Выбрать главу

– ¿Se te refrescan algunos recuerdos? -quiso saber Michal.

– En realidad, creo que sí.

– ¿Qué recuerdas?

– Bueno, nada en particular. Sólo que todo es vagamente conocido.

– ¿Sabes? He estado pensando -expresó Michal, suspirando-, podría haber algo bueno que resulte de tu pequeña aventura en el bosque negro. Se ha estado hablando de una expedición, una idea absurda a la que Tanis se ha aferrado de algún modo. El parece pensar que es hora de pelear contra los shataikis. Él siempre ha sido ingenioso, un narrador de historias. Pero esta última charla me tiene muriéndome de risa. Quizá podrías hablarle de eso.

– ¿Sabe Tanis siquiera cómo pelear?

– Como ningún otro hombre que conozco. Ha desarrollado un método muy espectacular. Más volteretas, patadas y saltos mortales de los que yo podría manejar. Se basa en ciertas leyendas de las historias. Tanis está fascinado con ellas… en particular con las narraciones de conquistas. Está decidido a eliminar a los shataikis.

– ¿Y por qué no debería hacerlo?

– Los shataikis quizá no sean grandes guerreros, pero pueden engañar. Su agua es muy tentadora. Te consta. Tal vez podrías hablarle al hombre para hacerlo entrar en razón.

Thomas asintió. De repente sintió deseos de conocer a este Tanis.

– Muy bien, quédate aquí -ordenó Michal, suspirando-. Debes esperar mi regreso. ¿Entiendes?

– Claro, pero…

– No. Sólo espera. Si ves que salen hacia la Concurrencia, puedes ir con ellos, pero si no, quédate aquí por favor.

– ¿Qué es la Concurrencia?

– Hacia el lago. No te preocupes; no puedes perdértela. La salida será exactamente antes del anochecer. ¿De acuerdo?

– De acuerdo.

Michal extendió las alas por primera vez en dos horas y ascendió. Tom 1° vio desaparecer a través del valle, y se sintió abandonado e inseguro.

Ahora observó que las viviendas debieron haber sido hechas de los árboles coloridos del bosque. Esta era su gente… un pensamiento extraño. Quizá no su propia gente, como papá, mamá, hermano y hermana, sino simplemente personas como él. Se hallaba perdido, pero después de todo tal vez no tan perdido.

¿Estaba allá abajo la mujer llamada Rachelle?

Se sentó con las piernas cruzadas, se recostó contra un árbol, y suspiró. Las casas eran pequeñas y curiosas… más como cabañas que como casas. Senderos de pasto las separaban unas de otras, dando al pueblo la apariencia de una rueda gigante con rayos que convergían en un enorme edificio circular en el centro. La estructura era al menos tres veces más alta y muchas veces más ancha que cualquiera de las otras moradas. Un lugar de reunión, quizá.

A su derecha, un amplio sendero salía de la aldea hacia el bosque, donde desaparecía. El lago.

Los pensamientos le revoloteaban en la mente. Se le ocurrió que Michal se había ido por bastante tiempo. Él debía esperar un éxodo de gente o a Michal, pero ni lo uno ni el otro venía rápido. Volvió a recostar la cabeza contra el árbol y cerró los ojos.

Muy extraño.

Muy cansado.

8

TOM ABRIÓ los ojos y supo de inmediato que había vuelto a ocurrir. Estaba tendido en el canapé beige en el apartamento de Denver, Colorado. Cubierto con un edredón teñido. Por una rendija en las cortinas a su izquierda entraba un rayo de luz. A su derecha, el respaldar del sofá, y más allá, la puerta cerrada. Por encima, el cielo raso. Textura como de cascara de naranja cubierta con pintura color hueso. Podrían ser nubes en el cielo, podrían ser mil mundos escondidos detrás de esas protuberancias. Tom se hallaba muy tranquilo y respirando profundamente. Estaba soñando.

Sí, por supuesto que soñaba. Esto no podría ser real porque ahora sabía la verdad del asunto. Se había golpeado la cabeza estando en el bosque negro. El golpe le había borrado los recuerdos y le producía estos extraños sueños donde creía de veras que estaba en la antigua Tierra, siendo perseguido por algunos hombres con malas intenciones, como lo había expresado Michal.

