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– ¿Qué es esto? -dijo Wyatt. Lo dejó en el banco, se puso una camiseta sin mangas y comenzó a hojear el documento.

– El plan estratégico de Trion para los próximos dieciocho meses. Incluyendo descripciones detalladas de todos los nuevos productos.

– ¿Incluyendo Aurora?

Negué con la cabeza.

– Sin embargo -dije-, Goddard me lo ha mencionado ya.

– ¿Cómo?

– Sólo dijo que había un gran proyecto llamado Aurora, y que le daría un vuelco a la compañía. Dijo que se lo había encargado a Camilletti.

– Ajá. Camilletti está a cargo de las adquisiciones, y mis fuentes me han dicho que el Aurora se montó a partir de una serie de compañías que Trion ha comprado en secreto durante los últimos años. ¿No dijo de qué se trataba?

– No.

– ¿Y usted no preguntó?

– Claro que sí. Le dije que me interesaba hacer parte de algo tan importante.

Wyatt hojeó en silencio la totalidad del plan estratégico. Sus ojos recorrían las páginas rápida, excitadamente. Mientras tanto le pasé a Meacham una tira de papel.

– El número del móvil privado de Jock.

– ¿Jock? -dijo Meacham, disgustado.

– Todos lo llaman así. Eso no quiere decir que andemos cogidos de la mano. De todas formas, esto ayudará a que rastreen sus llamadas más importantes.

Meacham lo recibió sin agradecimiento alguno.

– Algo más -le dije a Meacham mientras Wyatt seguía leyendo, fascinado-. Hay un problema.

Meacham me miró fijamente.

– Cuidado. No nos toque los cojones.

– Hay un nuevo empleado en Trion, un tío llamado Kevin Griffin, está en Ventas. Lo contrataron de aquí, de Wyatt.

– ¿Y?

– Éramos amigos.

– ¿Amigos?

– Más o menos. Jugábamos a baloncesto.

– ¿Se conocían de la empresa?

– Sí.

– Mierda -dijo Meacham-. Esto sí que es un problema.

Wyatt levantó la cara del documento.

– Sácalo -dijo.

Meacham asintió.

– ¿Qué quiere decir eso?

– Que nos encargaremos de él -dijo Meacham.

– Esto es información muy valiosa -Wyatt dijo al fin-. Muy útil. ¿Qué se supone que debe usted hacer con esto?

– Goddard quiere mi opinión general sobre el portafolio de productos. Lo que promete, lo que no, lo que puede tener problemas. Todo eso.

– Eso no es muy preciso.

– Me dijo que quería un paseo en helicóptero sobre el terreno.

– Pilotado por Adam Cassidy, genio del marketing -dijo Wyatt, divertido-. Pues bien, saque lápiz y papel y comience a tomar notas. Voy a lanzarlo al estrellato.

Capítulo 48

Estuve despierto la mayor parte de la noche: desafortunadamente, me empezaba a acostumbrar.

El detestable Nick Wyatt se había pasado más de una hora dándome su opinión completa sobre la línea de producción de Trion, incluyendo todo tipo de informaciones confidenciales, cosas que muy pocos podían saber. Era como recibir la opinión de Rommel sobre Montgomery. Obviamente sabía una barbaridad sobre el mercado, dado que él era uno de los principales competidores de Trion, y tenía todo tipo de informaciones valiosas a las que estaba dispuesto a renunciar sólo para tener a Goddard contento conmigo. Su pérdida estratégica a corto plazo sería su ganancia a largo plazo.

Regresé a Harbor Suites a medianoche y me puse a trabajar con el PowerPoint, arreglando mis diapositivas para la presentación frente a Goddard. Para ser honesto, estaba bastante excitado. Sabía que no podía relajarme; que debía mantener mi rendimiento al máximo. Mientras siguiera recibiendo información confidencial de Wyatt, seguiría causándole buena impresión a Goddard, pero ¿qué pasaría cuando eso ya no sucediera? ¿Qué pasaría si me preguntaba mi opinión sobre algo y yo revelaba mi personalidad verdadera, mi personalidad ignorante? ¿Qué ocurriría entonces?

