Acto seguido, alguien hizo una síntesis de lo ocurrido apenas unas horas antes. A todos les sorprendió y entristeció a la vez, el descubrir que Sheridan se había convertido en una amenaza. Marco sugirió que se lo enviara a Nabotavia y se lo internara en una clínica de salud mental. Hubo un acuerdo generalizado con ese planteo.
Damián se sintió aliviado. No le interesaba tomarse ninguna revancha. Sólo quería que Sheridan estuviera en un sitio en el que no pudiera lastimar a nadie, y en lo posible, donde lo ayudaran a entenderse a sí mismo y a sus motivaciones. Miró a su familia y se le hizo un nudo en la garganta. En el último tiempo había sido muy duro con ellos y sabía que debía disculparse. Lentamente, se puso de pie y le pidió a Marco que le diera la palabra.
– Lo primero que quiero que sepáis es que he recuperado la vista por completo. Esta mañana he visitado a un especialista en Flagstaff y me lo ha confirmado. Además, quería agradeceros por haberos acomodado a mi ceguera mientras duró. Todos habéis sido muy amables y generosos y en todo momento aprecié lo que hacíais por mí, aunque no siempre lo demostrara.
Karina hizo un comentario gracioso y los demás rieron. Damián la miró y volvió sobre lo que estaba diciendo.
– Hace algunos días, tuve la oportunidad de oír algo de Jan Kreslau, el poeta preferido de nuestro padre. Uno de sus últimos poemas se llama Ojos nuevos para una vida nueva. Creo que es un buen título para mi vida. De alguna manera, quedar ciego fue bueno para mí. He aprendido mucho sobre mí mismo y sobre las cosas que no miraba cuando podía -aseguró, con una sonrisa-. Y también he aprendido mucho sobre vosotros. Os he visto con ojos nuevos y puede que os sorprenda oír que me gustáis. Pero estamos cambiando. Amo Nabotavia. Amo a la familia Roseanova, su historia y sus tradiciones. Creo en nosotros y estoy convencido de que haremos un gran trabajo gobernando nuestro país.
Damián estaba inquieto y, sin quererlo, se balanceaba hacia los lados. Hasta entonces, su intervención no había tenido nada que pudiera generar conflicto alguno. Sin embargo, había llegado el momento de desafiar a los suyos y temía cómo pudieran reaccionar.
– Con todo, creo que deberíamos modificar algunos aspectos del viejo sistema. Las tradiciones son importantes porque nos aportan profundidad y riqueza cultural. Pero a menudo esta cultura comienza a imponer restricciones arcaicas y sin sentido con el pretexto de preservar la tradición. Tenemos que perder los prejuicios y tener la entereza suficiente como para corregir ese error. Soy consciente de que no siempre estaremos de acuerdo acerca de qué es lo bueno para nuestra nación y qué lo que debe ser descartado -hizo una pausa y respiró hondo-. Todo este largo y aburrido discurso tenía por objetivo haceros saber que estoy dispuesto a seguir las normas que la tradición me impone. Aun así, quiero que sepáis que voy a pedirle a Sara Joplin que se case conmigo.
Durante algunos minutos, el murmullo que generó el anuncio de Damián inundó la sala. Tras lo cual, volvieron a escucharlo atentamente.
– No sé si ella va a aceptar -admitió el príncipe-. No le va a hacer ninguna gracia tener que vivir alejada de sus costumbres, pero estoy dispuesto a hacer lo imposible para convencerla. La amo apasionadamente y creo que traería un poco de frescura y entusiasmo a esta familia. Lo único que espero es que vosotros estéis preparados para aceptarla.
– Por esta noche, ya he oído demasiados disparates -gritó la duquesa, volviendo a su típico sarcasmo -. No entiendo para qué os molestáis en informarnos si a fin de cuentas siempre hacéis lo que os da la gana. Primero fue Karina anunciando que iba a casarse con un policía. Después Boris, que se ha casado con nuestra ama de llaves. Me pregunto de dónde vamos a traer a otra empleada tan buena para que la reemplace.
