Выбрать главу

– ¿Aquí?

– A menos que prefieras en la plaza de la aldea.

Tom miró alrededor. Se hallaban en una pequeña pradera. Los pájaros trinaban. Un león blanco los observaba ociosamente desde donde estaba tendido junto a un elevado árbol azul topacio.

– Está bien.

Tom dio dos pasos largos, se lanzó al aire, giró, y rodó haciendo un salt0 mortal. Aterrizó de pie y se volvió hacia un oponente imaginario. Asombroso lo fácil que lo sintió.

– ¡Bravo! Extraordinario. A ese lo llamo reversa, porque tu oponente no verá tu talón viniendo sobre la voltereta. Dejaría mareado a un murciélago negro. Aquí, rompe tu túnica sobre el muslo para darte más libertad de movimiento.

Tom lo hizo así. Los pantalones de cuero que a menudo usaban no presentarían este reto, pero las túnicas podrían ser restrictivas en las patadas voladoras.

– Muy bien. Muéstrame el otro.

Tom le mostró cinco movimientos más.

– Ahora -desafió Tanis, dando un paso adelante-. ¡Golpéame!

– ¡No te puedo golpear! ¿Por qué querría golpearte?

– Entrenamiento, mi aprendiz. Defensa. Fingiré que eres un murciélago. Eres más grande que un murciélago, desde luego, así que fingiré que eres tres murciélagos, cada uno parado en los hombros del otro. Ahora, vienes hacia mí e intentas golpearme, y te mostraré cómo protegerte tú mismo.

– Sparring.

– ¿Qué?

– Se le llama sparring o contrincante de entrenamiento en las historias.

– ¡Sparring! ¡Me gusta! Entrenemos un poco.

Entrenaron por bastante tiempo, unas dos horas al menos. Era la primera vez que Thomas había estado expuesto a toda la amplitud del método de pelea desarrollado por Tanis, y esto hizo sentir a las artes marciales de sus sueños muy simples en comparación.

Cierto, aquí eran más fáciles todas las maniobras aéreas, supuestamente en parte debido a la atmósfera. Pero Tom sospechaba que también eran más fáciles debido al método mismo. El combate cuerpo a cuerpo era mucho más acerca de la mente que de fuerza, y Tanis tenía lo uno y lo otro en abundancia. Thomas no pudo ni una vez asestarle un golpe, aunque se acercaba más en cada intento.

Asombrosamente la resistencia parecía casi inagotable. Aumentaban sus fuerzas con el día. Recuperándose de su caída en el bosque negro.

– Suficiente -indicó finalmente Thomas.

.-Suficiente por hoy -concordó Tanis con un dedo levantado-. Pero estás mejorando con impresionante velocidad. Estoy orgulloso de llamarte mi aprendiz. Ahora…

Él puso la mano en el hombro de Tom y lo hizo girar hacia el bosque.

.-…debemos hablar.

Las historias. El hombre era incorregible.

– Dime, ¿qué clase de arma crees que funcionaría contra los shataikis?

– Tanis, ¿te has enfrentado alguna vez a los shataikis? ¿Te has parado alguna vez en la orilla del río a observarlos?

– Sí, los he visto desde una distancia. Murciélagos negros con garras que parecen que podrían hacer saltar rápidamente una cabeza.

– Sin embargo, ¿por qué no te has acercado más, si sabes que ellos no pueden cruzar el puente para hacerte daño?

– ¿Dónde está la sabiduría en eso? Son bestias astutas; sin duda lo has visto. Yo creería que hasta hablar con ellos podría resultar mortal. Ellos emplearían toda clase de confabulación para hacerte beber su agua con engaños. Sinceramente, me quedo atónito de que hayas sobrevivido.

– Si sabes todo esto, ¿por qué te mantienes tan firme en hacer una expedición? ¡Sería un suicidio!

– Bueno, ¡no les hablaría! ¡Y tú sobreviviste! Además, conoces muchas cosas que podrían alterar el equilibrio del poder. Antes de que vinieras a nosotros, yo quizá ni consideraría seriamente en atacarlos, aunque escribí muchas historias al respecto. Con tu conocimiento, Thomas, podemos derrotar a las sabandijas, ¡lo sé!

