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Vito se puso en pie.

– Claro. Oye, Tess, ese policía…

– ¿Aidan? Es buena persona, Vito. Muy buena persona. Quiere mucho a su madre.

Él sonrió.

– Estupendo. Así no tendré que liquidarlo.

Ella le devolvió la sonrisa.

– Estoy muy contenta de tenerte aquí.

Miércoles, 15 de marzo, 8.03 horas.

Aidan hizo una mueca al abrir la puerta de la sala de reuniones y ver que cuatro pares de ojos se clavaban en él.

– Lo siento -masculló, y se sentó entre Jack y Murphy-. ¿Qué me he perdido?

– Nada -dijo Spinnelli en tono seco-. Pero Rick está que trina, así que vamos a dejarlo que hable el primero.

– Tengo una pista de una de las cámaras. -Rick sonrió de oreja a oreja-. De la más antigua.

Era la cámara del cuarto de baño de Tess, la que no había podido quitarse de la cabeza en toda la mañana. Incluso mientras la besaba y la acariciaba, una parte de su mente se preguntaba con repugnancia quién la habría visto desnuda.

– ¿Cómo es eso?

– He recordado que en ese modelo para que la cámara funcione hay que accionar un interruptor, y he comprobado si había huellas. -Rick levantó la funda de la cámara-. En la parte inferior hay parte de una.

Murphy le indicó con un gesto que se espabilara.

– A este paso nos haremos viejos, Rick.

– La hemos comparado con el AFIS y coincide con unas cuantas -explicó Jack-. A Rick le sonaba uno de los nombres de la lista.

– Un pervertido que se dedicaba a instalar cámaras en el vestuario de las chicas de un instituto -dijo Rick-. Lo avisaron para que hiciera la instalación eléctrica del edificio y se montó una línea particular. Utilizó el mismo modelo de cámara.

– David Bacon -aclaró Spinnelli, y colocó la fotografía de la detención en medio de la mesa-. Cumplió tres años de los cinco a que lo condenaron por el caso. Acabaron acusándolo de pornografía infantil porque las chicas eran menores. Salió de la cárcel hace ocho meses.

– Cuando se dictó sentencia lloró como un niño -dijo Rick con desdén-. Menudo cagado.

Aidan se quedó mirando la fotografía y la descripción de Bacon, y se esforzó por que en su mente imperara la razón.

– ¿Lloró? No me cuadra.

Se sacó del bolsillo el papel escrito a mano por Tess.

– Tess elaboró anoche un perfil psicológico.

Spinnelli aguzó la vista.

– ¿Y cuándo te lo ha dado?

Aidan mantuvo el semblante impasible.

– La he visto esta mañana, antes de venir.

Spinnelli asintió, era obvio que no se había quedado convencido.

– Ya. ¿En qué hotel se aloja?

– En el Holiday Inn del centro.

– Ya. ¿Y qué dice el perfil, Aidan?

Parecía ser que Spinnelli no pensaba hacer más comentarios al respecto. Aidan se relajó un poco.

– Dice que durante sus años de ejercicio profesional no había visto nunca una combinación de rasgos semejante, que es muy rara; sobre todo lo es encontrar a alguien tan centrado y eficiente. Por la cantidad de víctimas, es probable que se trate de un hombre. Y por la paciencia y capacidad de planificación que demuestra, es probable que no sea muy joven. Es un voyeur antisocial, con estudios superiores y gusto por el teatro. Puede que sea actor, o que vaya a ver obras a menudo. Es posible incluso que compre abonos de temporada. Tiene conocimientos sobre las voces y la impostación, y también sobre la tecnología de vigilancia. Conoce los fármacos, sobre todo los psicotrópicos, y sabe utilizarlos para manipular a quien los tome. Sabe algo de psicología… eligió a tres de los pacientes más vulnerables y diseñó para cada uno una forma de tortura específica. O sabe reconocer esas capacidades en otras personas y se asegura de que las pongan en práctica.

Aidan depositó el papel sobre la mesa de modo que Murphy pudiera verlo y prosiguió.

– Le gusta ver que los demás sufren. Es probable que tenga un historial previo de delitos menores, aunque seguramente no llegaron a detenerlo, es demasiado listo. Pero todo se andará. No le gusta ensuciarse las manos pero lo hará si es necesario. Funciona por objetivos y se concentra mucho en ellos. Es posible que tenga un negocio propio. Está acostumbrado a delegar y se le da bien. En todo caso, no tiene un trabajo precario. -Frunció el entrecejo-. Es el tipo de persona capaz de matar a su madre sin que eso le quite ni un minuto de sueño si le sirve para cumplir su objetivo.

