– Comprendo eso. Pero sé de muy buena fuente que alguien irá más allá de lo natural en dos semanas.
– Eso es imposible -objetó Raison.
– Es lo que se sigue diciendo -murmuró Tom; luego se volvió a Peter-. ¿No pueden ustedes crear un antivirus con todo este poder computarizado?
– Temo que ese sea un asunto totalmente distinto. Dos meses, en el mejor de los casos, pero no tres semanas.
Tom captó una mirada de Kara. Ella tenía esa mirada. Esto dependería de él. Pero no quería que dependiera de él.
– Si tuviéramos a Monique -anunció Peter-, podríamos tener una posibilidad. Ella diseña ciertos detalles en todas sus vacunas para protegerlas contra robo o juego sucio. En esencia es un interruptor «puerta trasera» que se ha provocado al introducir otro virus creado de manera única, el cual hace que la vacuna quede imposibilitada. Si su creación sobrevivió a la mutación, su virus único también podría acabar con la variedad mortal de Svensson.
– ¿Podría por tanto ella tener la clave?
– Quizá. Suponiendo que la mutación no acabara con la «puerta trasera» de ella.
El salón se quedó en silencio.
– ¿No tiene usted este interruptor de Monique? ¿Dónde lo mantiene ella, en su cabeza? Eso parece ridículo.
– Ella mantiene la clave para sí hasta que una vacuna sea aprobada por la comunidad internacional. Es su manera de asegurarse que nadie, incluso algún empleado, sustraiga la tecnología o la interfiera.
– Y no conserva registros.
– No es un asunto complicado si se supiera qué genes manipular – informó Peter-. Si hay registro, nadie aquí sabe dónde estarían. De cualquier modo, es una leve posibilidad. El interruptor pudo haber mutado junto con la vacuna.
– Naturalmente, investigaremos -terció Jacques de Raison-. Pero como usted puede ver, primero debemos encontrar a mi hija.
– Estoy de acuerdo -asintió Tom-. También deberíamos despertar al mundo.
Tom salió agotado de la reunión y, peor, con una sensación de impotencia. Aún se hallaba bajo arresto domiciliario por secuestro. Hizo una docena de llamadas telefónicas, pero estas rápidamente le recordaron por qué vino en primer lugar a Bangkok. Esta clase de noticias no eran muy bien recibidas de una fuente tan improbable como él. En especial ahora que era famoso por secuestrar a Monique.
Por suerte Farmacéutica Raison exigía mucho más respeto.
Los informes de la mutación potencial de la vacuna Raison llegaron a todos los adecuados teletipos y pantallas de computadora a través de una enorme burocracia de servicios de salud.
No provocó en el mundo una rebatiña de respuestas.
No se trataba de una crisis.
Incluso apenas sólo era un problema.
Sólo era un posible escenario en uno de los modelos que sostenía Farmacéutica Raison.
Tom cayó en cama a las nueve esa noche, agotado hasta la médula pero con los nervios crispados por saber que la posibilidad de este escenario posible era de cien por ciento.
Tardó una hora completa en quedarse dormido.
32
TANIS SE hallaba sólo en la colina desde donde se veía la aldea. Los acontecimientos de la mañana aún zumbaban en su mente. Por primera vez en su vida había visto de verdad a la criatura del bosque negro, y la experiencia había sido emocionante. Intrigante. Más sorprendente había sido la melodía. Esta sensacional criatura no era la terrible bestia siniestra de su imaginación vivida y de sus historias. Había salvado a Thomas. Esa era justificación suficiente para visitar el bosque negro. Así que entonces fue bueno que hubiera ido.
Tanis se había quedado con Thomas por poco tiempo antes de irse. Curiosamente, no tenía deseos de estar con el hombre cuando este despertara.
Había regresado y pasado algún tiempo en la aldea. Rachelle le preguntó si había visto a Thomas; le dijo que sí, y que se hallaba durmiendo.
Se había puesto a deambular por la aldea sintiéndose en su debido lugar y en paz. Sin embargo, para el mediodía sintió como si debiera irse a alguna parte a pensar en los acontecimientos que seguían fastidiándole la mente. Por eso había venido aquí, a esta colina desde donde se divisaba todo el valle.
Tanis había ido a buscar la espada que arrojara ayer al bosque y no la encontró. Y no sólo eso, sino que Thomas también se había perdido. No estaba seguro por qué llegó a la conclusión de que Thomas había llevado la espada al cruce, tal vez porque este mismo pensamiento se hallaba en su propia mente, pero después de buscar de arriba abajo al hombre decidió hacer otra espada e ir en su búsqueda al cruce.
Lo que más le interesó fue el hecho de que Thomas hubiera venido del bosque negro y viviera para contarlo. No sólo una vez, sino dos.
La criatura… ahora la criatura se había convertido por completo en algo Í más. Nunca se habría imaginado a Teeleh como apareció. En realidad, no se había imaginado para nada que un ser tan hermoso pudiera haber existido en el bosque negro. Debió admitir que se veía más bien único con esos ojos verdes y ese pelaje dorado. Pero la canción… Ah, ¡qué melodía!
La verdad era que Tanis anhelaba mucho volver a encontrar a esa criatura. No tenía deseos de entrar al bosque negro y beber el agua, por supuesto. Eso significaría morir. Peor aún, estaba prohibido. Pero ir a buscar a la siniestra criatura en el río… eso no estaba prohibido.
Y Thomas lo había hecho.
