– ¿Qué sugiere?
– O va usted a por ellos, o ellos irán a por usted. Tengo un amigo en la Fiscalía General, un tipo de confianza. Wyatt es un pez gordo. Usted puede servírselo en bandeja de plata. El fiscal estaría muy interesado.
– ¿Cómo sé que su amigo no va a detenerme y encarcelarme a mí también?
– Le haré una oferta. Lo llamaré y le diré: tengo algo que puede interesarte. No te daré nombres. Si no negocias con mi chico, le diré, no le pondrás los ojos encima. Si quieres negociar, será en sesión de Reina por un día.
– ¿Qué es «Reina por un día»?
– Es así: vamos a verlo, nos sentamos con el fiscal y un agente. Nada de lo que se diga en esa sesión puede ser usado en su contra.
Miré a Seth, levanté las cejas y enseguida le dije a Shapiro:
– ¿Me está diciendo que podría quedar libre?
Shapiro negó.
– Gracias a su bromita en Wyatt, la fiesta de jubilación del tío del área de carga, tendremos que pensar en declararnos culpables de algo. Usted es un testigo untado, y el fiscal tendrá que demostrar que no ha salido indemne. No será absuelto completamente.
– ¿Algo más grave que un delito menor?
– Podría ser libertad condicional, o algo entre libertad condicional y delito grave, o entre delito grave y seis meses.
– De cárcel -dije.
Shapiro asintió.
– Y eso si están dispuestos a negociar -dije.
– Correcto. Mire, seamos francos, usted está con la mierda al cuello. La ley de Espionaje Económico de 1996 incluyó el hurto de secretos industriales entre los delitos federales. Podrían caerle diez años de cárcel.
– ¿Y Wyatt?
– ¿Si lo cogen? Bajo los Parámetros Penales Federales, el juez debe tener en cuenta el papel del acusado en el delito. Si uno es el instigador, el nivel del delito se incrementa en dos niveles.
– Así que le darán más duro.
– Exactamente. Además, usted no se benefició materialmente del espionaje, ¿correcto?
– Correcto -dije-. Me pagaron, eso sí.
– El sueldo en Trion, que recibió por el trabajo realizado en Trion.
Tartamudeé.
– Bueno, Wyatt siguió pagándome mediante una cuenta secreta.
Shapiro me miró fijamente.
– Eso es grave, ¿verdad?
– Es grave -dijo.
– Con razón aceptaron tan fácilmente -gruñí, más para mí que para él.
– Sí -dijo Shapiro-. Usted mismo se ha puesto el anzuelo. Bueno, ¿quiere que haga esa llamada o no?
Miré a Seth; él asintió. No parecía haber otra opción.
– ¿Por qué no me esperan fuera? -dijo Shapiro.
Capítulo 79
Nos sentamos en silencio en la sala de espera del despacho. Yo era un manojo de nervios. Llamé a Trion y le pedí a Jocelyn que aplazara un par de citas.
Después me quedé un rato pensando.
– ¿Sabes? -le dije a Seth-, lo peor de todo esto es que le di a Wyatt las llaves para que nos robara hasta el último centavo. Ya nos ha arruinado la gran adquisición, y ahora nos va a joder completamente, y es culpa mía.
Seth me miró un largo rato.
– ¿Quién es «nos»?
– Trion.
Negó con la cabeza.
– Tú no eres Trion. Constantemente dices «nosotros» cuando te refieres a Trion.
– Son lapsus -dije.
– No lo creo. Quiero que agarres una barra de jabón ahora mismo, una barra de ese jabón francés de diez dólares la unidad que seguramente usas, y escribas en el espejo del lavabo: «Yo no soy Trion, y Trion no soy yo.»
– Basta -dije-. Pareces mi padre.
– ¿Se te ha pasado por la cabeza que tal vez tu padre no estuviera siempre equivocado? Como los relojes estropeados, que dan la hora correcta dos veces al día. ¿No crees?
– Vete a la mierda.
En ese momento se abrió la puerta y Howard Shapiro estaba allí, de pie.
– No se levante -dijo. En su cara se veía que las cosas no habían marchado bien.
– ¿Qué ha dicho su amigo? -pregunté.
– A mi amigo lo han transferido al Departamento de Justicia. Su sustituto es un cabronazo.