En este mismísimo instante se hallaba soñando las historias de la antigua Tierra. O la otra Tierra.

Tom se sentó. ¡Asombroso! Todo parecía muy real. Las yemas de los dedos sentían de verdad la textura del acolchado. Las máscaras de bailes de disfraces de Kara parecían tan reales que podían ser reales. Él respiraba, y Podía saborear su húmeda boca mañanera. Se hallaba participando en este sueño casi con tanto realismo como si estuviera despierto de veras, como al tocar los árboles del bosque colorido, o morder la dulce fruta que le diera Gabil. Este no era del todo tan real, pero sí muy convincente.

Al menos ahora sabía lo que estaba sucediendo. Y era consciente de por 1ue el sueño se sentía tan real. Qué viaje tan increíble.

Tom puso los pies en el suelo e hizo el edredón a un lado. Así que, ¿qué podría hacer él en su sueño que no pudiera hacer en la vida real? Estiró los dedos y los empuñó. ¿Podría flotar?

Se puso de pie. Como esperaba, sin dolor en la cabeza. Desde luego que no, este sólo era un sueño. Se impulsó con la parte delantera de los pies.

No flotó.

Bueno, no flotaba como en algunos de sus sueños, pero con seguridad había muchísimas cosas increíbles que podía hacer. No se podría lastimar, lastimar de verdad, en sus sueños, lo cual le daba algunas posibilidades interesantes.

Tom dio unos cuantos pasos y luego se detuvo. Curiosamente, caminar en sueños era muy parecido a caminar en la realidad, aunque comprendía la diferencia. Las piernas no se sentían reales del todo. Es más, si cerraba los ojos, lo cual hizo, no sentía realmente las piernas. Podía sentirlas, por supuesto, pero en lo que a él respecta podría ser aire en vez de carne y hueso lo que le conectaba las piernas a las caderas.

Sueño vivido. Increíble.

Anduvo alrededor de la sala, intimidado por lo muy real que sentía todo. No tan real como caminar con Michal y Gabil, desde luego, pero si no supiera que estaba en un sueño podría creer de veras que este cuarto existía. Asombra cómo funciona la mente.

Pasó la mano sobre un casuario negro esculpido que él había importado de Indonesia. Palpó cada protuberancia y cada muesca. Tal vez incluso, pensó Tom y se inclinó para oler la madera, sí, olía a humo, exactamente como lo había imaginado. Habían endurecido la madera quemándola. ¿Habría estado soñando el escultor cuando…?

– ¿Thomas?

Se preguntó si era Michal quien lo llamaba. El roush había vuelto del sitio adonde había volado e intentaba despertarlo. Tom no estaba seguro de querer que lo despertaran aún. Este sueño…

– Tom.

Ahora la voz sonó más aguda, más como la de Gabil.

– ¿Qué estás haciendo?

Tom dio media vuelta. Kara estaba junto al sofá, vestida en camisola dc flores azules y pantaloncitos cortos. El debería haberlo sabido. Aún estaba soñando.

– Hola, hermanita.

Ella en realidad no era su hermana, por supuesto, ya que no existía de veras. Bueno, sí existía en la realidad de este sueño, pero no en la verdadera realidad.

– ¿Estás bien?

– Seguro. Nunca he estado mejor. ¿No lo parezco hoy?

– De modo que… así que no estás alucinado por lo que pasó anoche, ¿no es cierto?

– ¿Anoche? -preguntó, andando de un lado a otro, cuestionándose si Michal lo despertaría en cualquier momento-. Ah, ¿te refieres a la persecución por los callejones, al tiro en la cabeza, y a la manera en que despaché a los tipos malos? En realidad, esto te podría venir como una conmoción, pero nada de eso sucedió de veras.

– ¿Qué quieres decir? ¿Lo inventaste todo? -cuestionó ella con una sombra de duda iluminándole el rostro.

– Bueno, no, en realidad no. Quiero decir, sucedió aquí. Pero esta no es la verdadera realidad. No es posible saltar hasta la luna, y cuando sueñas que caes pero en realidad no aterrizas, se debe a que realmente no estás cayendo. Esto no es real. Impresionante, ¿eh? -expresó, sonriendo al pronunciar esto último.