– Una apelación es motivo suficiente -opinó Murphy-. Esa gente tiene familia.
Aidan extrajo de entre las hojas de su cuaderno la lista de procesados.
– Tendremos que empezar por uno de los nombres de esta lista. No he tenido tiempo de revisarla, pero Tess me ha dicho que esta noche revisaría sus archivos. Tal vez haya encontrado algo. -Miró el listado y sacudió la cabeza por la que aún rondaban las palabras de Rick Simms-. De todos modos, no puedo dejar de darle vueltas a la opción B. ¿Qué pasa si no se trata de algo personal? Es posible que alguien la haya elegido por tener contacto con personas lo bastante influenciables como para suicidarse. Su especialidad es precisamente los suicidas. Es posible que alguien se haya dedicado a seleccionar víctimas de su lista de pacientes y luego utilizar su propio sentimiento de culpa para atormentarlas hasta que se suicidan.
– Y a grabarlo todo en un vídeo para colgarlo en internet -concluyó Jack con gravedad.
Spinnelli no estaba convencido.
– Me parecen demasiadas molestias.
– A lo mejor el tipo disfruta con lo que hace, Marc -le espetó Aidan-. Y si encuentra clientes dispuestos a pagar lo que pide… el motivo podría ser tan simple como la avaricia.
– Esto no tiene nada de simple -repuso Spinnelli-. Pero lo que dices tiene sentido, Aidan. Todos hemos topado alguna vez con un sociópata que no dudaría un instante en aprovecharse de otra persona. ¿De quién estaríamos hablando en ese caso?
– Si Tess no es más que un medio y lo que verdaderamente importa son sus pacientes… -Aidan se encogió de hombros-. No tenemos ninguna pista. Podría tratarse de cualquiera.
Spinnelli dejó escapar un suspiro.
– Veo que eres igual de optimista que Rick Simms. Haced el favor de darme alguna buena noticia o el que acabará suicidándose seré yo.
Jack lanzó una hoja de papel al centro de la mesa.
– De camino hacia aquí, he pasado a ver a Julia y me ha dicho que tenía el informe de tóxicos de Winslow. -Julia VanderBeck además de forense era la esposa de Jack-. Ha encontrado fenciclidina en la sangre, igual que con Adams -prosiguió Jack.
– ¿La sustancia de las píldoras cambiadas? -preguntó Murphy, y Jack asintió.
– Sí. En el bote de Xanax aparece el nombre de Tess, ella prescribió el medicamento, y también tiene sus huellas dactilares, como en el caso de Adams.
Spinnelli puso mala cara.
– Había dicho que quería buenas noticias, Jack.
– Ten paciencia, Marc. Lo que hemos encontrado dentro del bote es más interesante que lo de fuera. He pedido que hagan un análisis espectral de los residuos del fondo, un poco de polvo acumulado en la hendidura imposible de distinguir a simple vista. La buena noticia, Marc, es que la sustancia no es ni Xanax ni fenciclidina sino Soma, un relajante muscular según Julia. Ambos botes contienen lo mismo.
Spinnelli asintió despacio.
– Eso quiere decir que los botes han sido reutilizados.
– Y, puesto que tienen las huellas de Tess, es posible que inicialmente fueran suyos -observó Murphy-. Pero eso no sirve para exculparla, Jack. De hecho es incluso peor.
Jack arqueó las cejas.
– A menos que los hayan robado.
Spinnelli sacudió la cabeza.
– Demasiadas conjeturas, chicos. Averiguad si Tess ha tomado Soma y cuándo. Lo tendremos en cuenta, igual que el resto de suposiciones. ¿Qué más sabes, Jack?
– Estamos tratando de averiguar cuánto tiempo permaneció el muñeco en el horno basándonos en la parte derretida, y también hemos aspirado los dos pisos. Queremos saber si en ambos pisos hay restos del mismo material, y así, podríamos relacionar al autor con los dos escenarios.
– Si es que es el mismo -observó Aidan-. Tess ha dicho que la voz de la persona que la ha llamado hoy sonaba distinta a la del sábado; parecía mayor.
– ¿Habéis hecho un rastreo de las llamadas? -preguntó Spinnelli.
