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– ¿Por qué no me llevaste a la fuerza? -preguntó ella.

La voz de Solange sonaba lejana, somnolienta. Tal vez incluso un poco sexy. De ninguna manera realmente ella.

Las manos le acunaron los pechos. Los músculos del estómago se apretaron cuando él comenzó un lento y delicado masaje y esta vez había aceite en sus manos. El corazón de Solange latía con fuerza, llamando la atención de Dominic hacia su pulso acelerado.

– Llevarte a la fuerza no sería adecuado para ti. Para algunas mujeres, sí, pero tú, mi kessake, mi gatita… precisas seducción. Delicadeza. Amor. Tengo que ganarme tu confianza y no lo querría de ninguna otra manera.

La mirada de Solange saltó a su cara cuando él tironeó e hizo rodar los pezones entre los dedos índice y pulgar. Dejó tras de sí un aceite de menta que comenzó a generar calor en las propias puntas de los pechos.

– ¿Se siente bien, Solange? Tu cuerpo es sexy, una tentación que se vuelve cada vez más difícil de resistir. Eres muy receptiva y eso es muy tentador para mí.

Bajó la cabeza y la larga cascada de cabello sedoso y negro medianoche se derramó sobre su pecho, atormentándole los sentidos mientras le chupaba el pezón en lo profundo de la boca y lo acariciaba con la lengua. Ella se oyó gemir, un sonido suave y entrecortado que se acercaba a una súplica. Él le acunó ambos pechos, giró la cabeza y encontró el otro pezón, tristemente descuidado y se lo metió en la boca, dándole al pecho izquierdo la misma atención, pausada y tierna. El placer era tan intenso que Solange se estremeció, sus caderas se movieron impacientes.

Las manos bajaron acariciándole las costillas y el vientre. Él encontró los pequeños y tensos músculos y comenzó un masaje lento y acompasado.

– ¿Entiendes, Solange, que eres la única mujer en mi mundo? La única mujer que puede elegir entre la vida y la muerte para mí. Eres el centro de mi universo y siempre lo serás. Cuando te digo que tu placer es el mío, lo digo literalmente. Puedo sentir la respuesta de tu cuerpo. Puedo sentir tu mente relajándose tal como lo hacen tus músculos y me complace ser el único, el único que puede hacer eso para ti. Yo soy el hombre al que tu cuerpo responde y tu mente acepta.

Los dedos resbalaron hacia el pubis, masajearon muy delicadamente, acariciaron superficialmente su sexo húmedo y se movieron hacia el interior de los muslos. La respiración de Solange estalló en una ráfaga irregular mientras las manos continuaban ese masaje que le derretía los huesos y sus músculos tensos. Todo a lo largo de sus pantorrillas hasta los pies, él continuó amasando y acariciando hasta que ella simplemente se derritió allí, sobre la mesa.

La mano sobre el hombro la instó a darse la vuelta. Apenas pudo reunir las fuerzas, estando ya a la deriva en un estado de excitación y relajación. Giró la cabeza hacia un lado cuando él le extendió los brazos a los costados y comenzó a trabajar sobre los hombros con sus dedos sagaces.

– ¿Por qué dijiste que no te puedo acompañar cuando vayas a la reunión de los vampiros, cuando sabes que no seré capaz de mantenerme al margen? -Ella susurró las palabras, las pestañas cayendo mientras las manos iban hacia la espalda.

Estaba usando un aceite de algún tipo. Olía un poco a menta y cuando se lo aplicaba, frotándoselo sobre los músculos, el calor se esparcía. No estaba segura de si era el aceite, las manos o la respuesta de su cuerpo, pero en su interior más profundo, la temperatura se elevó. Él trabajó en cada brazo y luego por la parte baja de la espalda hasta que ella casi ronroneó. Un jaguar puro no podía ronronear, pero su especie podía, gracias a Dios y ahora mismo podría ser un momento apropiado.

– No puedes estar cerca de mí… o de ellos. En el momento en que los parásitos te perciban se tranquilizarán y sabrán que tú o Brodrick estáis cerca. Vamos a necesitar un buen plan.

