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Eleanor estaba yéndose por las ramas, retrasando el momento de contarle lo que iba a contarle, pero Bosch no dijo nada. La dejó continuar.

– A Tony Aliso lo seguí un par de veces. Ellos querían saber cuánto dinero se dejaba en las mesas y adónde iba después, lo de siempre. Pero resultó que Tony no perdía demasiado; el tío era bastante bueno a las cartas.

– ¿Adónde iba después de jugar?

– A cenar o al club de strip-tease. A veces hacía recados, cosas así.

– ¿Lo viste alguna vez con una chica?

– Una vez. Lo seguí a pie del Mirage al Caesar's Palace y después a unas tiendas. Luego fue a Spago a almorzar. Estaba solo y entonces apareció una chica joven. Al principio pensé que era una prostituta, pero en seguida me di cuenta de que se conocían. Después de comer volvieron a la habitación del hotel, y cuando salieron cogieron el coche de alquiler y él la llevó a la manicura, a comprar tabaco y al banco, donde ella abrió una cuenta. Nada de especial. Luego fueron al club de striptease de North Las Vegas. Tony salió de allí solo, así que deduje que ella debía de ser una bailarina.

Bosch asintió.

– ¿Estabas espiando a Tony el viernes por la noche? -preguntó Bosch.

– No. Acabamos en la misma mesa por casualidad, porque él estaba esperando a jugar en la mesa con las apuestas más altas. Hacía más de un mes que no había hecho nada para esa gente aparte de pagar el impuesto semanal, hasta que… Terry…

Eleanor se calló. Finalmente habían llegado al punto sin retorno.

– ¿Hasta que Terry qué?

Eleanor miró el horizonte. Las luces del valle de San Fernando comenzaban a encenderse y el cielo había adquirido un tono rosa brillante con pinceladas grises. Bosch la miró a los ojos, mientras ella hablaba con la mirada fija en el atardecer.

– Quillen vino a mi apartamento el día que me acompañaste desde la comisaría y me llevó a la casa donde tú me encontraste. No me dieron explicaciones y me prohibieron salir; me dijeron que nadie sufriría si los obedecía. Yo me quedé ahí un par de días y sólo me pusieron las esposas ayer por la noche. Como si ya supieran que tú ibas a venir.

Eleanor hizo una pausa, como invitando a Bosch a que hablara, pero él no dijo nada.

– Lo que estoy intentando decirte es que no fue exactamente un secuestro.

Bosch volvió a mirarse las manos.

– Y por eso no querías que llamásemos a la Metro -susurró Bosch.

Ella asintió.

– No sé por qué no te lo conté antes. Lo siento mucho, Harry…

Bosch se vio incapaz de hablar. La historia de Eleanor era comprensible y creíble. Incluso sentía lástima por ella y comprendía que se había encontrado en un pozo sin fondo. Entendía perfectamente que no tenía elección. Lo que le costaba aceptar, lo que le dolía más, es por qué ella no se lo había dicho antes.

– ¿Por qué no me lo contaste, Eleanor? -le preguntó finalmente-. ¿Por qué no me lo dijiste esa noche?

– No lo sé -respondió-. Quería… No sé, supongo que esperaba que pasara el tiempo y nunca tuvieras que saberlo.

– ¿Y por qué me lo dices ahora?

Ella lo miró directamente a los ojos.

– Porque no soportaba ocultártelo… y porque mientras estaba en esa casa oí algo que tienes que saber.

Bosch cerró los ojos.

– Lo siento, Harry. Lo siento mucho.

Bosch asintió; él también lo sentía. Se frotó la cara. No quería oír lo que Eleanor le iba a decir, pero que tenía que hacerlo. Su mente se aceleró; sus sentimientos iban de la traición a la comprensión, pasando por una total confusión. Por un lado pensaba en Eleanor y por otro, en el caso. Alguien le había contado a Joey su relación con Eleanor. Bosch pensó en Felton, Iverson, Baxter y en todos los policías que había conocido en la Metro. Alguien le había pasado la información al Marcas y éste había usado a Eleanor como cebo. Pero ¿por qué? ¿Por qué todo ese montaje? Bosch abrió los ojos y miró a Eleanor de forma inexpresiva.

