Aidan suspiró.
– Sí, lo hemos visto. Siéntate, Tess.
Ella ocupó la silla que le ofrecía y abrió el periódico. Una vez más, miró las letras en negrita. El titular rezaba: UNA ABOGADA DEFENSORA ASESINA. Debajo había dos artículos. El primero era el más extenso y lo firmaba Cyrus Bremin. Explicaba con detalle el papel de Amy en los asesinatos de la última semana que habían culminado con las muertes de Phillip Parks y Keith Brandon. Al fijar la vista en sus fotos Tess experimentó una gran tristeza. Ella también aparecía en una fotografía poco nítida colgando del balcón. La imagen la puso rabiosa y le revolvió el estómago. La noche anterior había soñado con ello; veía sus dedos resbalar poco a poco del alféizar al mismo tiempo que oía sonar a todo volumen las bocinas de los coches que pasaban por la calle. Bien pensado, no era ningún sueño. Era un recuerdo del horrible momento que su mente repetía una y otra vez. Pero estaba viva, a diferencia de las otras trece personas.
El segundo artículo era más corto, pero igual de espeluznante. Amy había estado trabajando para varias de las familias más poderosas del crimen organizado de Chicago, y había ganado mucho dinero sucio ayudándolas a enviar a la cárcel a todos los empleados que no eran de su agrado. Invariablemente esos empleados acababan muertos, lo cual resultaba muy efectivo para disuadir a cualquier persona que estuviera planteándose una traición. Al parecer los empleados relacionaban en cierta manera a Amy Miller con ese destino funesto. De algún modo Joanna Carmichael lo había descubierto, y eso le había costado la vida a su novio.
– Al final ha conseguido el titular que quería -masculló Tess-. Me refiero a Carmichael.
– Pero ¡a qué precio! -replicó Aidan con voz queda-. ¿Estás bien?
«Sí», trató de responder, pero al mirar la portada del periódico dijo:
– No; no estoy bien.
– ¿Cómo se encuentra tu padre, Tess? -preguntó Murphy.
– Está estable. -Consiguió esbozar un amago de sonrisa-. Y de mal humor. Quiere volver a casa. -Su sonrisa se desvaneció-. Y quiere que yo también vaya.
Algo brilló en los ojos de Aidan, pero se limitó a sonreír.
– Ya hablaremos de eso cuando las aguas hayan vuelto a su cauce. ¿Has comido?
– Tu madre me ha obligado. -Tess se había despertado con el olor de huevos fritos con beicon y la natural sonrisa de Becca Reagan, que parecía restar importancia a las situaciones más difíciles. Tess había pasado parte de la noche anterior en el hospital, donde la habían examinado y la habían enviado a casa rápidamente. A su padre sí que lo habían ingresado, por supuesto. Vito y su madre se habían quedado con él. Tess quería quedarse también, pero el hombre no había dejado de insistir en que ella debía marcharse a casa, a dormir. Su casa era la de Aidan.
– ¿Qué descubristeis anoche?
– Que todo lo que cuenta Carmichael en su artículo es cierto. Y más cosas.
– Engañó a hombres inocentes -explicó Patrick con aspereza-. A unos cuantos los procesé yo. Si la policía estaba a punto de descubrir un delito cometido por alguna de las familias, esa familia la contrataba. Ella buscaba a un cabeza de turco y se las arreglaba para que encontraran pruebas, y encima «defendía» al pobre diablo de modo que no tuviera oportunidad de salir bien parado ante la justicia. -Apretó la mandíbula, en su mirada se apreciaba desdén-. Yo nunca sospeché nada, ni Kristen tampoco. Hace unos días nos preocupaban los recursos de apelación por tu causa, y ahora nos enfrentamos a la posible revocación de todos los casos que defendió ella.
– Qué ironía -musitó Tess.
– El hermano de Nicole Rivera era uno de esos inocentes -explicó Aidan-. Lo eligió porque le pareció que Rivera era quien podía imitarte mejor. Se las apañó para que acusaran a Miguel Rivera de asesinato y luego chantajeó a su hermana.
– ¿Está libre el chico? -preguntó Tess.
Aidan asintió.
– Desde anoche.
– Pero su hermana ha muerto -dijo Murphy con abatimiento-. No tiene a nadie.
