Él miró abajo a los dedos del pie de sus zapatillas. Después de un momento de pausa, habló tan bajito que ella apenas pudo oírlo.
– Siento lo del otro día.
– ¿A que te refieres?
– A lo de Hank y Ritchie.
– Ah.
– Sé que no es verdad lo tuyo con todos aquellos otros tipos.
– No, no lo es.
– Lo sé. Me volviste loco.
Un pequeño parpadeo de esperanza llameó dentro de ella.
– Está bien.
– No, no lo está. No debería haber dicho lo que dije. No te debería haber tocado la pierna así. Fue sólo que me volviste loco.
– No pense que… que pudiera volverte loco… En el fondo pensaba que eras algo tímido.
Su cabeza se levantó y por primera vez toda la tarde, él pareció contento.
– ¿Lo soy?
Ella no pudo menos que sonreír.
– No tienes que actuar tan orgulloso de tí. No eres nada tímido.
Él sonrió, también, y esto hizo su cara tan hermosa que su boca se secó.
Se miraron el uno al otro así un ratito, y luego ella recordó lo que Dallie había visto sobre BillyT y lo que él debía esperar de ella. Su felicidad breve se evaporó. Ella accedió a la primera fila de grada y se sentó.
– Sé lo que piensas, pero esto no es verdad. Es que yo…no me gustaba lo que BillyT me hacía.
Él la miró como si le hubiera salido cuernos.
– Eso ya lo sé. ¿Pensabas que yo creí que disfrutabas con lo que él te hacía?
Sus palabras salieron con prisa.
– Pero hiciste parecer tan fácil conseguir que parara. Le dijiste unas pocas palabras a mi madre y se acabó todo. Pero esto no era fácil para mí. Tenía miedo. Él seguía haciéndome daño, y tenía tanto miedo que él hiciera daño a mi madre así antes que él la encerrara. Él dijo que nadie lo creería si lo contaba, que mi madre me odiaría.
Dallie caminó unos pasos y se sentó al lado de ella. Ella podía ver donde el cuero estaba roto sobre los dedos del pie de sus zapatillas y que él había intentado pulir. Ella se preguntó si se lamentaba de ser pobre tanto como ella, si la pobreza le producía el mismo sentido de impotencía.
Dallie se aclaró la garganta.
– ¿Porqué has dicho eso cuando te he regalado la flor? ¿Crees que así conseguiré algo de tí? ¿Piensas que soy de esa clase de personas debido a cómo hablaba el otro día delante de Hank y Ritchie?
– No exactamente.
– ¿Entonces por qué?
– Pensé que tal vez… que después que me viste con BillyT, tal vez esperarías que yo… ya sabes, que tal vez… tendría sexo contigo esta noche.
La cabeza de Dallie se alzó y la miró indignado.
– ¿Entonces por que dijiste que saldrías conmigo? ¿Si piensas que es todo lo que quiero de tí, por qué demonios dijiste que saldrías conmigo?
– Tal vez porque dentro de mí, esperaba equivocarme.
Él se levantó y la miró airadamente.
– ¿Sí? Bien, pues te equivocabas. ¡Seguro como que hay infierno que te equivocabas! No sé que está mal contigo. Eres la muchacha más bonita de Wynette High. Y además eres simpática. ¿ No sabes que me has gustado desde el primer día en la clase de inglés?
– ¿Cómo, como se suponía, que debía saberlo cuando siempre fruncias el ceño cuando me mirabas?
Él no podía mirarla a los ojos.
– Sólo deberías haberlo sabido, eso es todo.
No dijeron nada más. Abandonaron el edificio y anduvieron atrás a través del aparcamiento del estadio. Una gran aclamación sonó por encima de la grada y el altavoz anunció, "Primer Down. Wynette."
Dallie tomó su mano y se la metió, junto con la suya, en el bolsillo de su cazadora azul marino.
– ¿Estás muy enfadada conmigo por llegar tarde?
Holly Grace se giró hacia la puerta del gimnasio. Por una fracción de segundo se sintió desorientada cuando miró fijamente al Dallie de veintisiete años que se apoyaba contra el poste del centro, pareciendo más alto y más sólido, pero tan hermoso como el niño malhumorado de diecisiete años del que se había enamorado. Ella se recuperó rápidamente.
