Выбрать главу

Los dos miraron a Tom con ojos verdes bien abiertos. Inocentes hasta la médula. Pero aún llenos de deseos. Deseo de crear, deseo de fantasear, de comer, de beber, de nadar en el lago de Elyon.

Sin duda la tensión entre satisfacción y deseo era extraña. La insatisfacción también lleva a lo bueno además de lo malo.

– ¿Quieres meter esta canoa al agua? -inquirió, mirando a Johan.

– Sí -contesto Johan levantando la mirada.

– ¿Y serías infeliz si no lo intentáramos?

– ¿Infeliz? -exclamó Johan con la mirada en blanco.

– ¿De qué estás hablando, amigo? -preguntó Tanis en voz alta-. Aquí estás hablando en clave. ¿Es este un juego de inteligencia?

El parecía sorprendido con la idea.

– No, no es juego. Sólo mi memoria. Una manera de ayudar a recordar cómo son las cosas. Existe felicidad, por tanto debe haber infelicidad. Hay bondad, por tanto debe haber maldad. Simplemente le preguntaba a Johan si le haría infeliz no meter la canoa en el agua.

– Sí, existe maldad, y la tratamos regularmente. Y puesto que hay felicidad, también debe haber «felicidad. Capto lo que dices. Siento ira de |0s murciélagos, desde luego, ¿pero infelicidad? Me tienes confundido, Thomas Hunter. Ayúdame.

Tom pensó que ellos sentían deseo sin insatisfacción. Lo mejor de l0s dos mundos.

El, por otra parte, sentía decepción. O al menos «satisfacción. Quizá por haber estado en el bosque negro. No había tomado ni una gota del agua, pero había estado allí, y su mente se había afectado de alguna manera.

Era eso, o él no era en absoluto de este lugar. Había venido en una nave espacial.

– Sólo una historia, Tanis -expresó Tom-. Sólo una idea.

Tanis intercambió una mirada con el niño. Luego retrocedió. Una idea.

– Bien entonces, ¿debemos intentarlo?

Johan empezó a saltar en expectativa. El invento era un gran acontecimiento. Thomas pasó la mano a lo largo de la canoa.

– ¿Cómo la dirigirán?

– Con la espada -respondió Tanis-. Pero creo cualquier buena vara lo haría.

– ¿Y cómo derribaron el árbol?

– Como siempre hacemos. Con nuestras manos.

– Está bien, intentémoslo.

Ataron una enredadera alrededor de la proa y luego a un árbol en la orilla. Tom se apuntaló.

– ¿Están listos?

– ¡Listos! -gritaron los dos al unísono.

Halaron juntos y vieron la resplandeciente canoa amarilla deslizarse en el agua que corría.

– ¡Funciona! -exclamó Tanis.

Pero casi tan pronto como lo dijo, la canoa comenzó a hundirse. A los pocos segundos había desaparecido bajo las burbujeantes aguas verdes.

– Es demasiado pesada -declaró Tom frunciendo el ceño. Tanis y Johan miraban las burbujas que aún subían a la superficie.

– Se hunde otra historia -expresó Tanis.

Johan encontró esto tan divertido que cayó primero de rodillas y luego ¿e espaldas en ataques descontrolados de risa. Tanis se le unió pronto, y rápidamente convirtieron los ataques de risa en una clase de juego: Quién reía por más tiempo sin respirar. Tom lo intentó, a instancias de ellos, y participó en gran manera.

– Bien, ahora -anunció finalmente Tanis-, ¿qué opinan si lo intentemos de nuevo mañana?

– Yo podría averiguar algo más -comentó Tom-. De todos modos no creo que flotar hasta el bosque negro sea una gran idea.

– Tal vez tengas razón.

– ¿Tanis?

– Sí, dime.

– Rachelle me habló de una fruta que te hace dormir tan profundamente que no recuerdas tus sueños.

– Tan profundo que ni siquiera sueñas -corrigió él-. ¿Te gustaría que te encuentre algunas?

– No. No, debo soñar. Pero ¿hay también una fruta que sólo te haga dormir?

– ¿Y aún soñar?

– Sí.

– ¡Por supuesto!

– ¡La nanka! -gritó Johan-. ¿Quieres un poco? Una idea asombrosa. Poder entrar a sus sueños a voluntad. O desconectarse de ellos al no soñar.