La mujer suspiró afligida y, señalando a Garth, continuó con su reproche:
– Casi de ti preferiría ni hablar. He oído que has rechazado casarte con la princesa Tianna, la preciosa joven con la que has estado comprometido durante años. Una chica que se cansó de esperar que actuaras con ella como se debe y que tuvo las agallas de venir aquí de incógnito para averiguar a qué se debía tanto retraso.
Garth gruñó y su hermana hizo una mueca de disgusto.
– Bueno, las cosas no fueron precisamente así -afirmó Karina-. Me temo, tía, que no tienes la menor idea de lo que estás hablando.
Pero la duquesa no quería escuchar razones.
– Entonces, ¿por qué Damián no debería casarse con su terapeuta? Si aquí todo el mundo hace lo que se le ocurre. Al menos Marco hizo lo correcto cuando se casó -dijo e hizo una reverencia al futuro rey -, y ahora se ha comprometido con la princesa Illiana en Dallas, y estoy segura de que cumplirá con su deber. Al parecer, es el único que no ha olvidado el significado de esa palabra.
La reunión se transformó en una especie de riña de gallos, con bandos enfrentados, gritos y acusaciones descaradas. Damián sonrió. Casi todos los encuentros familiares terminaban de ese modo y pensó cuánto adoraba la pasión de aquella gente. En ese momento, recordó que todavía quedaba un tema delicado por hablar. Era necesario que todos supieran que su padre era el padre biológico de Sheridan. Sara lo había convencido de que sus hermanos ya tenían edad suficiente como para conocer la verdad y que no era justo que cargara con todo el peso sobre sus hombros. Él se había enterado siendo muy joven e impresionable. Desde entonces, se había sentido responsable de preservar la felicidad de sus hermanos y por eso les había ocultado lo de Sheridan. Ahora comprendía que no tenían por qué reaccionar igual que él. Además, Sara le había enseñado que una cosa era querer que los seres amados fueran felices, y otra muy distinta creerse responsable de esa felicidad.
De cualquier modo, decidió que era mejor esperar para hablar con ellos. Al menos, hasta después de la boda de Karina.
Aquella noche, el príncipe se sentía exultante y lleno de amor. Sabía con quién quería disfrutar de esa sensación, de modo que aprovechó el alboroto familiar para escapar de la biblioteca.
Los corredores estaban en silencio y casi a oscuras. Era tarde y la mayoría de los invitados estaban durmiendo. Encontró la habitación de Sara y abrió la puerta con cuidado. La luz de la luna iluminaba el cuarto y Damián pudo ver que su amante estaba recostada en la cama. La observó dormir durante un rato y luego le acarició una mejilla.
– Despierta. Sara.
– ¿Qué?
La mujer abrió los ojos y lo miró aturdida.
– ¿Qué haces aquí, Damián?
– Tengo que hablar contigo y no podía esperar hasta mañana.
– ¿Porqué? -preguntó.
Acto seguido, Sara se acomodó en la cama tratando de dejar espacio para que se acostara junto a ella.
Él le acarició el cabello.
– Estás dormida, ¿verdad? En ese caso, tendrás la guardia baja.
– Supongo que sí -murmuró ella, con los ojos entreabiertos.
– Genial.
Luego, la tomó de los hombros y sonrió.
– Dioses, dadme valor… -respiró hondo -. Sara Joplin, ¿querrías casarte conmigo?
Ella se quedó boquiabierta y con los ojos redondos como platos. Le llevó varios segundos encontrar una respuesta.
– Espera un minuto. Estoy soñando, ¿no es cierto?
– No. Esto es absolutamente real. Quiero que seas mi esposa.
Sara hizo una mueca de desdén.
– Bah, es obvio que es un sueño. Es demasiado bueno para ser real. Los príncipes no les preguntan a las mujeres como yo si quieren casarse con ellos.
– ¿Quién te ha dicho esa estupidez?
– Es algo que sabe todo el mundo. Mera sabiduría popular.
Después, Sara bostezó y se acomodó en la almohada como si quisiese volver a dormir.
– Eh, no te duermas. Te estoy pidiendo que te cases conmigo.
– No, no lo estás haciendo -afirmó ella, mientras negaba con la cabeza-. No puedes pedirme eso porque la realeza no hace cosas así. Annie me ha hablado sobre eso. «Mantente alejada de los nobles», me dijo. «Sólo buscan una cosa y…»