– Tess lo había visto en alguna parte, pero no recuerda dónde.
– Tal vez lo viera con Denise. La casera cree que Lawe y Masterson eran pareja.
– Hablaremos con Blaine Connell a primera hora de la mañana y veremos si esto sirve para sonsacarle algo más. Ya he descubierto lo que Bacon y Nicole Rivera tenían en común.
Murphy arqueó las cejas.
– Eres un rayo, tío -bromeó, y Aidan se echó a reír.
– El hermano de Nicole está en la cárcel, esperando el juicio. La compañera de piso de la chica me ha contado que estaba ahorrando hasta el último penique para pagarle a su hermano un abogado mejor que el memo que le tocaba de oficio.
– Así que tanto Bacon como Rivera estaban familiarizados con el sistema jurídico. Y, hablando de sistema jurídico, mira quiénes están ahí.
– Jon Carter y Amy Miller. -Con otro hombre a quien Aidan no conocía-. Vamos a charlar con ellos.
– Detective Reagan. -Jon Carter le estrechó la mano con sobriedad.
– Doctor Carter, este es mi compañero, el detective Murphy.
– Ya me acuerdo de usted -dijo Jon-. Fue a ver a Tess al hospital el año pasado.
Murphy le estrechó la mano.
– Sí. ¿Conocía al doctor Ernst?
– Todos lo conocíamos. Pobre Flo, no quiero ni imaginarme cómo lo debe de estar pasando. Pero sobre todo hemos venido por Tess. -Tensó la mandíbula y su semblante se ensombreció-. Hemos decidido mandar unánimemente a la mierda a quien esté haciendo todo esto. ¿Qué creían? ¿Qué íbamos a abandonarla? Pues no.
– Jon -masculló el otro hombre-. Aquí no. No es el lugar apropiado.
Jon le dirigió un gesto de asentimiento; era obvio que le costaba calmarse.
– Lo siento. Es que todo esto me saca de quicio. Recuerda a Amy, ¿verdad, detective?
– Claro -respondió Aidan, y observó que las mejillas de Jon se sonrojaban y que le palpitaba la vena de la sien. El hombre estaba furioso, pero se controlaba bien-. Qué bien que hayan venido a hacerle compañía a Tess. La pobre lleva un día muy duro.
– Una semana, diría yo -lo corrigió Amy con tristeza-. Me alegro de volver a verlos, detectives. Gracias por cuidar tan bien de Tess. No es una persona fácil de manejar.
– Podrías aplicarte la frase -dijo el otro hombre, y le tendió la mano a Aidan-. No nos han presentado. Soy Robin Archer. Hace mucho tiempo que conozco a Tess.
Aidan abrió los ojos como platos y le estrechó la mano al hombre.
– ¿Usted es Robin?
Jon hizo una mueca risueña.
– Ya le dije que Tess y yo éramos solo amigos.
Aidan se aclaró la garganta.
– Sí. He oído hablar de sus sopas, señor Archer.
Robin esbozó una encantadora sonrisa.
– Tess detesta la sopa, ya lo sé. Por eso se la hago comer.
Aidan dio un resoplido.
– Bien.
Jon se mordió la parte interior de la mejilla.
– Bien. -Luego se puso serio-. ¿Qué ha descubierto, detective? Tess nos ha dicho que el hombre del que sospechaban no es el asesino.
– Tenemos varias pistas bastante seguras. Les daré más información cuando pueda. Doctor Carter, ¿puedo hablar un momento con usted?
Aidan se lo llevó aparte.
– Puesto que me contó lo de su padre, quería decirle que está en la ciudad y que están arreglando las cosas.
Jon suspiró.
– Ya me lo ha contado. También me ha dicho que está enfermo del corazón. Tess necesitará apoyo en los meses venideros. Con lo que le ha costado recuperar la relación, y ahora esto… Pobre Tess.
– También quería hacerle unas preguntas, si no le importa. ¿Puede hablarme de Phillip?
Jon arqueó las cejas.
– ¿Cree que está involucrado en esto?
– Antes tengo que hacerle las preguntas. El autor es alguien con un gran resentimiento hacia Tess por motivos personales.
