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—Tengo que reconocer la intervención del diablo. Fue una suerte que se me ocurriera pensar que las cintas cabían en un frasco de gas vacío. —Sacó un objeto y lo alzó.

—¡La reliquia lethani! —exclamó deSilva. Fagin dejó es capar un pequeño trino de sorpresa. Mildred Martine se le vantó, llevándose la mano a la garganta.

—Sí, la reliquia lethani. Estoy seguro de que Bubbacub contaba con una reacción como la suya por si se producía la oscura posibilidad de que registraran sus habitaciones. Naturalmente, a nadie se le ocurriría molestar un objeto de reverencia semirreligioso perteneciente a una raza antigua y poderosa, sobre todo un objeto que no parece más que un trozo de roca y cristal.

Lo giró en sus manos.

—¡Ahora, observen!

La reliquia se abrió con un chasquido. Había una especie de lata dentro de una de las mitades. Jacob soltó la otra mitad y tiró del extremo de la lata. En el interior sonó algo. La lata se soltó de pronto y una docena de pequeños objetos cayó rodando al suelo. Las mandíbulas de Culla chascaron.

—¡Las cintas! —LaRoque asintió satisfecho mientras ju gueteaba con su pipa.

—Sí —dijo Jacob—. Y en la superficie exterior de esta «reliquia» se encuentra el botón que liberó el contenido previo de este tubo de gas ahora vacío. Parece que quedan algunos restos dentro. Estoy seguro de que será igual que la sustancia que el jefe Donaldson y yo le dimos ayer al doctor Kepler cuando no logramos convencer… —Se detuvo y se encogió de hombros—… Restos de una molécula inestable que, bajo el control de cierto sofonte, producía un «estallido de luz y sonido» para cubrir la superficie interna del hemisferio superior del escudo de la Nave Solar…

DeSilva se puso en pie. Jacob tuvo que alzar la voz para hacerse oír por encima del castañeo de Culla.

—…y para bloquear la luz verde y azul, la única longitud de onda con la que podíamos distinguir a los Espectros Solares de su medio ambiente.

—¡Las cintas! —exclamó deSilva—. Deberían mostrar…

—¡Muestran toroides, Espectros… cientos de ellos! Resulta interesante que no hubiera formas antropoides, pero quizá no las hicieron porque nuestras pautas psi indicaban que no los veíamos.

»¡Pero menuda confusión la de ese rebaño cuando nos metimos entre ellos sin avisar! ¡Toroides y Espectros «normales» apartándose de nuestro camino… todo porque no podíamos ver que estábamos justo en medio!

—¡Loco eté! —gritó LaRoque. Agitó el puño ante Bubbacub. El pil hizo una mueca pero permaneció inmóvil, con los dedos cruzados, mientras observaba a Jacob.

—La monomolécula fue diseñada para deteriorarse justo cuando dejáramos la cromosfera. Se desmoronó convirtiéndose en una fina capa de polvo en el campo de fuerza del borde de la cubierta, donde nadie la advertiría hasta que Bubbacub pudiera regresar con Culla para limpiarla. ¿No es cierto, Culla?

Culla asintió tristemente.

Jacob sintió una distante complacencia al comprobar que la piedad se producía tan fácilmente como la furia amoral de antes. Una parte de él había empezado a preocuparse. Sonrió, tranquilizador.

—No importa, Culla. No tengo ninguna prueba para conectarle con nada más. Los vi a los dos cuando lo recogían y comprendí que lo hacía obligado.

El pring alzó los ojos. Eran muy brillantes. Asintió una vez más y el castañeo tras sus gruesos labios remitió un poco. Fagin se acercó al delgado E.T.

Donaldson terminó de recoger las cintas.

—Creo que será mejor que nos preparemos para ponerlo bajo custodia.

Helene ya se había acercado al teléfono.

—Yo me encargaré de eso —dijo en voz baja.

Martine se acercó a Jacob.

—Esto pertenece ya a Asuntos Externos —susurró—. Deberíamos dejar que ellos se hicieran cargo.

Jacob sacudió la cabeza.

—No, todavía no. Hay que aclarar algo más.

DeSilva colgó el teléfono.

—Vendrán enseguida. Mientras tanto, ¿por qué no continúa, Jacob? ¿Hay algo más?