– De las del teléfono de su casa, sí. Parece que la llamada del sábado por la noche corresponde a un móvil desechable. Hoy le han telefoneado a la consulta, así que también he pedido que rastreen las llamadas de ese teléfono. El informe aún no está listo. Cuando esté terminado, te lo diré. ¿Qué hay de los números de serie de las pistolas, Jack?
– Mi equipo no ha podido descifrar el número de la pistola de Adams, así que lo he enviado al laboratorio central. Tienen mejores herramientas, pero tardarán unos días. El de Winslow también está borrado; la historia se repite. Lo siento… -Jack deslizó otra hoja de papel y un montón de fotografías hacia Spinnelli-. Aquí está el inventario de lo que nos hemos llevado de los dos pisos. El oso de peluche de Winslow es un modelo estándar, no tiene nada de especial. Lo venden en Wal-Mart y en Toys"R"Us. Según parece, estamos en un callejón sin salida.
Aidan se inclinó hacia la mesa, inquieto al recordar cómo el muerto aferraba el oso de peluche.
– Déjame ver la foto del oso. -Cuando Spinnelli se la entregó, Aidan abrió la carpeta que había recogido en archivos de camino a la reunión.
– Mierda, está muy bien buscado. Este es el informe que la policía hizo de la muerte del hijo de Winslow. -Extrajo una fotografía de la carpeta y la colocó junto a la del oso para que todos pudieran verla. Era una vista general del escenario de la muerte, en ella aparecía todo el asiento del monovolumen. En el lado izquierdo había un paquete de pañales y en el derecho, un oso de peluche-. Es el que encontraron junto al bebé el día en que murió.
– Ese cabrón no se pierde una -masculló Murphy. Levantó la vista de las fotografías con expresión indignada-. ¿Tienes el informe de Melanie Adams?
– Sí, he traído los dos. -Aidan deslizó hasta el centro de la mesa la foto que la policía tomó de la muerte de Melanie mientras Murphy buscaba en el montón de Jack una copia de la que había encontrado en el piso de Cynthia Adams.
– Son iguales -observó Murphy-. La misma posición, la misma ropa, los mismos zapatos. Solo cambia el fondo. El de la foto que tomó la policía parece más neutro; en cambio, este -dijo, señalando la otra foto- es más llamativo, destaca más.
– Puede que lo hayan retocado con el Photoshop -sugirió Aidan, y miró el rostro perplejo de Murphy-. Hice una asignatura de diseño gráfico cuando me estaba sacando la carrera. El Photoshop es un programa para retocar fotografías; puedes recortarlas, incluso cambiar los colores. Alguien con suficientes conocimientos podría hacer ver que Melanie se colgó de la Torre Eiffel.
– Así que quien sea tiene acceso a nuestros archivos -musitó Spinnelli-. Qué hijo de puta. -Se recostó en la silla con el semblante tenso, era obvio que la deducción no le hacía ninguna gracia.
Durante un buen rato reinó un silencio absoluto en la sala. Al final, las palabras que nadie más se atrevía a pronunciar salieron de la boca de Aidan.
– Hay otro gran colectivo que tiene sus razones para detestar a Tess Ciccotelli.
Spinnelli miró a Aidan a los ojos y este supo que su jefe había llegado a la misma conclusión que él.
Aidan asintió.
– Nosotros.
Spinnelli apartó la vista y cerró los ojos mientras sacudía ligeramente la cabeza.
– Murphy, ve a Archivos y, con el pretexto de que Aidan y tú tenéis problemas de comunicación, pídeles que te dejen examinar los informes. Diles que te dejen ver el listado de control de las consultas. Tenemos que descubrir quién ha consultado esos informes. -Miró a los tres con expresión penetrante-. De momento, no le contaremos nada de esto a nadie. Ya avisaré a los de Asuntos Internos cuando llegue el momento.
– Puede que la cosa no termine aquí -aventuró Murphy en voz baja-. Independientemente de quién sea el autor, el resto de pacientes de Tess corre peligro. Tendremos que saber quiénes son.
Jack puso mala cara.
– No querrá decírnoslo, es secreto profesional.