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– Podemos ponerlo en remojo -sugirió Felton cuando se quedó a solas con Bosch-. A ver cómo le sienta su primera noche en la cárcel.

– Acaba de decirme que pasó tres años en una prisión de México.

– Eso se lo dice a mucha gente para impresionar. Es como lo de los tatuajes. Después de que apareciera aquí hace un par de años, lo investigamos a fondo y no encontramos nada sobre una cárcel mexicana. Que nosotros sepamos, tampoco ha conducido nunca una Harley, ni solo, ni acompañado por los ángeles del infierno. Creo que unas horas en la cárcel del condado le irán bien. Y con un poco de suerte tal vez tengamos los resultados de balística para el segundo asalto.

Bosch dijo que tenía que usar el teléfono para preguntarle a Billets qué planeaban hacer exactamente con la pistola.

– Como si estuviera en su casa, póngase en cualquier mesa vacía -le ofreció Felton-. Le diré cómo va a ir este asunto, así se lo puede explicar a su teniente. Goshen seguramente llamará a Mickey Torrino, el mejor abogado de Joey El Marcas. Él se opondrá a la extradición e intentará obtener la libertad bajo fianza. La cantidad de la fianza no importa; lo único que quieren es que Goshen pase de nuestras manos a las suyas para poder decidir.

– ¿Decidir qué?

– Si se lo van a cargar. Si Joey piensa que Goshen puede rajarse, se lo llevará al desierto y no volveremos a verlo. Nadie volverá a verlo.

Bosch asintió.

– Llame a su jefa y yo telefonearé a la oficina del fiscal para que trate de conseguir una vista. Cuanto antes mejor; si se llevan a Goshen a Los Ángeles, creo que estará más dispuesto a hacer un trato. Eso si no lo convencemos antes.

– Estaría bien tener los resultados de Balística antes de la vista de extradición. Si Balística demuestra que las pistolas coinciden, seguro que nos lo entregan. El problema es que las cosas en Los Ángeles van muy despacio. Dudo incluso que se haya hecho la autopsia.

– Bueno, llame y luego ya hablaremos.

Bosch telefoneó desde una mesa vacía junto a la de Iverson. Cuando Billets contestó, Harry notó que estaba comiendo. En pocos segundos la puso al día sobre su intento fallido de convencer a Goshen y sobre los planes de que la oficina del fiscal de Las Vegas llevara la vista de extradición.

– ¿Qué quiere hacer con la pistola? -preguntó Harry.

– La quiero aquí lo antes posible. Edgar ha convencido a alguien de la oficina del forense para que haga la autopsia esta tarde. Eso quiere decir que esta noche tendremos las balas y, si nos traes la pistola, podemos llevarlo todo a Balística mañana por la mañana. Hoy es martes. Dudo que se celebre una vista de extradición antes del jueves, y para entonces ya habremos recibido los resultados de Balística.

– De acuerdo. Cogeré el avión.

– Muy bien.

Bosch notó algo extraño en el tono de Billets. Parecía preocupada, y Harry sabía que no era ni por el resultado de Balística ni por lo que estaba comiendo.

– Teniente -le dijo-. ¿Qué pasa? ¿Hay algo que yo no sepa?

Ella vaciló un instante.

– La verdad es que sí.

Bosch comenzó a ruborizarse. Se imaginó que Felton lo había engañado y le había contado a Billets el asunto de Eleanor Wish.

– ¿Qué ha pasado?

– He identificado al hombre que entró en la oficina de Tony Aliso.

– Genial -contestó Bosch, aliviado. Sin embargo, le sorprendió el tono reticente de Billets-. ¿Quién es?

– De genial nada. Era Dominic Carbone, de la DCO.

Bosch se quedó mudo.

– ¿Carbone? ¿Qué coño…?

– No lo sé. Estoy intentando averiguar qué pasa. Me gustaría que estuvieras en Los Ángeles para decidir qué hacemos con todo esto. Goshen puede esperar hasta la vista de extradición; no va hablar con nadie excepto con su abogado. Si vuelves pronto, nos reuniremos todos para discutir el caso. Aún no he hablado con Kiz ni con Jerry porque siguen trabajando en el tema financiero.

– ¿Cómo identificó a Carbone?

– Por pura casualidad. Esta mañana, después de hablar contigo y el capitán, no tenía mucho que hacer en la comisaría, así que me fui a la central a ver a una amiga, una teniente como yo que trabaja en Crimen Organizado: Lucinda Barnes. ¿La conoces?

– No.

– Bueno, pues me fui a verla. Quería indagar un poco, intentar averiguar por qué la DCO había pasado de este caso. Y, mira por dónde, estábamos ahí hablando cuando entró un tío. Su cara me sonaba mucho, pero no me acordaba de quién era. Así que se lo pregunté a mi amiga y ella me contestó que era Carbone. Entonces caí. Era el tío del vídeo; iba arremangado, así que también le vi el tatuaje. Era él.

– ¿Y se lo dijo a su amiga?

– Qué va. Me comporté con naturalidad y salí a escape. Si quieres que te sea sincera, no me hace ninguna gracia esta conexión interna; no sé muy bien qué hacer.

– Ya se nos ocurrirá algo. Bueno, la dejo. Estaré ahí lo antes posible. Lo que puede hacer mientras tanto, teniente, es usar su influencia con los de Balística. Avisarles de que iremos con un código tres mañana por la mañana.

Billets acordó hacer todo lo posible.

Después de reservar el billete de regreso a Los Ángeles, Bosch tuvo el tiempo justo de coger un taxi al Mirage, pagar la factura y pasar por el apartamento de Eleanor para despedirse. Por desgracia, nadie contestó a la puerta. Como no conocía su coche, no pudo descubrir si se hallaba entre los vehículos aparcados. Harry esperó cuanto pudo, pero se arriesgaba a perder el avión. Entonces arrancó una página de su libreta, escribió una nota rápida diciendo que la llamaría y la colocó en el resquicio de la puerta para que cayera al suelo cuando Eleanor la abriera.

Bosch quería esperar un rato más para hablar con ella en persona, pero tuvo que renunciar a ello. Veinte minutos más tarde emergió de la oficina de seguridad del aeropuerto, con la pistola de Goshen envuelta en una bolsa de plástico y metida en su maletín. Y al cabo de cinco minutos se hallaba a bordo de un avión con rumbo a Los Ángeles.

III

Cuando Bosch entró en el despacho de Billets, en seguida notó que estaba preocupada.

– Hola, Harry.

– Hola. Acabo de dejar la pistola en Balística; sólo estaban esperando a que llegaran las balas. No sé con quién ha hablado, pero ha surtido efecto.

– Bien.

– ¿Dónde están los demás?

– En el Archway. Kiz se ha pasado la mañana en Hacienda y después ha ido a ayudar a Jerry con las entrevistas a los socios de Aliso. También le he pedido a Fraudes que nos cediera un par de expertos para repasar la contabilidad de Aliso. Ahora mismo están localizando las cuentas corrientes de las empresas fantasmas para embargarlas. Cuando congelemos el dinero, es posible que salgan de quién sabe dónde unas cuantas personas de carne y hueso. Mi teoría es que Aliso no sólo blanqueaba dinero para Joey El Marcas; hay demasiada pasta en juego. Si los cálculos de Kiz son correctos, Aliso debía de trabajar para casi todos los mafiosos al oeste de Chicago.