—Sí. Dos asuntos. Uno es éste. —Sacó de la bolsa el casco psi de Bubbacub—. Sugiero que mantengan esto bajo custodia. No sé si alguien lo recuerda, pero Bubbacub lo tenía puesto y me miraba cuando me desplomé a bordo de la Nave Solar. Me irrita que me obliguen a hacer cosas, Bubbacub. No tendría que haberlo hecho.

Bubbacub hizo un gesto con la mano que Jacob no intentó interpretar.

—Finalmente está el asunto de la muerte del chimpancé, Jeffrey. De hecho es la parte más fácil.

»Bubbacub sabía casi todo lo que hay que saber sobre la tecnología galáctica en el Proyecto Navegante Solar. Los impulsos, el sistema de ordenadores, las comunicaciones… aspectos que los científicos terrestres no han arañado siquiera.

»Sólo tenemos la prueba circunstancial de que Bubbacub trabajara en el pilón de comunicaciones láser, saltándose la presentación del doctor Kepler, cuando estalló la nave de Jeff, dirigida por control remoto. No convencería a ningún tribunal, pero eso no importa, ya que Pila tiene extraterritorialidad y todo lo que podemos hacer es deportarlo.

»Otra cosa que resultará difícil de demostrar será la hipótesis de que Bubbacub puso una pista falsa en el Sistema de Identificación Espacial, un sistema enlazado directamente con la Biblioteca de La Paz, creando el falso informe de que La-Roque era un condicional. Sin embargo, está bastante claro que él lo hizo. Fue un señuelo perfecto. Como todo el mundo estaba seguro de que LaRoque lo hizo, nadie se molestó en hacer una doble comprobación detallada de la telemetría de la inmersión de Jeff. Me parece recordar que la nave de Jeff tuvo problemas justo cuando conectó sus cámaras de cercanía, un detonador a distancia perfecto si ésa era la tecnología usada por Bubbacub. De todas formas, probablemente no lo sabremos nunca. La telemetría se habrá perdido o ya estará destruida.

—Jacob, Culla te pide que pares —trinó Fagin—. Por favor, no avergüences más a Pil Bubbacub. No servirá de nada.

Tres hombres armados aparecieron en la puerta. Miraron con expectación a la comandante deSilva. Ella les ordenó con un gesto que esperaran.

—Sólo un momento —dijo Jacob—. No hemos tratado de la parte más importante, los motivos de Bubbacub. ¿Por qué un sofonte importante, que representa a una prestigiosa institución galáctica, incurriría en robo, falsificación, asalto físico y asesinato?

»Para empezar, Bubbacub sentía antipatía personal hacia Jeffrey y LaRoque. Jeff rey representaba para él una abominación, una especie que había sido elevada apenas unos cientos de años antes y que sin embargo se atrevía a contestar. La «arrogancia» de Jeff y su amistad con Culla contribuyeron a la furia de Bubbacub.

»Pero creo que odiaba lo que los chimpancés representan. Junto con los delfines, implican un estatus inmediato para la ruda y vulgar raza humana. Los pila tuvieron que luchar durante medio millón de años para llegar adonde están. Supongo que Bubbacub lamenta que lo tuviéramos «fácil».

»Y en cuanto a LaRoque, bueno, yo diría que no le caía bien a Bubbacub. Demasiado charlatán y avasallador, supongo…

LaRoque hizo una mueca.

—Y tal vez se sintió insultado cuando LaRoque sugirió que los soro pudieron haber sido nuestros tutores. La «capa superior» de la sociedad galáctica desprecia a las especies que abandonan a sus pupilos.

—Pero ésos son motivos personales —objetó Helene—. ¿No tiene nada mejor?

—Jacob —empezó a decir Fagin—. Por favor…

—Naturalmente que Bubbacub tenía otro motivo. Quería acabar con el proyecto Navegante Solar de un modo que pusiera en duda el concepto de investigación independiente e impulsara el estatus de la Biblioteca. Hizo parecer que él, un pil, fue capaz de establecer contacto donde los humanos no pudieron, e inventó una historia que dejaba fuera de funcionamiento al proyecto. Luego falsificó un informe de la Biblioteca para verificar sus tesis sobre los solarianos y asegurarse de que no hubiera más inmersiones.