Cuando no pude seguir trabajando en la presentación, me tomé un descanso y revisé mi correo electrónico personal en Yahoo y Hotmail y Hushmail. La basura acostumbrada: «Viagra Online cómprelo aquí, viagra sin prescripción», y «La mejor página xxx» y «Su hipoteca concedida». Nada de parte de «Arthur». Enseguida entré en la página de Trion.

Un correo me llamó la atención: era de KevinGriffin@trionsystems.com. Lo abrí.

Asunto: Tú

De: KevinGríffin

Para: Acassidy

¡Tío! ¡Cómo me alegro de haberte visto! Qué gusto verte tan elegante y que te vaya tan bien, ¡enhorabuena! Muy impresionado por tu carrera aquí. ¿Qué has bebido? ¡Dame un poco! Estoy tratando de conocer a la gente de Trion y me encantaría comer contigo o algo así. ¡Dime algo!

Kev

No contesté: antes tenía que decidir cómo manejar ese asunto. Era obvio que el tío me había buscado, había visto mi nuevo cargo y no lograba entenderlo. Quería que nos viéramos, y ya fuera para pasar un rato juntos o para husmear, el asunto era grave. Meacham y Wyatt habían dicho que lo «sacarían» (yo no sabía qué podía significar eso), pero hasta que hicieran lo que planeaban hacer tendría que ser más cuidadoso que de costumbre. Kevin Griffin era una bomba montada y lista para estallar. Sería mejor que ni siquiera me acercara a él.

Salí de la página y volví a entrar usando la identificación y lo contraseña de Nora. Eran las dos de la madrugada, y supuse que no estaría conectada. Era un buen momento para tratar de entrar en sus correos archivados, revisarlos y bajar cualquier cosa relacionada con el Aurora, si es que había algo.

Pero me salía contraseña inválida, por favor reintente.

Volví a escribir su contraseña, con más cuidado esta vez, pero volvió a salirme contraseña inválida. Esta vez estaba seguro de no haberme equivocado.

Había cambiado su contraseña.

¿Por qué?

Cuando por fin me fui a la cama, mientras repasaba las posibles razones por las que Nora hubiera cambiado su contraseña, la cabeza me iba a mil por hora. Tal vez el vigilante, Luther, había pasado una noche por su despacho; esperaba encontrarse conmigo para hablar de Mustangs, y en cambio se había encontrado con Nora, que se había quedado a trabajar hasta tarde. Se habría preguntado qué hacía ella en ese despacho, e incluso -no era del todo improbable- la habría interrogado. Y luego le habría dado una descripción y ella lo habría comprendido todo; no habría tardado ni dos segundos.

Pero si era eso lo ocurrido, Nora no se habría limitado a cambiar su contraseña, ¿o sí? Habría hecho mucho más. Habría querido saber qué hacía yo en su despacho sin su permiso. No quise imaginar adónde podía llevar todo aquello.

O tal vez no hubiera malicia alguna en ello. Tal vez ella cambiaba su contraseña rutinariamente, como debían hacerlo cada sesenta días todos los empleados de Trion.

Tal vez no fuera más que eso.

No dormí bien, y tras un par de horas de dar vueltas en la cama, decidí levantarme, darme una ducha e irme al trabajo. El asunto Goddard estaba terminado; era el asunto Wyatt, el espionaje, lo que iba muy, pero muy atrasado. Si llegaba al trabajo suficientemente temprano, tal vez podría averiguar algo acerca del Aurora.

Me miré al espejo al salir. Estaba hecho polvo.

– ¿Levantado ya? -dijo Carlos, el conserje, mientras mi Porsche se detenía frente a la acera-. No puede seguir con este horario, señor Cassidy. Va a ponerse malo.

– Qué va -dije-. Me mantiene en forma.

Capítulo 49

Poco después de las cinco, el parking de Trion estaba prácticamente vacío. Era raro estar allí a esas horas en que el lugar estaba poco menos que desierto. Las luces fluorescentes zumbaban y lo bañaban todo con una especie de niebla verdosa, y olía a gasolina y a aceite de motor y a las demás cosas que gotean de los coches: líquido de frenos, anticongelante, acaso un poco de soda, una Mountain Dew derramada. Mis pasos hacían eco.