– Pero ¿Phillip? -Jon suspiró-. Tess y él se conocieron en la facultad de medicina. Él entró a formar parte del grupo porque salían juntos. En general no nos caía muy bien, pero no se lo dijimos a Tess. Yo no llegué a ver la chispa entre ellos, pero Tess parecía amarlo. Siempre pensé que era por lo poco que se parecía a su padre. Su padre es muy exagerado y vehemente, y Phillip no es ni lo uno ni lo otro.
– ¿Es violento?
– ¿Phillip? -Jon parecía verdaderamente asombrado-. Que yo sepa no. Más bien es comedido. Quisquilloso. Dos semanas antes de la boda Tess descubrió que la había estado engañando. El tío no lo negó. Hizo las maletas y se largó de su casa.
– Eso es lo que me ha contado Tess -dijo Aidan pensativo, y Jon aún se asombró más.
– ¿Le ha hablado de Phillip? A mí me costó Dios y ayuda arrancarle esas cuatro cosas.
A Aidan se lo había contado tranquilamente mientras él la estrechaba entre sus brazos. Y esa noche él haría lo mismo. Se sinceraría y le contaría las cosas que le dolían.
– ¿Sabe quién era la mujer?
– No. Phillip y yo no hablábamos nunca. Él es más bien… conservador. No tengo la dirección de su casa, pero trabaja, en el Kinsale Cancer Institute.
– ¿Y cómo se apellida? -La sonrisa de Aidan estaba cargada de ironía-. Solo lo conozco como «don Cabrón».
Jon rió en silencio.
– Le va mejor ese nombre. Se llama Parks, Phillip Parks.
– Una última pregunta. Ha mencionado el grupo… ¿Quién más forma parte de él?
Jon abrió los ojos como platos.
– ¿No pensará…? Bueno, supongo que es normal. Seguro que incluso me tiene a mí en la lista. Antes éramos más, pero hay algunos amigos que se han trasladado. Ahora somos Tess, Robin y yo; y Amy, por supuesto. También están Gen Lake y Rhonda Pérez, pero ya no los vemos tan a menudo.
– ¿Quién ha dejado el grupo en los últimos… seis meses?
En los ojos de Jon se percibió un ligero centelleo.
– Jim Swanson.
– ¿Porqué?
Jon vaciló.
– Se marchó a África a trabajar para Médicos Sin Fronteras.
Aidan percibía que detrás de ese motivo había algo más.
– ¿Y se marchó de repente?
– Nos dijo que llevaba pensándolo un tiempo, pero a nosotros nos cogió por sorpresa.
Aidan estaba seguro de que Jon sabía más cosas, pero decidió atacar por otro flanco. Más tarde hablaría con Tess.
– Gracias, doctor Carter. Le agradezco la información que me ha proporcionado.
– Puede preguntarme lo que quiera, detective. Después de Robin, Tess es la persona que considero más cercana.
Jueves, 16 de marzo, 22.45 horas.
– Ven aquí, Tess.
El padre de Tess ahuecó el cojín del sofá de Aidan y ella se acurrucó a su lado y le puso la cabeza en el hombro.
– ¿Te han gustado los ziti? -Tenía pensado preparar un plato más elaborado pero al haber tenido que ir esa tarde a la comisaría se había visto obligada a echar mano de una receta de última hora.
– Están casi tan buenos como los de tu madre -dijo él lo bastante alto como para que la madre de Tess lo oyera desde la cocina. Luego susurró-: Están igual de buenos. ¿Dónde está tu joven amigo?
– Aún está de servicio. -La llamada había conmocionado a Aidan. Tess llevaba más de dos horas tratando de no pensar en quién podía ser esa vez-. Suele pasar cuando se sale con un policía.
– Parece… agradable. -Le costó pronunciar la palabra, pero hizo sonreír a Tess.
– Es agradable. -Lo oyó resollar-. Papá, no te lo tomes a mal pero deberías volver a casa.
Él irguió la espalda.
– ¿Por qué?
– Porque tienes que estar cerca de tus médicos.