– ¡No! ¡No podemos! Ellos pelean contra el corazón, ¡no contra míseras espadas!

– ¿Crees que no lo sé? Pero dime, ¿no es cierto que en las historias había un aparato que podría arrasar con todo el bosque negro en un momento?

Una bomba nuclear. Por supuesto, cualquier uso de un arma nuclear registraría un hito en las historias.

– Sí. Se le llamó bomba nuclear. ¿Sabes cuándo se usó un artefacto como ese en las historias?

– No específicamente -contestó Tanis-. Varias veces, si recuerdo. Pero principalmente después del Gran Engaño. En el tiempo de la tribulación.

¿Estás diciendo que incluso ni con tal artefacto podríamos destruir a l0s shataikis?

Tom consideró esto. Miró hacia el oriente donde esperaba el bosque negro en tinieblas. ¿Qué había dicho Michal? La diferencia principal entre esta realidad y las historias era que aquí todo hallaba una expresión inmediata en la realidad física. Prácticamente se podía tocar a Elyon entrando a su agua. Se podía ver el mal en los shataikis. Por tanto, tal vez Tanis estuviera tras algo. Quizá el mal se podría eliminar con las armas adecuadas.

Tom negó con la cabeza. Parecía una equivocación. Todo un error.

– No estoy sugiriendo esa bomba nuclear -continuó Tanis-. Pero estoy planteando algo. ¿Qué hay con una pistola, como tú la llamas? ¿No podríamos derrotarlos en el río con suficientes pistolas?

Una pistola. Thomas se encogió de hombros.

– Una pistola es sólo un pequeño artefacto. Vienen en tamaños más grandes pero… esto es ridículo. Aunque pudiera imaginar cómo fabricar una pistola, no la haría.

– Pero podrías, ¿verdad?

Es posible. Él no podía traer una pistola aquí, desde luego. Nada físico lo había seguido alguna vez en sus sueños. Pero el conocimiento…

– Tal vez.

– Entonces piensa en eso. Debo concordar en que podría ser una idea inútil. Pero arrasar a muchas de esas bestias es un pensamiento que vale la pena saborear. Tengo algo más que debes ver, Thomas. Ven.

Llevó a Tom al bosque, no se desanimaba ni en lo más mínimo por el rechazo de Tom a sus ideas.

– ¿Ahora? ¿Dónde?

– Exactamente aquí por el río que viene del lago. Tengo un invento que debes ayudarnos a probar.

Tanis se dirigió al bosque, y Tom se apresuró a alcanzarlo.

– ¿Quién más está involucrado? -preguntó Thomas.

– Johan. Él es mi primer recluta. Hemos hecho algo que valoraría un alma aventurera como tú. Rápido. Él se nos unirá allá -informó Tanis comenzando a correr.

***

FUERON A parar a la orilla de un río ligeramente más pequeño que el del bosque negro. Johan se hallaba sobre un enorme tronco amarillo que habían grabado. De un salto se puso en pie y corrió hacia Thomas.

– ¡Thomas! Primero volamos y ahora flotamos -exclamó, abrazando a Tom-. ¿Viste la vara que hizo Tanis? ¿Dónde está la vara, Tanis?

– La tiré dentro del bosque -contestó el mayor-. Thomas aseguró que era una idea terrible, y estuve de acuerdo. No funcionaría.

– ¿Cómo entonces haremos…?

– ¡Exactamente! -exclamó Tanis, levantando un dedo-. ¡No lo haremos!

– ¿No flotaremos nuestro enorme tronco río abajo para atacar a los shataikis?

– ¿Es eso lo que estaban planeando? -quiso saber Tom.

Miró el árbol y vio que le habían ahuecado la mitad. Él había soñado con una de estas. Era una canoa.

– Se trataba de una idea -informó Tanis-. Lo hablamos ayer y le dimos forma a este tronco para que pudiera flotar, pero aseguraste que la espada era una mala idea. No me digas que quieres que cree otra, porque ahora estoy teniendo mis dudas al respecto. A menos que podamos enviar una bomba río abajo en este tronco.

Los dos miraron a Tom con ojos verdes bien abiertos. Inocentes hasta la médula. Pero aún llenos de deseos. Deseo de crear, deseo de fantasear, de comer, de beber, de nadar en el lago de Elyon.

