– ¿Y ayer por la noche?
– ¿Qué quieres decir?
– ¿Subiste por aquí?
– No, porque no estaba de servicio. Normalmente trabajo de martes a sábado, pero ayer me cambié el turno con un colega que tenía algo que hacer esta noche.
– ¿Y el viernes?
Powers negó con la cabeza.
– Los viernes siempre son muy movidos y, que yo sepa, no recibimos ninguna queja… Por eso no vine.
– ¿Estuviste atendiendo denuncias?
– Sí, la radio no paró en toda la noche. Ni siquiera pude hacer una pausa para un diez siete.
– ¿No cenaste? Eso sí que es dedicación.
– ¿Qué quieres decir?
Bosch comprendió que se había equivocado. Powers se sentía frustrado por su trabajo y Bosch se había pasado con él. Rojo de ira, Powers se quitó las Ray-Ban antes de hablar.
– Mira, tío listo; tú entraste en la brigada cuando se podía, pero los demás… lo tenemos crudo. Nosotros… Yo ya llevo tantos años intentando conseguir una placa dorada que he perdido la cuenta. Y ahora tengo tantas posibilidades de conseguirla como ese desgraciado del maletero. Pero ¿te crees que estoy tocándome las narices? No, señor. Yo salgo cinco noches a la semana a atender las denuncias. Nuestro lema es «Proteger y servir» y eso hago, ¿vale? Así que no me jodas ni me vengas con dudas sobre mi dedicación.
Bosch esperó hasta estar seguro de que Powers había terminado.
– No era ésa mi intención. ¿Quieres un pitillo?
– No fumo.
– De acuerdo, volvamos a empezar. -Bosch permaneció en silencio mientras Powers se ponía las gafas y se calmaba un poco-. ¿Siempre trabajas solo?
– Sí.
Bosch asintió. Algunos agentes patrullaban en solitario y en sus coches recibían todo tipo de llamadas. Normalmente se encargaban de delitos de poca monta, mientras que los coches patrulla con dos agentes llevaban los casos importantes, con mayor peligro potencial. Los policías que trabajaban solos se movían con libertad por toda la división. En la jerarquía del departamento se situaban entre los sargentos y los últimos en el escalafón: los asignados a hacer la ronda en un área determinada de la división. A estas áreas se las denominaba «zonas de coche base».
– ¿Cada cuánto tienes que echar a gente de aquí?
– Una o dos veces al mes. No sé qué pasa con los otros turnos o los coches base, pero normalmente las llamadas de mierda como ésta suelen caernos a nosotros.
– ¿Tienes alguna «extorsión»?
Bosch se refería a unas fichas de siete por doce centímetros, conocidas oficialmente como entrevistas de campo. Los policías las rellenaban cuando paraban a un sospechoso pero no disponían de suficientes pruebas para detenerlo o cuando -como en este caso de violación de la propiedad privada- el arresto sería una pérdida de tiempo. El Sindicato Americano de Derechos Civiles había calificado dichas entrevistas de «extorsiones» y abuso de poder por parte de la policía. Curiosamente se les quedó el nombre, incluso entre los agentes.
– Sí, tengo algunas en la comisaría.
– Bien. Nos gustaría verlas lo antes posible. ¿Podrías preguntarle a los policías del coche base si han visto el Rolls-Royce en los últimos días?
– ¿Ahora es cuando me toca darte las gracias por dejarme participar en la súper investigación y suplicarte que me recomiendes a tu jefe?
Bosch lo miró fijamente antes de responder.
– No, ahora es cuando te toca tener las fichas listas para las nueve de la noche, si no quieres que me queje a tu jefe. Y olvídate del coche base; ya se lo preguntaremos nosotros. No quiero privarte de tu diez a siete dos noches seguidas.
Bosch emprendió el regreso a la escena del crimen. De nuevo caminó lentamente, aunque esta vez buscó al otro lado de la carretera de grava. En dos ocasiones tuvo que salirse de la calzada: primero para dejar pasar a la grúa del Garaje Oficial de la Policía y luego a la camioneta de la División de Investigaciones Científicas.
Bosch llegó al final del camino sin haber encontrado nada, lo cual le reafirmó en su idea de que la víctima había sido asesinada en el claro, dentro del maletero del Rolls. Allí ya estaban trabajando Art Donovan, el experto del Departamento de Investigaciones Científicas y Roland Quatro, el fotógrafo que había venido con él. Bosch se acercó a Rider.
– ¿Has encontrado algo? -preguntó ella.
– No. ¿Y tú?
