– ¿No ves? No puedo hacerlo -dijo-. Voy a seguir lastimándote. Nunca he vivido en una casa con personas. Nosotros vivimos en campamentos y aprendemos a defendernos. No he tenido un hogar desde que tenía ocho años. -Solange no sabía si estaba implorando compresión o rogándole que la dejase marchar.
Los dedos continuaron ese lento y seductor masaje.
– Entonces quizá es hora de que tengas un hogar, Solange. Quiero ser tu hogar. Dame tu confianza. Sé que podemos hacer esto.
– Necesitaríamos un milagro -dijo Solange, sacudiendo la cabeza-. Quiero hacer esto, Dominic, de verdad que quiero, pero simplemente no creo que sea capaz. Miro dentro de tus ojos y una parte de mí sabe que estaré a salvo si me entrego a ti, pero me aferro a la seguridad con tanta fuerza que no creo que pueda dejarme ir y enamorarme. Eres como ese héroe increíble, más grande que la vida, que ha entrado en mi pesadilla personal y yo simplemente nunca he creído en héroes.
Él rozó las lágrimas de sus ojos con los dedos, las atrapó en las manos y ejerció presión. Ella contuvo la respiración cuando las abrió. Brillantes gemas de color rojo y verde engarzadas juntas con eslabones de oro yacían en la palma de la mano.
– Verde por tus ojos y rojo por tu temperamento, tengo mucha debilidad por ambos.
Solange habría retrocedido si él no la hubiese sujetado en el lugar.
– Tienes demasiado poder para cualquiera, Dominic. -No podía evitar el temblor de su voz.
– Dices que necesitamos un milagro. -Dio golpecitos en la mano de Solange hasta que la abrió. Dejó caer el brazalete en la palma-. Tenemos un milagro, Solange. Tú y yo juntos podemos ser un milagro. ¿Cuáles son las posibilidades de que te encontrara aquí después de tantos siglos de estar solo, en este lugar donde vine para mi batalla final?
Los dedos de Solange se cerraron alrededor de las gemas y las pegó a ella.
– Quiero ser la mujer que necesitas, Dominic, pero estoy demasiado asustada de perderme.
– ¿Cómo harías eso?
– Me preguntaste que hago cuando no puedo ganar una batalla. ¿Cómo podría ganar alguna vez contigo? Eres demasiado fuerte. No sólo fuerza física. Podría ser capaz de oponerme a eso. No son ni siquiera tus dones. Es el poder en ti. El poder absoluto que percibo irradiando de ti.
Él le sonrió y peinó hacia atrás la caída de ondas suaves alrededor de su cara.
– Ese poder te pertenece, Solange. Está ahí para tu protección. Para tu felicidad. Para tu uso. Te pertenece. Tú aún no lo comprendes, pero eres inteligente y una luchadora. No luches contra mí. Lucha por nosotros. Lucha por mí. Sin ti, no puedo sobrevivir. ¿Puedes hacer eso? -Él se inclinó y le rozó los labios con un suave beso-. Eres una mujer fuerte, Solange. ¿Me salvarás? Eres la única que puede.
El corazón de Solange se contrajo.
– No me necesitas, Dominic. Eres tan… tan absoluto. Podrías tener cualquier mujer que quisieras. Esto tiene que ser un extraño error.
Él negó con la cabeza.
– En muchos sentidos los carpatos parecen ser una especie superior y es cierto que tenemos muchos talentos, pero en verdad, como cada especie, tenemos debilidades. Los jaguares y los humanos pueden formar pareja con cualquiera y a menudo confunden atracción física con una relación duradera. Para los carpatos sólo hay una. Eres mi otra mitad. No hay equivocación, Solange. Fuiste hecha para mí. Si optas por no comprometerte, estaré perdido.
Solange parpadeó para contener las lágrimas y abrió la mano para mirar el brazalete, las fogosas gemas rojas anidadas en su palma.
– Tengo muy, muy mal genio -le advirtió-. Y una boca muy soez.
Muy suavemente, él tomó el brazalete de la mano y se lo abrochó alrededor de la muñeca. Se inclinó y rozó esos labios respingones con otro beso antes de deslizarle la túnica del cuerpo con mucha delicadeza.
– Entonces tendremos que enseñarte otros usos para tu boca. Sueño con eso a menudo.