– Es muy completo -opinó Spinnelli-. Debe de haberle llevado bastante tiempo.

Aidan se la imaginó sentada sola, en su casa, con la pistola a mano y el perro a sus pies, atenazada por la preocupación hasta que se había quedado profundamente dormida de puro agotamiento.

– Se ha pasado la noche en blanco, y no es extraño después de un día como el de ayer.

– David Bacon se dedica a hacer instalaciones por cable -dijo Murphy-. Y también sabe cómo instalar conexiones inalámbricas. Eso quiere decir que es listo.

– Pero trabaja solo -observó Rick-. Quería mirar a las chicas y sabía que sería el único que lo haría. Ese es uno de los motivos por los que solo le cayeron cinco años. No se encontraron pruebas de que tuviera cómplices o distribuyera los vídeos.

– A lo mejor Bacon es solo una de las personas en quienes el asesino delega el trabajo -apuntó Jack-. De todos modos, no lo sabremos hasta que demos con él.

– Lo encontraremos -dijo Aidan tranquilo.

– Bueno, yo también tengo algo que explicar -dijo Spinnelli-. Los de Asuntos Internos han estado presionando a la empleada de Archivos y ha reconocido que Blaine Connell fue a consultar los casos de Adams y de Winslow.

Aidan cerró los ojos.

– No puede ser. -No eran amigos, pero Connell siempre le había parecido un tipo decente.

– Los de Asuntos Internos lo detendrán hoy mismo. Cuando ellos terminen, intervendremos nosotros.

– Si nos dejan algo más que migajas -masculló Jack-. Mierda.

Aidan rompió el silencio.

– ¿Qué hay de Wallace Clayborn? ¿Lo tenemos ya?

Spinnelli negó con la cabeza.

– Ayer por la noche envié a un par de agentes a buscarlo pero no lo encontraron. Esta mañana se están encargando Abe y Mia. ¿Está sola Tess?

El hecho de que el hermano de Aidan y su compañera se estuvieran encargando del caso lo tranquilizaba. No dejarían piedra por mover hasta encontrar a Clayborn.

– No. Su hermano llegó de Filadelfia anoche. Parece que la relación de Tess con la muerte de Seward es un notición en todo el país y su familia estaba preocupada.

– Anoche lo vi en la ESPN -comentó Rick-. Tú también aparecías, Aidan.

– No os vayáis por las ramas -dijo Spinnelli con sequedad-. ¿Qué cabos nos quedan sueltos?

Jack consultó su cuaderno.

– Todavía estoy esperando noticias sobre los números de serie de las pistolas que encontrasteis en casa de Adams. Si a la hora de comer no sé nada, volveré a llamar.

– Tenemos los recibos que encontramos en casa de Nicole Rivera -dijo Murphy-. Cuando hayamos dado con Bacon podemos ir a la juguetería a ver si alguien la recuerda.

– Y tenemos que descubrir quién estuvo en los pisos de todas las víctimas. -Aidan miró a Spinnelli-. ¿Puedes pedir que alguien revise las cintas de las cámaras de seguridad?

– Sí. Vosotros concentraos en localizar a David Bacon. Yo me encargo de Connell y de los de Asuntos Internos. Os llamaré a todos cuando sepamos algo. Conozco a Connell y podría creerlo capaz de entregar bajo mano algún que otro historial, pero no de disparar a Nicole Rivera a sangre fría. De todos modos, no sería la primera vez que me equivoco. Marchaos y tenedme al corriente. Ah, ¿Aidan?

Aidan se volvió desde la puerta.

– ¿Sí?

– Dile a Tess que necesitamos que organice sus archivos. Patrick ha telefoneado esta mañana. Ha reclamado los historiales clínicos como pruebas y quiere que ella los revise con nosotros. Mientras no cacemos a ese tipo, por lo menos podemos evitar su siguiente jugada. Dile que voy a enviar a un hombre a su consulta para comprobar que todo se hace según lo dispuesto. Luego se llevará la documentación y su lápiz de memoria. Patrick utilizará los archivos electrónicos mientras ponen en orden los papeles.