– ¿Qué estás haciendo, Thomas? -exigió saber Kara frenéticamente.
Él le guiñó discretamente un ojo y luego se volvió a golpear la cabeza contra el vidrio, esta vez con tanta fuerza como para que le doliera.
– ¡Perdón! -exclamó un hombre vestido de gris que apareció detrás de la recepcionista-. ¿Cuál parece ser el problema aquí?
– Él… él quiere ver a un asistente social -le informó ella.
– ¿Es usted el responsable aquí? -preguntó Tom, bajando las manos e irguiéndose.
– ¿A la orden?
– Perdóneme por esta payasada, pero estoy muy desesperado y un subalterno adecuado fue lo único que me vino a la mente -explicó Tom-. Es absolutamente crítico que hablemos de inmediato con alguien del departamento de enfermedades contagiosas.
El hombre miró el rostro rojo de Kathy.
– Tenemos procedimientos por una razón, Sr…
– Hunter. Thomas Hunter. Créame, usted estará muy interesado en lo que tengo que decir.
El hombre titubeó y luego pasó por una puerta en el Plexiglás.
– ¿Por qué no entra a mi oficina? -invitó, extendiendo la mano-. Mi nombre es Aaron Olsen. Perdone por favor nuestra demora. A veces aquí estamos agobiados de trabajo.
Tom estrechó la mano del hombre y lo siguió, acompañado por Kara.
– La próxima vez que vayas a deschavetarte, adviérteme, ¿de acuerdo? -susurró Kara.
– Lo siento.
Kara no pudo ocultar una sonrisa.
– ¿Qué pasa? -preguntó Tom.
Nada -contestó ella-. Te diré más tarde.
AARON OLSEN miró a Tom desde el otro lado de un enorme escritorio e madera de cerezo, los codos apoyados en la superficie, el rostro estoico e imposible de interpretar tras la detallada explicación de Tom acerca de los Pandos murciélagos blancos.
Tom se recostó y exhaló profundamente. Una placa sobre el escritorio e Aaron informaba que era el subdirector, y él explicó que su departamento era en realidad de enfermedades contagiosas. Y, aunque había empezado p0r explicar que la unidad de rápida respuesta de la Organización Mundial de la Salud era el departamento adecuado para contactar, había concordado en escucharles su historia, y lo hizo sin emoción. Finalmente estaban avanzando.
– Conque… -manifestó Aaron, y por primera vez se dibujó una leve sonrisa en sus labios.
– Sé que parece extraño -expresó Tom-. Pero usted debe considerar aquí los hechos.
– Lo hago, Sr. Hunter, y eso es lo que me preocupa. ¿Estoy perdiendo algo aquí, o usted me está diciendo de veras que esta información vino de un sueño?
– Usted afirma que eso parece absurdo -añadió Kara inclinándose hacia adelante; su tono defensivo era sorprendente-. ¿Oyó usted una palabra de lo que Tom le dijo? ¡Él sabe acerca de la vacuna Raison! Tom lo supo antes de que se hiciera pública.
– La vacuna Raison se ha promocionado en círculos privados por algunos meses ahora…
– No en los círculos privados de Tom.
– Está bien, Kara -terció Tom levantando una mano; ¿qué le había pasado a ella? De pronto se convirtió en su ardiente defensora; Tom enfrentó a Olsen-. Está bien, analicemos esto otra vez. ¿Qué exactamente le confunde a usted?
El hombre sonrió, incrédulo.
– Usted afirma que esto vino de un sueño…
– No exactamente -interrumpió Tom-. Vino de una realidad alterna. Pero olvidemos eso por un instante. A pesar de cómo lo sepa, tengo conocimiento específico de cosas que aún no han sucedido. Supe que una empresa francesa estaba a punto de anunciar una sustancia llamada Vacuna Raison antes de que fuera de conocimiento público. También sé que la vacuna Raison mutará bajo calor extremo y se volverá muy mortífera. Infectará la población del mundo en menos de tres semanas. Todo lo que le estamos pidiendo es que investigue. ¿Qué es tan complicado al respecto?
– Permítanme resumir aquí -expresó Olsen, mirando de Tom a Kara y otra vez a Tom-. Un hombre entra al edificio, empieza a pedir ayuda a gritos mientras se estrangula, y luego afirma que algunos murciélagos lo visitaron en un sueño y le dijeron que el mundo está a punto de acabar… en cuánto, ¿tres semanas?… y que una vacuna se recalienta y se convierte en un virus letal. ¿Es algo así?
