Выбрать главу

Y regresó a la sala de reuniones, donde aguardaban Connell, su representante y el agente de Asuntos Internos.

– He visto la intervención de Tess en Good Morning, Chicago -dijo Spinnelli-. Parecía segura y bien dispuesta. Con un poco de suerte cuando todo esto termine Pope volverá a invitarla y así la gente dejará de cruzar la calle cuando se la encuentre. No te preocupes por las fotos del periódico, Aidan. Esas cosas suelen olvidarse en cuestión de días.

Spinnelli se encerró en su despacho y Murphy se sentó frente a su mesa de trabajo.

– Tiene razón con lo del Eye, Aidan. Ahora parece una cosa terrible pero pronto se olvidará.

Aidan apretó los dientes.

– ¿Las has visto?

Murphy vaciló.

– Sí. Pero han recortado la foto, así que en realidad no se ve nada. Eso sí, el artículo está plagado de insinuaciones. Tendría que habértelo contado pero pensaba que ya lo habías visto.

Aidan negó con la cabeza.

– Ni lo he visto ni quiero verlo. Supongo que soy un cobarde.

– Lo que eres es humano, Aidan. Por cierto, ¿cómo está Rachel esta mañana?

– Hoy no ha ido a la escuela.

Murphy hizo una mueca.

– ¿Le duelen los puntos?

Aidan soltó una risita al acordarse de lo desesperada que estaba cuando lo había llamado por teléfono a las seis de la mañana.

– No; es el pelo. Tanto quitarle importancia y esta mañana cuando se ha levantado y se ha mirado al espejo ha cambiado radicalmente de idea. Tess va a llevarla a ese peluquero amigo suyo esta tarde, así que esta noche volverá a estar guapa y atractiva, como siempre.

Bajó la vista a los informes que un administrativo había dejado sobre su escritorio, decidido a no permitir que el Eye lo descentrara. Lawe aparecía como presidente de Brewer, Inc. El piso estaba alquilado a nombre de la empresa, y también era el nombre de la empresa el que figuraba en los contratos de sus privilegios, del coche e incluso de sus tarjetas de crédito. Tenía cuentas en tres bancos distintos de la ciudad y era posible que también las tuviera en paraísos fiscales. En los tres bancos parecía tener cajas de seguridad. Irían a comprobarlo después de visitar a don Cabrón. Aidan se había preguntado si sería capaz de controlar los nervios cuando lo tuviera delante, pero tras el enfrentamiento con Blaine Connell no le cabía duda de que sí. Si había sido capaz de no arrancarle las entrañas a Connell después del comentario sobre Tess, era capaz de manejar cualquier situación.

Aidan puso mala cara. Así que el Eye tenía su foto, y seguro que la habían conseguido gracias a Masterson. Lo que había hecho era ilegal. Estaba seguro de que la pequeña Denise acabaría haciéndolo tarde o temprano, pero no había sabido que ya estaba hecho hasta que Connell lo dijo. Aidan se preguntaba si Tess habría visto la foto y si se encontraría bien. La noche anterior había sido sincera con Lynne Pope y había declarado ante la cámara que habían obtenido imágenes suyas sin su conocimiento, así que o bien la pequeña bomba que había lanzado el Eye tenía bastante menos efecto o, al contrario, el periódico se convertía en un récord de ventas debido a la publicidad.

De cualquier manera, Tess era lo bastante fuerte como para afrontarlo. «Y yo también lo seré.»

– ¿Lo es o no? -preguntó Murphy sin que Aidan lo esperara. Se volvió a mirarlo. Su compañero tenía la vista fija en su propio escritorio y garabateaba diligentemente en su cuaderno.

– ¿Quién? ¿El qué?

– Tess. Si es buena en la cama.

Aidan pestañeó perplejo; luego una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro.

– Ni siquiera puede calificarse.

– Me lo imaginaba.

El tonillo de resignación de Murphy hizo que Aidan soltara una risita.

– ¿Qué, Murphy? ¿Preparado para enfrentarte a don Cabrón?

– Pues claro. Vamos.