– Desde luego que estoy enfadada. En realidad, le dije a Bobby Fritchie que saldría con él esta noche para salir con él en vez de esperarte -se colgó el bolso de su hombro y le dejó cogerla de la mano-. ¿Has averiguado algo sobre la pequeña muchachita británica?
– Nadie la ha visto, pero no creo que esté todavía en Wynette. La señorita Sybil le dio el dinero que le dejé, debería estar ya de camino a Londres.
Holly Grace podía ver que él estaba todavía preocupado.
– Pienso que te preocupas más por ella de lo que quieres admitir. Aunque para serte sincera… aparte del hecho que era una chica realmente guapa… No sé exactamente por qué.
– Ella era diferente, eso es todo. Te diré una cosa. Nunca en toda mi vida me había implicado con una mujer tan diferente a mí. Las contraposiciones pueden atraer al principio, pero no se mantienen juntas demasiado tiempo.
Ella le miró, había una tristeza breve en sus ojos.
– A veces las parejas que tienen mucho en común, tampoco se mantienen demasiado tiempo.
Él le agarró, moviéndose de aquel modo lento, atractivo que solía derretir sus huesos. La cogió en sus brazos para bailar, tarareando "You've Lost That Lovin Feelin" en su oído. Incluso con la música improvisada, sus cuerpos se movían juntos perfectamente, como si hubieran estado bailando el uno con el otro durante un millón de años.
– Maldita sea, si que eres alta cuando llevas esos zapatos -se quejó él.
– ¿Eso te pone nervioso, verdad? Que tenga necesidad de ponerme a tu misma altura.
– Si Bobby andara por aquí y te viera llevar esos tacones altos sobre su parquet de baloncesto nuevo, no podría defenderte.
– Es complicado para mí pensar en Bobby Fritchie como el entrenador de baloncesto de Wynette. Recuerdo pasar por la puerta de la oficina mientras los dos estabaís allí detenidos.
– Eres una mentirosa, Holly Grace Beaudine. Nunca me detuvieron por la mañana en mi vida. Solía tener mucho cuidado.
– Lo hiciste, y lo sabes. La señorita Sybil levantaba tanto infierno siempre que cualquiera de los profesores se quejaba de tí que estaban cansados de discutir con ella.
– Tú lo recuerdas a tu manera, y yo a la mía.
Dallie descansó la mejilla contra lo suya.
– Recuerdo nuestro primer baile de principio de temporada. Creo que no he sudado tanto en mi vida. Durante todo el tiempo que estubimos bailándo, seguía teniendo la necesidad de poner más espacio entre nosotros debido al efecto que tenías sobre mí. Todo en lo que podía pensar era como llevarte al asiento trasero de El Dorado que había tomado prestado, excepto que sabía que volvería sólo, no podía tocarle debido al modo en que habíamos hablado. Fue la noche más miserable que he pasado en toda mi vida.
– Según recuerdo, tus noches miserables no duraron demasiado tiempo. Debo haber sido la muchacha más fácil de todo el condado. Maldita sea, me pusiste de tal manera que no podía pensar en nada excepto en tener sexo contigo. Después de que BillyT me hiciera sentir tan mal, estaba dispuesta a ir al infierno para hacerlo…
Holly Grace estaba tumbada encima de la estrecha cama de la lamentable habitación de Dallie, con los ojos entrecerrados cuando él empujó su dedo dentro de ella. Él gimió y se frotó contra su muslo.
Sentía la tela de sus vaqueros contra la piel desnuda de su pierna. Sus bragas estaban tiradas en el suelo de linóleo al lado de la cama con sus zapatos, pero por lo demás más o menos estaba vestida… la blusa blanca desabotonada hasta la cintura, el sostén desatado y empujado a un lado, la modesta falda de lana cubría la mano de Dallie mientras él exploraba entre sus piernas.
– Por favor…-susurró ella. Se arqueó contra su palma. Su respiración parecía pesada y estrangulada en su oído, sus caderas se movían rítmicamente contra su muslo. Ella pensaba que no podría soportarlo más.