– ¿Hasta qué punto? -pregunté.
– Me ha dicho: «¿Por qué no os declaráis culpables, y veremos qué pasa?»
– ¿Y eso qué quiere decir?
– Quiere decir que usted se declara culpable en privado y nadie se entera de ello.
– No comprendo.
– Si usted le da buenas pruebas, él está dispuesto a darle a cambio un Cinco-K. Cinco-K es la carta que escribe el fiscal al juez pidiéndole que se aparte de los Parámetros Penales.
– ¿Y el juez está obligado a hacer lo que el fiscal le pide?
– Por supuesto que no. Además, no hay ninguna garantía de que este cabronazo le escriba una Cinco-K verdaderamente buena. Francamente, no confío en él.
– ¿Cuál es su definición de «buenas pruebas»?
– Quiere que introduzca un agente secreto.
– ¿Un agente secreto? -dije-. ¡Eso es una locura! Wyatt se daría cuenta. Sólo se reúne conmigo. El tío no es idiota.
– ¿Y qué me dices de un micrófono oculto? -preguntó Seth-. ¿Aceptará un micrófono oculto?
– Soy yo quien no lo aceptará -dije-. Cada vez que estoy en presencia de Wyatt tengo que pasar por un detector de aparatos. Me cogerían, tenlo por seguro.
– No pasa nada -dijo Shapiro-. Nuestro amigo de la Fiscalía no estaría de acuerdo, de todas formas. Sólo negociaremos si usted introduce un agente secreto.
– No lo haré -dije-. Wyatt se daría cuenta. ¿Y qué garantía tengo de que aun así no iría a parar a la cárcel?
– Ninguna -admitió Shapiro-. Ningún fiscal federal le hará una promesa cien por cien segura de que el juez le dará libertad bajo fianza. Pero sea como fuere, el fiscal le ha dado setenta y dos horas para tomar una decisión.
– ¿O qué?
– O pasará lo que tenga que pasar. Si usted no juega con sus reglas, no habrá Reina por un día. Mire, no confían en usted. No lo creen capaz de hacerlo sin ayuda. Y aceptémoslo, tienen la sartén por el mango.
– No necesito setenta y dos horas -dije-. Ya lo he decidido. No juego.
Shapiro me miró con aire extrañado.
– Seguirá trabajando para Wyatt.
– No -dije-. Haré esto a mi manera.
Ahora Shapiro sonreía.
– ¿Y cómo, si puede saberse?
– Pongamos que consigo pruebas verdaderamente concretas contra Wyatt -dije-. Pruebas serias y tangibles de su criminalidad. ¿Podríamos llevar eso al FBI y hacer un trato mejor?
– En teoría, sí, claro.
– Bien -dije-. Creo que prefiero hacerlo por mi cuenta. El único que puede sacarme de esto soy yo.
Seth me enseñó media sonrisa y me puso una mano en el hombro.
– ¿Yo? Y cuando dices yo, ¿no querrás decir nosotros?
Capítulo 80
Recibí un correo electrónico de Alana en el que me decía que estaba de vuelta, que su viaje a Palo Alto había terminado antes de lo previsto -no me explicó por qué, pero yo ya lo sabía- y que le encantaría verme. La llamé a su casa y hablamos un rato del funeral y de cómo me sentía y todo eso. Le dije que no tenía muchas ganas de hablar de mi padre, y en ese momento ella dijo:
– ¿Sabes que tienes un gran problema con Recursos Humanos?
Se me cortó la respiración.
– ¿Ah, sí?
– Sí, señor. El Manual de Directrices de Personal de Trion prohíbe expresamente los romances entre empleados. El comportamiento sexual inapropiado en el lugar de trabajo afecta seriamente a la efectividad organizacional, a través de su impacto en los participantes y colegas.
Exhalé lentamente.
– Tú no estás en mi cadena de mando. Y de todas formas, opino que hemos sido muy efectivos desde un punto de vista organizacional. Y nuestro comportamiento sexual me pareció muy apropiado. Practicamos la integración horizontal. -Alana rió y le dije-: Sé que ni tú ni yo tenemos tiempo, pero ¿no crees que seremos mejores empleados si nos tomamos una noche libre? Hablo de irnos, salir de la ciudad. Ser espontáneos.