Capítulo 21

Viernes, 17 de marzo, 9.30 horas.

Una sonrisa iluminó el rostro de Kristen cuando Tess asomó la cabeza, por la puerta de su despacho.

– Pasa y siéntate.

– No te entretendré mucho. -Tess esbozó una sonrisa irónica-. Tú aún tienes una profesión que ejercer.

La alegría se desvaneció del rostro de la fiscal.

– Y tú también la tendrás cuando todo esto termine.

– O no. ¿Has visto esto? -Le mostró un ejemplar del Eye y observó cómo entrecerraba los ojos y se sonrojaba.

– Qué hijos de puta -dijo entre dientes-. ¿De dónde lo han sacado?

– De mi secretaria. -Tess miró al techo-. Me estoy cuestionando mi valía profesional. Esa mujer me odia y yo no me había dado cuenta.

– Sé cómo te sientes. Yo cenaba todas las noches con un asesino sin saberlo. A veces las personas solo te dejan ver lo que quieren que veas en ellas. Incluso siendo psiquiatra.

– Yo lo único que sé es que estoy hasta las narices de preocuparme, y por eso estoy aquí. La otra noche empecé a recuperar mi vida con la entrevista. -Y con lo que había pasado después. Solo de pensar en cómo había reaccionado Aidan en la cama el corazón se le aceleraba. En cambio, solo de pensar en cómo reaccionaría cuando viera la foto del Eye se ponía enferma-. Quiero presentar cargos contra mi secretaria y contra el periódico. Necesito que me recomiendes a un abogado.

– Me alegro por ti, Tess. Pero ¿por qué no se lo dices a Amy Miller? Hace mucho tiempo que sois amigas.

– Precisamente por eso. Cuando creí necesitarla para mi defensa penal tuvimos una gran discusión por no estar de acuerdo en si debía colaborar con la policía o no. Le hice daño, y ella me lo hizo a mí, y no quiero poner en riesgo nuestra amistad. Ah, y el abogado también tendrá que defenderme ante el tribunal civil. Mis antiguos pacientes quieren demandarme por dolor y sufrimiento.

Kristen puso mala cara.

– ¿Te ha pasado algo bueno últimamente?

– La respuesta es Aidan.

Ella esbozó una sonrisita.

– ¿A que soy discreta haciendo preguntas? ¿Y bien?

– Ya veremos. No sé qué dirá de esto. -Señaló el periódico.

– Es un buen hombre, Tess. Es más… voluble que Abe, pero en el fondo tienen unos principios muy sólidos. Por cierto, le causaste un gran impacto a Kyle Reagan. Anda diciéndole a todo el mundo que nunca había visto a una mujer defenderse tan bien en una pelea callejera.

Tess alzó los ojos en señal de exasperación.

– Fantástico. Menudo piropo.

– Tratándose de Kyle Reagan lo es. Denota respeto, y para los Reagan el respeto lo es todo.

– Espero que no tenga que volver a repetirse. Estoy cansada, llevo varias noches sin dormir.

La sonrisa de Kristen se tornó abierta.

– ¿De verdad?

Tess se sonrojó.

– Me voy a descansar un rato.

– Vuelve a casa de Aidan y duerme. Cuando te despiertes, las cosas te parecerán más fáciles.

Viernes, 17 de marzo, 10.15 horas.

– Esto no tiene muy buena pinta -dijo Murphy cuando Aidan detuvo el coche junto al edificio donde vivía Parks. Enfrente había estacionados tres coches patrulla y una ambulancia.

– Esta vez no veo tu optimismo por ninguna parte, compañero. Me parece que volvemos a llegar tarde.

– Me temo que tienes razón -convino Murphy con gravedad-. Siempre nos toca ser los segundones.

Les resultó muy fácil identificar la puerta del piso de Parks en la sexta planta: era aquella frente a la que se apostaban los agentes. Dentro encontraron a dos detectives de su unidad, Howard y Brooks, y a Johnson, el forense. Este último estaba arrodillado en el suelo y levantó la cabeza cuando ellos entraron.

– Tenía la impresión de que no tardaríais en dejaros caer por aquí.