– Y es algo que hacemos porque en ese sentido somos como Elyon.
– ¿Estás diciendo que me quieres elegir?
– ¿Lo estoy?
– Y ahora estás tratando de ser astuto en eso al fingir que no lo estás – aseguró ella arqueando una ceja-. Pero en realidad estás desesperado por mi amor, y quieres que yo esté desesperada por tu amor.
Él sabía que ella tenía toda la razón. Fue la primera vez que pudo admitírselo ante sí mismo, pero al oírselo decir a Rachelle supo que estaba enamorado de esta mujer arrodillada a su lado en la orilla del lago. Se suponía que él la cortejara, pero era ella quien lo cortejaba.
Ella esperaba que él dijera algo.
– Sí -contestó.
– ¡Ven! -exclamó Rachelle poniéndose de pie.
– ¿Qué debemos hacer? -preguntó él levantándose y sacudiéndose la arena.
– Debemos caminar por el bosque -respondió ella con un pícaro brillo en los ojos-. Te ayudaré a recordar.
– ¿A recordar el bosque?
– Yo estaba pensando en otras ideas -enunció ella empezando a subir la ladera-. Pero eso también sería agradable. Rachelle se volvió y se detuvo.
– ¿Qué es eso?
Él le siguió la mirada y lo vio claramente. Una gran sombra roja manchaba la arena blanca donde él había dormido. Sangre.
Parpadeó. ¿Su sueño? La pelea en el hotel le centelleó en la mente.
No, no podía ser. Sólo fue un sueño. No tenía heridas.
– No sé -contestó él-. Nadé en algunas aguas rojas en el lago, ¿se podría deber a eso?
– Nunca sabes lo que ocurrirá con Elyon -afirmó ella-. Sólo que será maravilloso. Ven.
Salieron del lago. Pero la mancha roja sobre la arena perduró en la mente de Tom. Había la posibilidad, aunque remota, de que él fuera diferente a Rachelle. Que él realmente no fuera de aquí. Que ella estuviera enamorada de alguien que no era lo que parecía.
Que Teeleh tuviera razón.
Una hora después el pensamiento se había ido.
Ellos caminaron y rieron, y Rachelle jugueteó con la mente de él en amorosas maneras que sólo fortalecieron la resolución de ganarla. Muy lentamente empezaron a hacer de lado las payasadas y a abarcar algo más profundo.
Ella le mostró tres nuevos movimientos de combate que Tanis le había enseñado, dos aéreos y uno en posición boca abajo, en caso de caer durante una pelea, le informó ella. El los ejercitó todos, pero no con la misma precisión que ella demostraba. Una vez Rachelle debió agarrarlo cuando él perdió el equilibrio y se fue de bruces contra ella.
Ella lo había rescatado. A él le resultó muy encantador.
Tom le regresó al instante el favor venciendo a cien imaginarios shataikis, levantándola del suelo en el proceso. A diferencia de Tanis y Palus, él no cayó. Fue una pequeña proeza, y él empezó a sentirse bien consigo mismo.
Rachelle se le puso a su lado, con las manos agarradas en la espalda, absorta en sus pensamientos.
– Háblame más de tus sueños -le pidió sin mirarlo.
– No son nada. Tonterías.
– ¿Ah? Eso no es lo que piensa Tanis. Quiero saber más. ¿Cuán reales son?
¿Estaba Tanis hablando de sus sueños? Lo último que Tom deseaba hacer en la Tierra ahora mismo era analizar sus sueños. En particular con ¡Rachelle- Pero no podía mentirle muy bien.
– Parecen bastante reales. Pero se trata de las historias. Una realidad totalmente distinta.
– Sí, así lo has expresado. ¿De modo que estás viviendo realmente en las historias?
– ¿Cuándo sueño? Sí.
– ¿Y qué crees de este lugar? -inquirió ella, señalando los árboles-. En tus sueños.
Esa era la peor pregunta que a ella se le pudo ocurrir.
– En realidad, cuando estoy soñando es como si estuviera allá, no aquí.
– Pero cuando estás allí, ¿recuerdas este lugar?
– Seguro. Es… es como un sueño.