– Nada. De momento parece que el asesino metió a la víctima en el maletero del coche y cuando llegó aquí, abrió la puerta y le disparó dos veces. Luego el tío se fue andando tranquilamente hasta Mulholland, donde debió de recogerlo otra persona. Por eso está todo tan limpio.
Bosch asintió y preguntó:
– ¿Por qué crees que es un hombre?
– De momento me baso en las estadísticas.
Bosch caminó hacia Donovan, que estaba metiendo la cartera y el billete de avión en una bolsita de plástico especial para pruebas.
– Art, tenemos un problema.
– Ya lo veo -contestó Donovan-. Estaba pensando en colgar unas lonas de los trípodes que aguantan los focos, pero no creo que baste para bloquear la vista a todo el público. Algunos ya pueden prepararse para un buen espectáculo. Bueno, supongo que es una compensación por anular los fuegos artificiales. A no ser que quieras esperar a que acabe el concierto.
– No, si hacemos eso, en el juicio nos comerán vivos por retrasar la investigación. Ya sabes que todos los abogados de este país se han educado con el caso O. J. Simpson.
– Y entonces, ¿qué?
– Haz lo que tengas que hacer aquí lo más rápido posible y luego nos llevaremos todo a la nave. ¿Sabes si está ocupada ahora mismo?
– No, creo que no -respondió Donovan, vacilante-. ¿Qué quieres decir con «todo»? ¿El cadáver también?
Bosch asintió.
– En la nave podrás trabajar mejor, ¿no?
– Mucho mejor, pero ¿qué me dices del forense? Él tiene que autorizar el levantamiento del cadáver.
– De eso ya me encargo yo. Vosotros aseguraos de que tenéis fotos e imágenes en vídeo antes de ponerlo en la grúa por si algo se mueve durante el traslado. Pero primero tomadle las huellas dactilares y pasádmelas.
– De acuerdo.
Donovan se dirigió a Quatro para explicarle el procedimiento y Bosch se volvió hacia Edgar y Rider.
– Muy bien, de momento seguimos con el caso. Si teníais planes para hoy, ya podéis anularlos; va a ser una noche muy larga-les advirtió-. Os cuento el plan.
»Kiz, tú vas a ir casa por casa. -Bosch señaló la cima de la colina-. Ya conoces el procedimiento; preguntar si alguien vio el Rolls y averiguar cuánto tiempo lleva aquí. A ver si hay suerte y encontramos a alguien que oyera el eco de los disparos. Primero tenemos que determinar la hora en que ocurrió el asesinato y después…, ¿tienes teléfono?
– No, tengo la radio del coche.
– No nos sirve. Hay que evitar a toda costa hablar de esto por radio.
– Puedo usar el teléfono de alguna casa.
– Muy bien. Llámame en cuanto termines o ya te avisaré yo por el busca. Después, según como vaya la cosa, tú y yo iremos a dar la noticia al pariente más cercano o a su oficina.
Rider asintió y Bosch se volvió hacia- Edgar.
Jerry, tú vas a trabajar desde la comisaría. Lo siento; te ha tocado el papeleo.
Joder. La nueva es ella.
– Pues la próxima vez no te presentes en camiseta. No puedes llamar a la puerta de la gente vestido así.
– Tengo una camisa en el coche. Me cambio y punto.
– Otra vez será; hoy vas a escribir los informes. Pero antes me gustaría que comprobaras el nombre de Aliso en el ordenador. El permiso de conducir es del año pasado, así que Tráfico tendrá sus huellas dactilares en su base de datos. Trata de encontrar a alguien de Huellas que lo compare con las que Art está tomando del cadáver ahora mismo. Quiero confirmar la identidad lo antes posible.
– Pero si en Huellas no habrá nadie… Art es el único que está de servicio. ¿Por qué no lo hace él?
– Porque va a estar ocupado; tendrás que sacar a alguien de la cama. Necesitamos la identificación.
– Lo intentaré, pero no puedo…
– Muy bien. Después llama a todos los coches base de esta zona y pregúntales si habían visto el Rolls. Powers, el agente que encontró el cadáver, te dará las fichas con las entrevistas de campo de los chicos que suelen merodear por aquí. Quiero que compruebes los nombres en el ordenador antes de empezar a escribir informes.
– A este paso no empezaré ni el lunes que viene.
Bosch no le hizo caso.
– Yo me quedo con el cadáver -explicó-. Si no puedo moverme, Kiz, tú irás a su despacho y yo ya me encargaré de la notificación a la familia. ¿Todo claro?