– ¿Qué fue lo que oíste y tengo que saber?

– Fue la primera noche. Yo estaba en la habitación de atrás, la del televisor, el lugar donde tú me rescataste. Los de Samoa me tenían ahí y ellos iban entrando y saliendo. De vez en cuando oía hablar a otra gente en otras partes de la casa.

– ¿Dandi y Quillen?

– No, Quillen se marchó. Conozco su voz y no era él. Y no creo que fuera Dandi. Me parece que eran Joey y otra persona, seguramente el abogado, Torrino. Total, que oí que uno llamaba al otro Joe. Por eso pensé que era El Marcas.

– Vale. Venga, ¿qué dijeron?

– No lo oí todo, pero uno le contaba al otro, al tal Joe, lo que había descubierto sobre la investigación policial, desde la perspectiva de la Metro, creo. Y el tal Joe se enfadó muchísimo cuando le dijeron que habían encontrado la pistola en casa de Luke Goshen. El tío preguntó: «¿Cómo coño encontraron la pistola ahí si nosotros no nos lo cargamos?», y dedujo que los policías debían de haberle colocado la pistola. Entonces añadió: «Dile a nuestro tío que si pretende coaccionarnos se va a enterar». Después de eso ya no oí mucho más porque bajaron la voz y el primer tío sólo se dedicó a calmar al segundo.

Bosch permaneció callado unos segundos, mientras intentaba analizar lo que acababa de oír.

– ¿Crees que era un montaje? -preguntó-. ¿Que lo hicieron expresamente para que tú lo oyeras y me lo contaras a mí?

– Al principio sí, por eso tampoco te lo conté inmediatamente -respondió ella-. Pero ahora no estoy tan segura. Cuando Quillen me llevó hacia allí, yo le hice un montón de preguntas que no me contestó. Pero sí que me dijo una cosa; que me necesitaban un día o dos para que alguien pasara una prueba. No me explicó más. Una prueba, eso es todo lo que dijo.

– ¿Una prueba? -preguntó Bosch, perplejo.

– No hago más que darle vueltas desde que me sacaste de allí -repuso Eleanor. Luego levantó el dedo índice, a modo de introducción-. Empecemos con lo que oí. Digamos que eran Joey y su abogado y que no era un montaje, sino la verdad. Ellos no encargaron el asesinato de Tony Aliso, ¿vale?

– Vale.

– Mirémoslo desde su punto de vista. Ellos no tienen nada que ver con todo esto, pero la policía arresta a uno de sus hombres. Y, por lo que les ha dicho su contacto en la Metro, el caso parece resuelto. Los polis tienen huellas y el arma homicida, que ha aparecido en el baño de Goshen. Joey deduce que la policía se la ha colocado o que Goshen asesinó a Tony por su cuenta. Sea cual sea la respuesta, ¿cuál crees que es la primera reacción de Joey?

– Prevenir los posibles daños.

– Exactamente. Tiene que descubrir qué pasa con Goshen y cómo le puede perjudicar todo esto, pero no puede porque Goshen se ha buscado su propio abogado. Torrino no tiene acceso a él. Así que Joey y Torrino preparan una prueba para comprobar si Goshen se ha buscado su propio abogado para hablar.

– Para hacer un trato con la policía.

– Eso es. Ahora, digamos que por su contacto en la Metro, Joey y Torrino descubren que el policía que lleva el caso tiene una relación con una persona que conocen y sobre la cual tienen poder: yo.

– Así que te llevan a la casa y esperan, porque saben que si yo te encuentro o llamo a la Metro para decir dónde estás, tiene que habérmelo dicho Goshen -dedujo Bosch-. Eso significa que está cooperando con la policía; ésa era la prueba que mencionó Quillen. Si yo no aparezco, quiere decir que todo va bien y Goshen está aguantando el tipo. Pero si yo me presento, sabrán que tienen que cargarse a Goshen lo antes posible.