– Sí. Sí, me gustaría. Quizá una de cada una.

26

– ¿QUÉ? -EXCLAMÓ Tom sentándose en el sofá.

– Lo siento, dijiste cinco horas, pero me quedé dormida- informó Kara-. Han sido ocho.

– ¿Qué hora es?

– Casi mediodía. ¿Qué pasa? Te ves como si hubieras visto un fantasma. La cabeza le daba vueltas.

– ¿Soy un fantasma?

– Averiguaste algo, ¿verdad? -interrogó Kara, haciendo caso omiso de la pregunta de él-. ¿Qué?

– Creo que puedo desconectarme de mis sueños -enunció deslizándose del sofá y poniéndose de pie.

– ¿Por completo?

– Sí. Por completo. No aquí. Allá. Puedo dejar de soñar en esto.

– ¿Y qué bien te haría eso? Esto es muy importante.

– También es una distracción importante para mí. Estoy tratando de recordar mi vida, y en vez de eso me la paso topándome con esto.

– ¿Así que simplemente duermes, despiertas y no vuelves a soñar nada de esto? ¿Sólo… desaparecerías?

– Sí, creo que lo haría.

– Bueno, ni te atrevas a desconectarte de tus sueños, Thomas. No sabes qué pasaría. ¿De qué más te enteraste?

El resto de su sueño le vino en una descarga de imágenes que termina' ron con Rachelle diciéndole dónde le gustaría ser rescatada.

– ¡Eso es! -exclamó él, volviéndose a ella, con ojos desorbitados.

– ¿Qué pasa?

– Es un mapa. ¿Está despierto Raison? -anunció Tom corriendo hacia la puerta-. ¡Un mapa, Kara! Debemos encontrar un mapa..-¿Qué está pasando? -exigió saber ella.

– Creo que ella me dijo dónde encontrar a Monique. ¿Está Jacques despierto?

– Sí -contestó Kara corriendo tras él por la puerta; lo siguió directo hasta la oficina-. ¿Quién te lo dijo?.-¡Rachelle!

– ¿Cómo lo sabría Rachelle?

– No sé. Solamente lo inventó. Tal vez ni lo sabe -manifestó él, pasando a la carrera a un asombrado guardia y abriendo la puerta de un golpe.

El anciano se hallaba en su escritorio, círculos negros se destacaban debajo de sus ojos. Hablaba urgentemente al teléfono.

– ¡Creo que yo podría lograrlo! -gritó Tom.

– ¿Sabe usted dónde está Monique? -inquirió Raison depositando el auricular en su base.

– Tal vez. Sí, creo que tal vez lo sé. Necesito un mapa y alguien que conozca esta región.

– ¿Cómo podría usted saberlo?

– Rachelle me lo dijo. En mis sueños.

– Eso es muy alentador -cuestionó el hombre con el rostro decaído notablemente.

– Bueno, debería serlo. Que yo sepa, \usted es la pesadilla! -discutió Tom sintiendo que se le acababa la paciencia, luego pinchó con el dedo a Jacques-. ¿Ha considerado eso en algún momento? No sea tan… engreído.

Anoche había estado mejor con la diplomacia.

– Ahora estoy en una pesadilla -contestó Raison-. Muy, muy animador. Sr. Hunter, si usted cree que lo dejaré…

– No creo que usted hará nada. Excepto ayudarme a encontrar a su 'Ja- ¿Qué tal si tengo razón?

– Otra vez los «qué tal si».

– ¡Sé dónde está Monique! -le gritó.

– Yo lo escucharía, Sr. Raison -terció Kara, adelantándose-. Aún no creo que él se haya equivocado.

– Por supuesto, habla la hermanita mayor. Han hablado los secuestradores de mi hija convertidos en salvadores. La gentecita en sus sueños le dijo dónde está mi hija. Calentemos entonces el helicóptero y vamos por ella ¿no es así?

Tom miró, anonadado ante la arrogancia de Raison. Jacques estaba tenso. Necesitaba un golpe a su sistema.

– Bien -contestó Tom, dando media vuelta y yendo hacia la puerta a grandes zancadas-. Dejémosla que se pudra en la jaula en que se encuentra.