Ella frotó la mejilla contra el suave acolchado de la mesa.

– Eso era lo que estabas tratando de decirme, pero saqué conclusiones de manera prematura.

– He analizado cómo lo expresé. Quizás pude haber escogido mis palabras más cuidadosamente.

Las manos en la parte baja de la espalda se sentían maravillosamente bien.

– Creo que estás siendo quien eres, Dominic. Fuiste nombrado correctamente. Posees tendencias dominantes. Por desgracia, aunque dudo que naciera con ellas, yo las he desarrollado.

– Tus habilidades de lucha son extraordinarias, como lo es tu coraje en la batalla -reconoció él.

Su elogio envió un cálido rubor a través de ella. Las manos se movieron más abajo, hacia las nalgas, trabajando profundo en el músculo, amasando a conciencia hasta que el cuerpo estuvo flojo. Se tomó unos pocos momentos para acariciar con ternura las curvas exuberantes antes de que las manos le separaran los muslos. Ella pensó en protestar; ya estaba excitada más allá de lo que pensaba que podía soportar. Pero esta vez él comenzó con los pies, así que se sometió, creyéndose a salvo.

Cuántas veces había cojeado en su camino de regreso a esta fría cueva, ensangrentada y dolorida y había deseado justamente esta única cosa… un masaje. Se recordaba contando a su hombre de ensueño cuan a menudo fantaseaba con un masaje. La enterneció que él recordara y se preocupara lo suficiente como para brindarle esta asombrosa experiencia. Nunca se había sentido tan mimada en su vida.

Las manos se abrieron camino firmemente subiendo por las piernas y la respiración de Solange se quedó atascada en la garganta cuando él empezó a presionar y masajear por encima de las rodillas. Las caricias ascendieron más arriba, hacia la unión de las piernas y ella no pudo detener el flujo de húmeda y reveladora excitación. Realmente podía sentir su vagina latiendo, vacía y necesitada. Se le escapó un pequeño y se metió el puño en la boca. Debería haberle pedido que se detuviera, pero se sentía como en el cielo.

– Entonces, ¿qué crees que deberíamos hacer? -Intentó mantener su mente en la batalla, en cualquier distracción, pero era tan consciente de esos dedos fuertes que se acercaban más y más al lugar donde ella más lo necesitaba.

– Creo que tenemos un par de días antes de que la gran reunión se lleve a cabo. Hay más vampiros en la zona. Quiero asegurarme de que se mantengan alejados de la gente de Zacarías.

Ella frunció el ceño.

– ¿Puedes hacer eso?

– Voy a intentarlo. Será una salvaguarda difícil de proyectar y necesitaré sangre para hacerla.

– No me importa que tomes la mía -dijo Solange y se dio cuenta de que era verdad. Prefería proveerle ella antes de que lo hiciese cualquier otro. Al final, cuando había logrado superar el miedo a ser conquistada, lo había encontrado una experiencia erótica.

El dedo bajó por su trasero, trazando la carne firme y se deslizó por su sexo muy húmedo. Ella respiró bruscamente y se dio la vuelta. No podía aceptar un momento más de esas manos sobre ella. Nunca en la vidase había sentido tan necesitada. Dominic retrocedió y la ayudó a sentarse. Estaba demasiado floja para estar de pie.

– No sé si es seguro para mí tomar tu sangre, para cualquiera de nosotros. No hasta que consigamos la información necesaria de los vampiros.

– ¿Para cualquiera de nosotros? -Solange encontraba difícil mirarlo. Era tan hermoso y ella estaba tan desnuda, la piel ruborizada, la respiración casi ronca. ¿Cómo no había quedado tan afectado por tocarla como ella por su toque?

– Tu sangre puede matar a los parásitos y yo los necesito -explicó él-. En cuanto a ti, el acto de tomar tu sangre es muy sensual y no me arriesgaría a perder el control y convertirte. ¿Cómo te sientes ahora?