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– He estado teniendo algunos sueños. Caí en el bosque negro y perdí mi memoria, y desde entonces he estado soñando con las historias.

– Lo sé.

– ¿De veras?

– Las noticias vuelan.

– ¿Puedes decirme por qué estoy teniendo esos sueños? Sinceramente, creo que esto parece ridículo, pero a veces me pregunto si mis sueños son realmente reales. O si este es un sueño. Me sería útil saber con seguridad qué realidad es verdadera.

– Quizá te podría ayudar con una pregunta. ¿Es el Creador un cordero 0 un león?

– No entiendo.

– Algunos dirían que el Creador es un cordero. Otros dirían que es un 'eón. Otros más dirían que es ambos. La realidad es que no es cordero ni león- Estas son ficciones. Metáforas. Sin embargo, el Creador es tanto corro como león. Las dos son verdades. Sí, puedo ver eso. Metáforas.

– No cambian al Creador -continuó el muchacho-. Sólo cambia la utrera que pensamos de él. Como yo. ¿Soy un niño?

Tom sintió la manita del muchacho, y empezó a conmoverse porque supo lo que el muchacho estaba diciendo. No podía hablar.

– Un niño, un león, un cordero. Deberías verme pelear. No verías a un niño, un león o un cordero.

Pasaron cinco minutos sin que pronunciaran otra palabra. Sólo caminaban, un hombre y un niño, tomados de la mano. Pero no era eso. Para nada Entonces Tom recordó su pregunta acerca de los sueños.

– ¿Qué hay con mis sueños?

– Tal vez ocurre lo mismo con tus sueños.

– ¿Son reales los dos?

– Tendrás que descubrirlo.

Siguieron caminando. Podría haber sido una nube, no arena, sobre lo que caminaban, y Thomas no estaba seguro de la diferencia. La mente le daba vueltas. Su mano estaba al lado del niño, moviéndose mientras caminaba. En ella estaba la mano del niño. Un temblor se le había producido en los dedos, pero el muchacho no demostró que lo notara.

Claramente lo notó.

– ¿Qué hay con el bosque negro? -investigó Tom-. He estado allí. Pude haber tomado del agua. ¿Es por eso que estoy soñando con las historias?

– Si hubieras preferido el agua de Teeleh, todo el mundo lo sabría. Sí, eso tenía sentido.

– Quizá entonces me podrías decir algo más. ¿Cómo es que Elyon puede permitir que exista maldad en el bosque negro? ¿Por qué sencillamente no destruir a los shataikis?

– Porque el mal proporciona una alternativa a su creación -informo el niño como si la idea fuera realmente sencilla-. Y porque sin él no podría haber amor.

– ¿Amor? -se sorprendió Tom, deteniéndose.

La mano del niño se deslizó de la suya. Se volvió, con una ceja arqueada-¿Depende el amor del mal? -preguntó Tom.

– ¿Dije eso? -cuestionó el muchacho con un destello pícaro en los ojos-. ¿Cómo puede haber amor sin una verdadera alternativa? ¿Sugerir'*5 que se despojara al hombre de su capacidad de amar?

Este era el Gran Romance. Amar a cualquier precio.

– ¿Sabes lo que pasaría si alguien escogiera el agua de Teeleh en vez de de Elyon? -desafió el niño después de volverse hacia el mar y mirar fijamente.

– Michal dijo que los shataikis serían liberados. Que eso traería muerte.

– Muerte. Más que muerte. Una muerte viva. Teeleh poseería a los seres humanos; este es el acuerdo. Sus mentes y sus corazones. El olor de la muerte en ellos sería intolerable para Elyon. Y su celo haría pagar un terrible precio -advirtió el muchacho, mientras sus ojos verdes centelleaban como si detrás de ellos se hubieran prendido luces intermitentes-. La injusticia estará contra Elyon, y lo único que lo satisfaría sería sangre. Más sangre de la que te puedes imaginar.

Lo dijo de manera tan clara que Tom se preguntó si se había expresado con insuficiente claridad. Pero el muchacho no era de los que hablaban con poca exactitud.

