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– Quiero decir que no creo que puedas manejar otro problema en tu vida ahora mismo, y deberías saber que soy poco fiable en lo que a mujeres preocupadas se refiere.

Utilizó la cabeza del putter para alcanzar otra pelota y ponerla en su sitio.

– No es que esté orgulloso de ello, ya me entiendes, pero así son las cosas. Si has concebido sueños con un bonito bungalow cubierto por rosas, y toallas de baño bordadas con un Tu y un Yo, puedes ir deshaciéndote de ellos…

Algo de la suficiente y orgullosa vieja Francesca todavía quedaba en ella y logró brotar de su garganta una risa condescendiente.

– ¿Bungalows cubiertos por rosas? ¿Realmente, Dallie, en qué demonios estás pensando? ¿Yo me casaré con Nicky, recuerdas? Esta es mi última aventura antes de ponerme los grilletes permanentemente.

Excepto que ya no podía casarse con Nicky. Había hecho otra llamada anoche, esperando que él hubiera vuelto ya y pudiera pedirle un pequeño préstamo para no tener que seguir dependiendo del dinero de Dallie.

Su llamada despertó a la criada, que dijo que el Sr. Gwynwyck estaba lejos en su luna de miel. Francesca se había quedado de pie con el receptor en la mano durante un momento antes de colgar el teléfono.

Dallie miró al techo.

– ¿Me estás diciendo la verdad? ¿No hay Tú y no hay Yo? ¿Ningunos planes a largo plazo?

– Por supuesto que digo la verdad.

– ¿Estás segura? Veo algo gracioso en tu cara cuando me miras.

Ella se sentó en una silla y miró alrededor del cuarto como si las paredes de color caramelo y las estanterías para libros del suelo al techo fueran mucho más interesantes que el hombre delante de ella.

– Fascinación, querido -dijo ella despreocupadamente, poniendo una pierna desnuda sobre el brazo de la silla y arqueando el pie-. Además, a fin de cuentas, no eres de mi clase.

– ¿No es nada más que fascinación?

– Que gracioso, Dallie. No pretendo insultarte, pero no soy la clase de mujer que se enamoraría de un empobrecido jugador de golf tejano -Sí, soy, así, admitió silenciosamente para ella. Soy exactamente esa clase de mujer.

– Verdad, tienes razón en eso. Para serte sincero, no puedo imaginarme verte enamorada de nadie empobrecido.

Ella decidió que el tiempo había venido a salvar otro resto pequeño de su orgullo, así que se levantó y se estiró, revelando la orilla inferior de las bragas negras de seda.

– Bien, querido, pienso que me iré, parece que tienes cosas mejores en que ocupar tu tiempo.

El la miró largo rato como si decidiera acerca de algo. Entonces él hizo gestos hacia el lado opuesto de la habitación con su putter.

– Realmente, pienso que tal vez quieras ayudarme. ¿Puedes colocarte allí?

– ¿Por qué?

– Siempre tienes que preguntarlo todo. Yo soy el hombre. Tú eres la mujer. Haz lo que te digo.

Ella le hizo muecas, mientras se colocaba dónde le había pedido, tomándose su tiempo para moverse.

– Ahora quítate esa camiseta.

– ¡Dallie!

– Vamos, esto es serio, y no tengo toda la noche.

No parecía que fuera muy serio, así que se quitó obedientemente la camiseta, tomandose su tiempo y sintiendo una prisa tibia por su cuerpo cuando se desnudaba para él.

El miró sus senos desnudos y las bragas de bikini de seda negras. Entonces dio un silbido de admiración.

– Ahora, esto es fantástico, cariño. Esto es materia verdaderamente inspiradora. Esto va a funcionar mejor de lo que pensaba.

– Qué vas a resolver? -preguntó cautelosamente.

– Algo que todos los jugadores profesionales de golf practicamos. Acuéstate como yo te diga sobre la alfombra. Cuándo estés lista, te quitas esas bragas, me dices una parte específica de tu cuerpo, y yo empezaré a practicar con mi put. Es el mejor ejercicio del mundo para mejorar la concentración de un golfista.

Francesca sonrió y plantó una mano en la cadera desnuda.

– Y acabo de imaginar cuánta diversión deberán tener las pelotas cuando lo hagas.