Tanis miró el sol. Ahora por más de una hora había estado sentado en la colina, dándole vuelta a los acontecimientos en su mente. Si saliera ahora, llegaría al bosque negro y regresaría sin que lo extrañaran de nuevo.
Se puso de pie mientras le temblaban los pies. La ansiedad que sentía era suficientemente extraña para causar una leve confusión. No recordaba haber sentido alguna vez un desconcierto tan extraño. Por un momento pensó que simplemente debía regresar a la aldea y olvidar por completo a la criatura del bosque negro. Pero al instante pensó lo contrario. Después de todo, deseaba mucho entender a este terrible enemigo. Por no mencionar la melodía. Entender al enemigo de uno es tener poder sobre él.
Sí, Tanis quería esto en gran manera, y no había motivo para no hacer lo que deseaba tanto. A menos, desde luego, que fuera contra la voluntad de Elyon. Pero Elyon no había prohibido reunirse con nuevas criaturas, vivieran donde vivieran. Incluso al otro lado del río.
Dando una última mirada al valle, Tanis dio media vuelta y emprendió la marcha hacia el bosque negro.
TOM DESPERTÓ con un sobresalto. La dulce fragancia de la hierba le inundó las fosas nasales. Había vuelto a soñar. Bangkok. En Bangkok corrían sobresaltados porque finalmente decidieron creer en el virus. Ahora existía la variedad Raison, aunque sólo en laboratorios. Él debía encontrar a Monique, pero no tenía idea cómo. Y aquí… Se irguió bruscamente. ¿Tanis?
– ¡Tanis! -llamó, poniéndose de pie y buscando alrededor.
El ruido del río venía del oriente. Era media tarde. Tanis lo debió haber dejado cerca del cruce y regresado a la aldea.
Tardó una hora en llegar al valle, quince minutos devolviéndose de su andar hacia el norte después de salirse del camino que llevaba a la aldea. Tenía que alcanzar a Tanis y darle una explicación. Si alguna vez el hombre sería capaz de confundirse, sería ahora. Y el hecho de que Tanis se hubiera hecho otra espada después de que sólo ayer lo discutieran no era buena señal para el hombre.
Tanis fue atraído por la alimaña. Le había vuelto la curiosidad. Su deseo se movía más rápido que su satisfacción. Había ido al cruce porque estaba cansado de no saber.
Bueno, ahora sabía, correcto. La única pregunta era: ¿Cuánto conocimiento bastaba? ¿Y por cuánto tiempo?
Por supuesto, Tom también había ido. Pero él era distinto; ya no podía haber ninguna duda al respecto. No había tomado del agua, pero según Teeleh, había comido la fruta antes de perder la memoria, y se las había arreglado para sobrevivir. Era como una vacuna, quizá.
No, eso no podía estar bien. Sin embargo, Tom estaba muy seguro de que era diferente de Tanis. Quizá las personas de su aldea más allá tenían más libertades. Pero eso tenía aún menos sentido. Tal vez él era de Bangkok. Podría ser de Bangkok cuando estuviera soñando, pero en realidad era de aquí. Este era su hogar, y sus sueños de Bangkok estaban causando estragos aquí.
Él debería comer la fruta del rambután y librarse de estos sueños tontos. Lo ponían a interferir con un endeble equilibrio. Si no hubiera sido por él, Tanis habría entrado hoy al bosque negro.
– ¡Thomas!
Un roush llegaba majestuosamente por su derecha.
– ¡Michal!
El roush tocó tierra con dificultad, rebotó una vez, y aleteó furiosamente para evitar chocar.
– ¿Michal?
– ¡Oh, amigo, amigo! ¡Oh, Dios mío!
– ¿Qué pasa?
– Se trata de Tanis. Creo que se dirigía al bosque negro.
– ¿Tanis? ¿Al bosque negro?
¡Imposible! ¡El acababa de estar en el bosque negro unas horas antes!
– Se dirigía directo allá cuando salí a buscarte. E iba corriendo. ¿Qué otra cosa podría significar? -informó brincando nerviosamente alrededor, como si hubiera pisado un carbón caliente.
– Por amor de Elyon, ¿por qué no lo detuviste?
– ¿Por qué no ¿'detuve? Esa no es mi obligación; ¡por eso! ¡Él está loco! Ustedes dos están locos, te lo dije. Evidentemente trastornados. A veces me pregunto cuál era el punto. Ustedes los humanos son muy impredecibles.
– Sólo porque él esté corriendo en esa dirección no significa que vaya a entrar al boque negro -objetó Tom intentando pensar con claridad.
– ¡No tenemos tiempo de discutir esto! -exclamó Michal con ojos centelleantes-. Aunque fuéramos ahora, podrías llegar demasiado tarde. Por favor. ¿Sabes lo que podría significar esto?
– ¡Él no puede ser tan estúpido! -gritó Tom, queriendo tranquilizar a Michal, pero no se lo creyó ni él mismo.
Tampoco Michal.
– Por favor, debemos irnos ahora.
El roush corrió a lo largo de la hierba, aleteando como desequilibrado. Poco después estaba en el aire. Tom salió corriendo para alcanzarlo.
Su mente se llenó con una imagen del niño en el lago en lo alto. Eso había sido dos días antes. ¿Qué les había sobrevenido? Súbitamente se sintió sofocado de pánico.
– ¡Elyon! -gritó.
Pero Elyon permaneció en total silencio.
– ¡Michal! -gritó.
El roush estaba preocupado con sus propios pensamientos. Tom aligeró su paso. No había manera de que pudiera dejar que Tanis hiciera algo tan irrazonable como hablar con Teeleh.
No mientras Tom viviera.