– Si llegan a ser de Teeleh, ¿existe una manera de recuperarlos? -quiso saber Tom.

No hubo respuesta.

– De todos modos, no me puedo imaginar a alguien cambiando este lugar o saliendo de él -comentó Tom.

– No tienes que salir, ¿sabes?

– Excepto cuando sueño.

– Entonces no sueñes -dijo el niño.

De repente la idea le pareció una solución sencilla. Si dejaba de soñar, ¡Bangkok ya no existiría!

– ¿Puedo hacer eso?

– Podrías -respondió el niño-. Hay una fruta que podrías comer que detendría tus sueños.

– ¿Así de simple, no más historias?

– Sí. Pero la pregunta es: ¿Lo quieres realmente? Tienes que decidir. La decisión es tuya. Siempre tendrás esa alternativa. Lo prometo.

Era temprano en la mañana cuando finalmente el muchacho llevó otra Vez a acantilado a Tom, quien, después de un fuerte abrazo, descendió por árbol rojo, regresó a la aldea, y en silencio se metió en la cama en casa de Palus.

Podría estar equivocado, pero tenía la seguridad de oír el sonido de la voz de un niño cantando mientras iba rumbo a su sueño.

23

THOMAS.

Una dulce voz. Pronunciando su nombre. Como miel. Thomas.

– Thomas, despierta.

Una voz de mujer. Le acariciaba la mejilla. Él estaba despertando, pero sin seguridad de que ya hubiera despertado de veras. La mano en su mejilla podría ser parte de un sueño. Por un momento dejó que fuera un sueño.

Saboreó ese sueño. Esta era la mano de Rachelle en su mejilla. La obstinada mujer que se le aparecía con sus movimientos de lucha.

– ¿Thomas?

Sus ojos se abrieron bruscamente. Kara. Él se sobresaltó y se enderezó.

– Thomas, ¿estás bien? -preguntó Kara, pálida, mirando fijamente la cama-. ¿Qué es esto?

Pero la mirada de Tom estaba fija en el aire acondicionado donde habían cortado las cuerdas de sábanas blancas y habían liberado a Monique. Ella había desaparecido.

– ¡Thomas! ¡Háblame!

– ¿Qué? -exclamó él, mirándola-. ¿Qué es…?

Las sábanas estaban mojadas. Empapadas de rojo. ¿Sangre?

Tom se levantó rápidamente de la cama. Había estado acostado en sábanas empapadas en su sangre. Se agarró el pecho y el estómago mientras pasaban por su mente visiones del atacante disparándole. Dos disparos silenciados. ¡Plas! ¡Plas!

Sí, había eso, pero, más importante, había el lago y el muchacho-Levantó la mirada hacia Kara.

– Dios es real -expresó.

– ¿Qué?

– Dios. Él es… vaya.

Su cabeza giró con el recuerdo del lago. Pudo sentir que una entusiasta 0nrisa e rentaba e' rostro, pero su mente todavía no estaba obrando en cooperación total con todos sus músculos.

– Bueno, al menos soñé que él es real -informó-. No sólo real, existe corno algo emocionante, pero… real, tanto que puedes hablar con él. Quiero decir, quizá tocarlo.

– Muy agradable -terció ella-. ¡Mientras tanto, aquí, donde yo vivo, estamos parados al lado de una cama cubierta con tu sangre!

– Me dispararon -declaró él.

– ¿Estás seguro? -cuestionó ella, mirándolo incrédula-. ¿Dónde?

– Exactamente aquí. Y aquí -le mostró él; pecho y estómago-. Juro que fui baleado. Alguien irrumpió aquí, peleamos, me disparó. Y luego se debió haber llevado a Monique.

– Te llamé. ¿Fue antes o después?

– Llamaste antes. Él estaba aquí en ese momento -anunció; de pronto Bangkok tenía más sentido que el lago-. En realidad, creo que tu llamada lo puso nervioso. El punto es…

– Sí. ¿Cuál es el punto?

– El punto es, ¿qué?

– No estoy muerto.

Kara le miró el estómago. Luego los ojos.

– No entiendo. ¿Estás insinuando que fuiste sanado en tus sueños?