seco siguiendo sus órdenes, el mantenimiento normal suspendido, e incluso la reducción de datos interrumpida mientras conferenciaba con la Tierra.

Los motivos de Kepler aturdían a Jacob. Durante varios minutos se quedó mirando una hoja que decía: TEMA COLATERAL: ¿KEPLER? Finalmente la arrojó sobre el montón de material desmontado, con una imprecación. Estaba claro que Kepler tenía razones políticas para querer que el cierre de Navegante Solar cayera sobre la cabeza de Bubbacub. Jacob se sintió decepcionado. Se volvió hacia la hoja IIB.

Era atractivo pensar que Bubbacub estaba mintiendo. Jacob no podía fingir ya ningún afecto hacia el pequeño Representante de la Biblioteca. Reconoció sus propias motivaciones personales. Jacob quería que IIB fuera cierto.

Desde luego, Bubbacub tenía motivos para mentir. El fracaso de la Biblioteca a la hora de encontrar una referencia a formas de vida solarianas era un engorro para él. El pil también lamentaba la investigación independiente de una raza «expósita». Ambos problemas serían eliminados si Navegante Solar era interrumpido de forma que impulsara la estatura de la antigua ciencia.