El cuerpo de Solange reaccionó, inundándose de calor. Él inclinó la cabeza hacia ella, un movimiento lento y seguro que sólo parecía aumentar la expectativa de ella. Las piernas le temblaban y se levolvieron de gelatina. Jadeó cuando él la levantó en brazos y cuando se giraron había una alfombra gruesa y tejida a mano que recubría el banco. Ella tuvo tiempo para un breve pensamiento… ¿cómo lo hace?
– Creo que necesitas relajarte. Estás temblando otra vez.
La colocó boca arriba en la mesa acolchada. Ella clavó la mirada en el techo de la caverna. Era como si hubiese lanzado su túnica azul medianoche encima de ella y hubiera esparcido asombrosas estrellas plateadas por el cielo nocturno. Reconoció la constelación del dragón. Este dragón estaba ardiendo, como si las estrellas no se hubiesen descolorido con el tiempo y todavía tuvieran las alas.
– Voy a darte un masaje en el cuero cabelludo. No tienes que preocuparte por nada, Solange. No estoy esperando o pidiendo nada de ti en este momento. Sólo para relajarse.
Los dedos de Dominic eran fuertes, pero tan suaves. La voz gentil e hipnótica acariciaba su piel como terciopelo mientras los dedos trabajaban su magia.
– Quiero que te sientas cálida, kessake. Y segura. Porque siempre estás a salvo bajo mi cuidado. ¿Sabes lo que es el ritual de unión? ¿Te habló tu prima de ello?
La voz descendió una octava. Solange escuchaba el sonido, concentrándose en cada cadencia y ritmo de su tono mientras contemplaba los ojos ardientes y afilados dientes del dragón en lo alto.
– En realidad no. No entendí lo que dijo.
Su mente estaba un poco nublada por el placer absoluto que producían esas manos. No había manera de que pudiera no relajarse, no con sus grandes manos quitándole la tensión.
– El macho de nuestra especie tiene grabadas las palabras de unión desde antes del nacimiento. Una vez que se las decimos a nuestra compañera, ella está atada, alma con alma, a nosotros. Creemos que el alma se dividió. El varón es la oscuridad y ella la luz.
A pesar de la pura magia de los dedos, ella respingó.
– Seguramente se cometen errores. Ya te lo he dicho antes, queda muy poca luz en mí. Yo mato, Dominic. Planeo un ataque y lo ejecuto con precisión y sin vacilaciones.
Él esperó en silencio, Solange se mordió el labio y luego levantó la mano izquierda en el aire para poder mirar el brazalete. La luz de las velas atrapó los rubíes y las esmeraldas y resplandecieron a la vida.
– Tal vez esa no sea exactamente la verdad. Últimamente, he estado titubeando. -La confesión salió con una queda y pequeña prisa. No quería mentirle-. Las últimas veces que he sabido que iba a matar a alguien, me sentí enferma por dentro. Pero si no lo hago, sé que dañarán a otra mujer en algún momento, en algún lugar y que no hay nadie más para detenerlos.
– Sé que eso fue difícil de admitir para ti misma, ni que decir para mí.
La aprobación en su voz la calentó. Se alarmó al verlo surgir amenazadoramente por encima de ella, pero las manos comenzaron a trabajar en los hombros, esos dedos fuertes penetraban en cada músculo tenso y ella cedió bajo su magia.
– No puede haber error. Cuando oí tu voz, mis emociones regresaron. Después de siglos de vivir de los recuerdos, fue un poco difícil no sentirse abrumado. Mi primer pensamiento fue encontrarte y llevarte conmigo a la fuerza, como creo que habrían hecho mis ancestros. Veo el color. Tu cabello, todo ese cabello suave y sedoso con tantos colores mezclados. -Frotó las hebras entre los dedos-. Tan hermoso.
Ella trató de ahogar el pequeño gemido de placer que suscitaban sus elogios. Intentó concentrarse en la boca del dragón mientras esas manos mágicas continuaban el masaje a lo largo de la clavícula. La sensación era como si sus huesos se derritieran. Su cuerpo comenzó un delicioso cosquilleo, como si sus terminaciones nerviosas hubieran comenzado a excitarse una vez más. Debería haberse alarmado, pero estaba demasiado relajada bajo sus servicios para protestar. La hacía sentirse hermosa y cuidada. La hacía sentirse como si realmente fuera su compañera protegida y a salvo.