– ¿La qué?
– La liebrélope. La creación mítica de un taxidermista chiflado, mezcla de una liebre y un antílope. Hay tarjetas postales por todo el oeste.
– Usted no tiene pelos en la lengua, ¿verdad?
– No cuando creo tener la razón, señor.
Dejó el archivo sobre la mesa y se recostó dé nuevo en su silla.
– ¿Y qué me dice de la vista cenital?
– ¿Señor?
– Trion en conjunto. ¿Tiene alguna otra opinión contundente?
– Varias, seguro.
– Bien, oigámoslas.
Wyatt solía pedir análisis competitivos de Trion, y yo me los había aprendido de memoria.
– Pues bien, Trion Medical Systems es un portafolio bastante robusto, tecnologías de primera clase en resonancia magnética, medicina nuclear y ultrasonidos, pero es un poco débil en servicios, como información para el paciente y gestión de activos.
Sonrió, asintió.
– De acuerdo. Continúe.
– La unidad de Soluciones Empresariales obviamente es una porquería, no tengo que decírselo, pero ahí están las piezas necesarias para una penetración en el mercado en toda regla, especialmente en servicios basados en teléfono Internet, en voz activada por circuito, en ethernet. Sí, soy consciente de que la fibra óptica pasa por un mal momento, pero el futuro está en los servicios de banda ancha, de manera que tenemos que aguantar. La división de Aeroespacio ha tenido un par de años bastante duros, pero sigue siendo un magnífico portafolio de productos informáticos.
– ¿Y la Electrónica de Consumo?
– Obviamente es nuestra principal área, razón por la cual vine a trabajar aquí. Es decir, nuestros reproductores de DVD de gama más alta vencen a los de Sony sin esfuerzo. Los teléfonos inalámbricos son sólidos, siempre lo han sido. Los móviles son los reyes: el mercado nos pertenece. Tenemos la marca, podemos cobrar hasta un treinta por ciento más por nuestros productos sólo por el hecho de que ponga Trion en la etiqueta. Pero lo cierto es que hay demasiados puntos débiles.
– ¿Por ejemplo?
– Por ejemplo, es absurdo que no tengamos una forma de acabar con Blackberry. Los sistemas de comunicación inalámbrica deberían ser terreno nuestro. En cambio, estamos cediendo espacio a RIM y a Handspring y a Palm. Necesitamos un sistema inalámbrico de última generación.
– Estamos trabajando en ello. Hay un producto bastante interesante en la sala de espera.
– Buena noticia -dije-. La verdad, me parece que se nos está escapando el tren en cuanto a tecnología y productos para transmitir música y vídeo digital a través de Internet. Deberíamos concentrarnos en Investigación y Desarrollo, tal vez con empresas asociadas. Veo ahí un inmenso potencial de generación de ingresos.
– Creo que tiene razón.
– Y perdóneme por decirlo, pero me parece casi patético que no tengamos una línea seria de productos para niños. Fíjese en Sony: la consola PlayStation puede hacer la diferencia entre números rojos y números negros en según qué épocas. La demanda de ordenadores y electrodomésticos parece bajar cada dos años, ¿no? Aquí luchamos contra fabricantes de Taiwán y Corea del Sur, libramos guerras de precios en artículos como monitores de cristal líquido, vídeo digital y teléfonos móviles: todo eso es parte de la vida. Así que deberíamos vender para niños, ya que a los niños no les importa la recesión. Sony tiene su PlayStation, Microsoft tiene su Xbox, Nintendo tiene GameCube, pero ¿qué tenemos nosotros en el área de videojuegos? Cero coma cero. En una línea de productos orientada al consumidor, esto es una debilidad de talla mayor.
Otra vez se había erguido sobre su asiento, y había una sonrisa críptica en su cara arrugada.
– ¿Qué le parecería hacerse cargo de la reforma del Maestro?
– Nora manda ahí. Francamente, no me sentiría cómodo.
– Usted estaría a sus órdenes.
– No sé si le gustaría.