– Amy Miller la mató. -Tess cerró los ojos-. A ella y a todas las otras personas. Aún no entiendo por qué lo hizo, aparte de porque me odiaba. -El silencio general resultaba incómodo y violento. Tess observó sus rostros-. Decidme por qué; ahora mismo.
– Lo hizo por Jim Swanson, Tess -dijo Aidan con suavidad-. Estaba obsesionada con él.
– Pero él estaba enamorado de mí. -Frunció el entrecejo-. Hace tres meses que se marchó a África. ¿Fue ese el detonante? -Tess observó cierto brillo en los ojos de Aidan y adivinó lo ocurrido-. Está muerto, ¿verdad?
– Lo siento, Tess. Swanson no llegó al hospital de Chad. Encontramos sus cosas en el armario de Amy, y también un cuchillo con sangre seca que se corresponde con la de su grupo. Debió de matarlo en un ataque de ira, y luego te culpó a ti.
– Me ha odiado durante todos estos años. -Su boca se torció en una mueca de amargura-. Menuda psiquiatra. Tenía a una asesina a mi lado y no me he dado cuenta.
– Su madre padecía esquizofrenia, Tess -dijo Murphy-. Tu madre podrá explicarte más cosas, pero parece que Amy lleva años al borde de la locura. Lo que pasa es que era tan lista que nadie se daba cuenta, ni siquiera tú.
– Hace muy poco que empezó a perder el control sobre su enfermedad mental. -Aidan le estrechó la mano-. Ya no podía ocultarla por más tiempo.
– ¿Mi madre lo sabía? -Tess se esforzó por tragar saliva-. ¿Lo sabía?
– Sabía que la madre de Amy estaba enferma, Tess. No tenía ni idea de que Amy también lo estaba.
Tess asintió con gesto rígido.
– No importa. Me envenenó, ya sabéis; con la sopa.
Jack, sentado en el otro lado de la mesa, hizo una mueca.
– ¿Con las setas? Tal como imaginaba Julia.
– Y se acostó con Phillip.
– Es lo que nosotros pensábamos -dijo Murphy.
Tess volvió a asentir mientras su mente reproducía las imágenes de la noche anterior.
– Y también mató a su padre. -Para sorpresa de Tess, nadie pareció extrañarse-. ¿También sabíais eso?
– Vito lo sospechaba. Parece ser que culparon a un chico del barrio.
– A Leon Vanneti. -Tess arrugó la frente-. Es inocente, tal como decía Vito. Pero con mi palabra no hay suficiente y no tenemos pruebas. -Abrió mucho los ojos-. Dijo que Leon la había violado. En aquel momento no se hacían análisis de ADN, pero si aún guardan las pruebas tal vez podamos demostrar que es inocente.
– Haré las llamadas oportunas durante la mañana -prometió Spinnelli-. A ver si al menos arreglamos una cosa.
Tess suspiró.
– También mató a Eleanor.
Ante eso, unas cuantas cejas se arquearon.
– ¿De verdad? -preguntó Murphy-. ¿Cómo lo hizo?
– Le inyectó aire. Y todo porque Eleanor era amable conmigo.
Spinnelli se aclaró la garganta.
– Tenemos una buena noticia para ti, Tess. ¿Rick?
– Anoche encontramos en el piso los archivos originales de las grabaciones de Bacon -anunció Rick-. Y también un CD etiquetado con tu nombre. Lynne Pope reconoció la etiqueta; era la misma que vio el día que Bacon trató de venderle las imágenes. Por lo menos las copias están a buen recaudo.
Tess estuvo a punto de marearse de puro alivio.
– No quería estar tan preocupada, pero no he podido evitarlo.
Spinnelli le dio unas palmaditas en el hombro.
– Pues ya no tienes por qué estarlo.
– ¿Sabéis por qué Amy quería a toda costa los archivos de Bacon?
– Una policía visionó las imágenes cuando encontramos el CD en el trastero de Bacon. Aparece Amy llevándose los botes de medicamentos de tu botiquín.
– Los botes que luego dejó en el piso de Cynthia.
Aidan se encogió de hombros.
– Parece que estuviera preocupada por una nimiedad, pero supongo que tenía miedo de que Bacon la chantajeara igual que quería hacer contigo.