Sin duda la tensión entre satisfacción y deseo era extraña. La insatisfacción también lleva a lo bueno además de lo malo.

– ¿Quieres meter esta canoa al agua? -inquirió, mirando a Johan.

– Sí -contesto Johan levantando la mirada.

– ¿Y serías infeliz si no lo intentáramos?

– ¿Infeliz? -exclamó Johan con la mirada en blanco.

– ¿De qué estás hablando, amigo? -preguntó Tanis en voz alta-. Aquí estás hablando en clave. ¿Es este un juego de inteligencia?

El parecía sorprendido con la idea.

– No, no es juego. Sólo mi memoria. Una manera de ayudar a recordar cómo son las cosas. Existe felicidad, por tanto debe haber infelicidad. Hay bondad, por tanto debe haber maldad. Simplemente le preguntaba a Johan si le haría infeliz no meter la canoa en el agua.

– Sí, existe maldad, y la tratamos regularmente. Y puesto que hay felicidad, también debe haber «felicidad. Capto lo que dices. Siento ira de |0s murciélagos, desde luego, ¿pero infelicidad? Me tienes confundido, Thomas Hunter. Ayúdame.

Tom pensó que ellos sentían deseo sin insatisfacción. Lo mejor de l0s dos mundos.

El, por otra parte, sentía decepción. O al menos «satisfacción. Quizá por haber estado en el bosque negro. No había tomado ni una gota del agua, pero había estado allí, y su mente se había afectado de alguna manera.

Era eso, o él no era en absoluto de este lugar. Había venido en una nave espacial.

– Sólo una historia, Tanis -expresó Tom-. Sólo una idea.

Tanis intercambió una mirada con el niño. Luego retrocedió. Una idea.

– Bien entonces, ¿debemos intentarlo?

Johan empezó a saltar en expectativa. El invento era un gran acontecimiento. Thomas pasó la mano a lo largo de la canoa.

– ¿Cómo la dirigirán?

– Con la espada -respondió Tanis-. Pero creo cualquier buena vara lo haría.

– ¿Y cómo derribaron el árbol?

– Como siempre hacemos. Con nuestras manos.

– Está bien, intentémoslo.

Ataron una enredadera alrededor de la proa y luego a un árbol en la orilla. Tom se apuntaló.

– ¿Están listos?

– ¡Listos! -gritaron los dos al unísono.

Halaron juntos y vieron la resplandeciente canoa amarilla deslizarse en el agua que corría.

– ¡Funciona! -exclamó Tanis.

Pero casi tan pronto como lo dijo, la canoa comenzó a hundirse. A los pocos segundos había desaparecido bajo las burbujeantes aguas verdes.

– Es demasiado pesada -declaró Tom frunciendo el ceño. Tanis y Johan miraban las burbujas que aún subían a la superficie.

– Se hunde otra historia -expresó Tanis.

Johan encontró esto tan divertido que cayó primero de rodillas y luego ¿e espaldas en ataques descontrolados de risa. Tanis se le unió pronto, y rápidamente convirtieron los ataques de risa en una clase de juego: Quién reía por más tiempo sin respirar. Tom lo intentó, a instancias de ellos, y participó en gran manera.

– Bien, ahora -anunció finalmente Tanis-, ¿qué opinan si lo intentemos de nuevo mañana?

– Yo podría averiguar algo más -comentó Tom-. De todos modos no creo que flotar hasta el bosque negro sea una gran idea.

– Tal vez tengas razón.

– ¿Tanis?

– Sí, dime.

– Rachelle me habló de una fruta que te hace dormir tan profundamente que no recuerdas tus sueños.

– Tan profundo que ni siquiera sueñas -corrigió él-. ¿Te gustaría que te encuentre algunas?

– No. No, debo soñar. Pero ¿hay también una fruta que sólo te haga dormir?

– ¿Y aún soñar?

– Sí.

– ¡Por supuesto!

– ¡La nanka! -gritó Johan-. ¿Quieres un poco? Una idea asombrosa. Poder entrar a sus sueños a voluntad. O desconectarse de ellos al no soñar.

– Sí. Sí, me gustaría. Quizá una de cada una.