Su sonrisa se torció.
– Se le pasaría en un par de días. Nora sabe cuál es la mano que la alimenta.
– Por supuesto que no voy a oponerme, señor, pero creo que sería malo para la moral.
– Bien, y entonces ¿qué le parecería venir a trabajar para mí?
– ¿No es eso lo que hago?
– Quiero decir aquí, en el séptimo piso. Asistente especial del presidente en Estrategias de Nuevos Productos. Responsable con firma ante la unidad de Tecnologías Avanzadas. Le daría una oficina en este corredor. Eso sí, no más grande que la mía. ¿Le interesa?
No podía creer lo que oía. Creí que iba a estallar de excitación nerviosa.
– Claro que sí. ¿Estaría a sus órdenes?
– Así es. ¿Trato hecho?
Sonreí lentamente. Ya que estamos, pensé.
– Creo, señor, que a más responsabilidad, más dinero, ¿no es así?
Soltó una carcajada.
– ¿Ah, sí?
– Me gustaría recibir los cincuenta mil adicionales que debí haber pedido cuando entré a trabajar aquí. Y quisiera recibir cuarenta mil más en opciones de compra de acciones.
Se rió de nuevo: un jo-jo robusto, casi al estilo Papá Noel.
– Qué cojones, jovencito.
– Gracias.
– Le diré lo que haremos. No le voy a dar los cincuenta mil más, porque no creo en los «incrementos». Voy a doblar su sueldo. Más los cuarenta mil en opciones. Así se sentirá obligado a ir de culo por mí.
Me mordí el labio para no soltar un grito. ¡Dios mío!
– ¿Dónde vive? -preguntó.
Se lo dije, y negó con la cabeza.
– No es lo más apropiado para alguien de su nivel. Además, con el tiempo que va a pasar trabajando, no quiero que tenga que conducir cuarenta y cinco minutos por las mañanas y cuarenta y cinco por las noches. Tendrá que trabajar hasta tarde, así que quiero que viva cerca. ¿Por qué no se muda a uno de esos pisos que hay en Harbor Suites? Ahora se lo puede permitir. Tenemos a una señora que trabaja con el personal externo, se especializa en alojamiento empresarial. Ella le conseguirá algo bonito.
Tragué saliva.
– Suena bien -dije, tratando de controlar una risita nerviosa.
– Ahora, ya sé que no es fanático de los coches, pero este Audi… ¿Por qué no se hace con algo más divertido? Yo creo que cada persona debería estar enamorada de su coche. ¿Por qué no lo intenta? Quiero decir, no se compre un jet, pero sí algo divertido. Flo puede encargarse de los detalles.
¿Quería decir que iba a darme un coche? ¡Dios santo!
Se puso de pie.
– ¿Y bien? ¿Está usted conmigo? -Estiró la mano, y yo se la estreché.
– No soy idiota -dije.
– No, eso es evidente. Vale, bienvenido al equipo, Adam. Me encantará trabajar con usted.
Salí dando tumbos de su despacho y seguí hacia los ascensores con la cabeza en las nubes. Apenas podía tenerme en pie.
Y en ese momento me contuve, recordé por qué estaba allí, cuál era mi verdadero trabajo: cómo había llegado allí, incluso cómo había llegado al despacho de Goddard. Me acababan de dar un ascenso que estaba mucho más allá de mis capacidades.
Pero, obviamente, yo ya no recordaba para qué sí estaba capacitado.
Capítulo 36
No tuve que darle a nadie la noticia: el milagro del correo electrónico y los mensajes instantáneos ya se había hecho cargo de eso. Para cuando regresé a mi cubículo, el rumor se había propagado por todo el departamento. Goddard era obviamente un hombre de acción inmediata.
No había terminado de entrar al servicio para una meada urgente cuando Chad se había desabrochado la bragueta en el urinario de al lado.
– ¿Qué, es cierto lo que se dice, tío?
Yo miraba la pared de baldosas, impaciente. Necesitaba orinar con urgencia.