– Tres semanas después el virus es liberado -clarificó Tom; Olsen le hizo caso omiso.
– ¿Está usted consciente de que el calor intenso mata cosas como virus, Sr Hunter? Al parecer su advertencia es defectuosa, sea cual sea la fuente.
– Quizá por eso Farmacéutica Raison desconoce el problema, suponiendo que así sea -volvió a salir Kara en defensa de su hermano-. Tal vez los medicamentos no se están probando bajo calor extremo.
– Usted es enfermera -contraatacó Olsen-. ¿Se está tragando todo este sueño absurdo?
– Como dijo Tom, no necesariamente es un sueño absurdo. Sólo verifíquelo, ¡por amor de Dios!
– ¿Cómo se supone que yo haga eso? ¿Envío un boletín que anuncia que murciélagos blancos peludos han hecho pública una advertencia respecto de la vacuna Raison? Clarísimo caso de difamación, ¿no cree usted?
– Explíqueme entonces cómo sé que Volador Feliz va a correr en el Derby de Kentucky -señaló Tom.
– Información pública -afirmó Olsen encogiéndose de hombros.
– Pero no era público que Volador Feliz iba a ganar -anunció Kara-. No hace ni dos horas que hice mi apuesta.
– ¿Qué apuesta? -exclamó Tom.
– ¿Ganó Volador Feliz? -inquirió Olsen, y miró su reloj-. Tiene razón, ya deben estar los resultados. ¿Está segura que ganó Volador Feliz? Era una apuesta arriesgada.
– ¿Le apostaste a Volador Feliz? -quiso saber Tom-. ¿Cuánto? Así es, Tom, le aposté. Y sí, ganó, apuesta arriesgada o no. Qué lata -exclamó Olsen moviendo la cabeza de lado a lado, y mirando por la ventana-. Le aposté mil dólares en el Circuito de Ganadores.
Usted está pasando por alto el punto -expresó Kara-. Tom supo 4ue Volador Feliz iba a ganar de parte de la misma fuente que le dio estos detalles acerca de la vacuna Raison.
¿Cuánto? -volvió a preguntar Tom.
13
CARLOS MISSIARIAN llegó al Aeropuerto Internacional de Bangkok ocho horas después de que Valborg Svensson le diera la orden de venir. El jet de la compañía le sirvió bien. Su mente recordó la conversación con el suizo.
– Nuestro hombre en los CDC recibió hoy un visitante nervioso que afirmó que las mutaciones de la vacuna Raison se conservaban unidas bajo calor prolongado y específico -había informado Svensson-. El visitante dijo que el resultado sería un virus letal de transmisión por vía aérea, con una incubación de tres semanas. Uno que podría infectar la población del mundo entero en menos de tres semanas.
– ¿Y cómo este visitante se topó con esta información?
– Un sueño -había contestado Svensson después de titubear por un momento-. Un sueño muy extraño.
Los zapatos de Carlos taconeaban en el piso de concreto. Quizá se habían topado con el virus, aunque era difícil imaginar que hubiera sido por este medio. Aspiró profundamente. Pronto llegaría el momento en que una profunda aspiración de aire traería muerte en vez de vida. Un virus inodoro transmitido vía aérea, en busca de anfitriones humanos. No una simple enfermedad como el ébola que necesitaba semanas para extenderse ¿e manera adecuada, sino un virus creado genéticamente que viajaría por la5 corrientes de aire del mundo e infectaría a toda la población del planeta-Una epidemia que podría envenenar este mismo aeropuerto en cuestión ¿e minutos, incubar en dos semanas, y luego matar dentro de veinticuatro horas de su primer síntoma.
No había defensa para tal virus. Excepto un antivirus.
Alquiló un Mercedes y se adentró en la ciudad. Monique de Raison debía dar un discurso en el Sheraton dentro de veinticuatro horas. El esperaría hasta entonces. Esto le daba bastante tiempo para prepararse. Para planear cualquier contingencia que pudiera crearle problemas a su principal curso de acción. Para estrechar todas las posibles vías de escape u obstáculos ¿ secuestro.