– Por tanto, ¿soy como un sueño? -preguntó ella asintiendo.
– No eres un sueño -respondió Tom sintiéndose perdido-. Estás caminando exactamente a mi lado, y te he elegido.
– No estoy segura de que me gusten estos sueños tuyos.
– A mí tampoco.
– ¿Tienes padre y madre en esos sueños?
– Sí.
– ¿Tienes una vida completa, con recuerdos, pasiones y todo lo que nos hace humanos?
Esto definitivamente no era bueno.
– ¿Qué estás haciendo en tus sueños? -averiguó ella deteniéndose en el sendero al ver que él no contestaba.
Tenía que contárselo en algún momento. Ahora ella había forzado el asunto.
– ¿Quieres saberlo realmente?
– Sí. Quiero saber todo.
Tom anduvo de un lado a otro, pensando en la mejor manera de decirlo para que ella pudiera entender.
– Estoy viviendo en las historias, antes del Gran Engaño, tratando de detener una variedad Raison. Créeme Rachelle, es algo horrible. ¡Es muy real! 0fno si realmente estuviera allá, ¡y como si todo esto aquí fuera un sueño!
– Sé que no es así, desde luego, pero cuando estoy allá, también sé que eso es real.
¿Era esta una buena manera de decirlo? De algún modo él dudaba que lo fuera.
Tom continuó antes de que ella pudiera hacer otra pregunta. Lo mejor sería que controlara la dirección de su confesión.
– Y sí, tengo una historia completa en mis sueños. Recuerdos, una familia, las características totales de una vida real.
– Eso es absurdo -cuestionó ella-. Has creado un mundo de fantasía con tanto detalle como el real. Incluso más porque en tus sueños no has perdido tus recuerdos. Tienes tu propia historia allá, pero aquí no. ¿Es así?
– ¡Exactamente!
– ¡Es ridículo!
– Apenas puedo soportarlo. Es exasperante. Exactamente antes de que me despertaras en el lago me hallaba peleando con un hombre que trataba de matarme. ¡Creo que me mató! Tres disparos al cuerpo con una pistola – narró Tom tanteándose el pecho.
– ¿De veras? ¿Una pistola? Alguna clase de arma irreal, supongo. ¿Por qué peleabas con este hombre?
– El intentaba capturar a Monique -contestó él sin pensar.
– ¿Monique? ¿Una mujer?
– ¡Una mujer que no significa nada para mí! -exclamó él, y pensó que eso no era del todo honesto-. No en una manera romántica.
– ¿Estás enamorado de otra mujer en tus sueños?
– Por supuesto que no. En absoluto. Su nombre es Monique de Raison, y ella podría ser la clave para detener la variedad Raison. Estoy ayudándola porque tal vez ella me ayude a salvar al mundo, no porque sea hermosa. Simplemente no puedo desentenderme de ella porque no quieras que sueñe con ella.
Demasiada información.
Él estaba seguro que vio un centelleo en los ojos de Rachelle. Los celos eran obviamente un sentimiento que fluía de las venas de Elyon.
– Hablas como si tus sueños fueran más importantes que la realidad-¿Dudas que algo de esto sea real? -cuestionó ella, extendiendo la mano para volver a señalar el bosque-. ¿Que yo sea real? ¿Que nuestro romance sea real?
– No. Sólo cuando estoy soñando.
Él debía detenerse antes de perderla por completo.
Rachelle lo miró por un tiempo prolongado. Él decidió mantener la boca cerrada. Esto no le estaba favoreciendo. Ella cruzó los brazos y miró hacia otra parte.
– No me gustan esos sueños tuyos, Thomas Hunter. En realidad quisiera que dejaras de tenerlos.
– Estoy seguro de que pararán. A mí tampoco me gustan.
– Tú estás aquí. Conmigo. Te vi dormir en las orillas del lago hace sólo una hora. Créeme cuando te digo que no estabas peleando con un tipo, y que no te mataron. ¡Tu cuerpo estaba aquí! Si te hubiera pellizcado, habrías despertado.
– Así es. Y no había Monique. Sé que es sólo un sueño. Estoy aquí. Contigo.