– Maldición, las mujeres inglesas si que son listas.

– Demasiado listas para permitirte que nos golpeen con eso.

– Tenía miedo que dijeras eso -él apoyó su putter contra una silla y comenzó a andar hacia ella-. Entonces debemos encontrar algo en que ocupar nuestro tiempo.

– ¿Como qué?

El extendió la mano y la lanzo a sus brazos.

– No sé. Lo estoy pensando.

Más tarde, cuando estaba en sus brazos soñolienta tras hacer el amor, consideró cuán extraño era que una mujer que había rechazado al Príncipe de Gales se hubiera enamorado de Dallie Beaudine. Inclinó la cabeza para tocar con los labios su pecho desnudo y le dió un beso suave.

Justo antes de ir a la deriva del sueño, se dijo que haría que se preocupara por ella. Llegaría a ser exactamente la mujer que él quería que fuera, y entonces él la amaría tanto como ella lo amaba.

El sueño no vino tan fácilmente a Dallie… ni esa noche ni durante las semanas anteriores. Podía sentir la víspera de Halloween abatirse sobre él, y trataba de distraerse jugando un torneo de golf en la cabeza o pensando en Francesca.

Para una mujer que se pintaba como una de las mujeres más sofisticadas del mundo y que corría alrededor de Europa comiendo caracoles, la señorita Pantalones de Lujo habría vivido un infierno, en su opinión, si hubiera dormido unas pocas jornadas sobre una manta bajo las gradas del estadio en Wynette High.

Ella no parecía haber pasado suficientes horas entre las sabanas de una cama para relajarse realmente con él, y él podría ver su preocupación por si no hacía lo correcto o si se movía de una manera que lo complacería. Era dificil para él disfrutar con toda esa forma de resuelta dedicación.

Él estaba convencido que ella estaba medio enamorada de él, aunque no le llevaría más de veinticuatro horas estar en Londres para olvidarse hasta de su nombre. De todas formas, tenía que admitir que cuando finalmente la subiera a ese avión, una parte de él iba a hecharla de menos, a pesar del hecho que ella era una cosita batalladora que no pasaba desapercibida.

No podía pasar un sólo dia sin mirarse al espejo y fuera dónde fuera dejaba las cosas tiradas, como si esperara que algún sirviente viniera después a limpiarlo. Aún así, él tenía que admitir que parecía estar haciendo un esfuerzo. Hacía recados en el pueblo para la Señorita Sybil, cuidaba del condenado gato tuerto y trataba de llevarse bien con Skeet contándole historias acerca de todas las estrellas de cine que conocía.

Incluso había empezado a leer a J. D. Salinger. Y lo más importante, finalmente parecía estar creyendo que el mundo no se había creado sólo para su beneficio.

De una cosa si estaba completamente seguro. Mandaría de vuelta al viejo Nicky una mujer muchísimo mejor que la que Nicky le mandó.

Capitulo 14

Naomi Jaffe Tanaka tuvo que refrenarse de saltar de su escritorio y bailar una giga cuando colgó el teléfono.

¡La había encontrado!

¡Después de una cantidad de trabajo increíble, finalmente había encontrado a su Muchacha Descarada! Rápidamente llamó a su secretaria y le dictó una lista de instrucciones.

– No intentes ponerte en contacto con ella; quiero acercarme en persona. Solamente verifica dos veces mi información para cerciorarnos que es correcta.

Su secretaria levantó la vista de su libreta.

– No piensa que ella la rechazará, verdad?

– Pienso que no. No por la cantidad de dinero que le ofreceremos -pero pese a toda su confianza, Naomi no queria confiarse, y sabía que no se relajaría hasta que tuviera una firma sobre la línea de puntos de un contrato acorazado-. Quiero volar tan rápidamente como sea posible. Avísame en cuanto todo esté preparado.

Después de que su secretaria abandonó su oficina, Naomi vaciló un momento y luego marcó el número de su apartamento. El teléfono sonó una y otra vez, pero rechazó colgar. Él estaba allí; su suerte no era bastante buena para hacerlo mágicamente desaparecer. Nunca debería haber acordado dejarlo quedarse en su apartamento. Si alguien en en BS &R lo averiguaba…