– Me siento mejor. Gracias.
– ¿Más relajada?
Ella se mordisqueó el labio. No quería mentirle. Él había resultado ser un montón de problemas para ella.
Dos dedos le levantaron el mentón.
– ¿Qué pasa, kessake ku toro sívamak… amada gatita salvaje? Pensé que habíamos acordado que cuando hago una pregunta, requiero una respuesta. ¿No es así de fácil?
Ella negó con la cabeza e intentó una sonrisa.
– No tan fácil como lo haces sonar.
– ¿Qué te da miedo decirme?
Ahora estaba avergonzada de estar sentada delante de él completamente desnuda, con el cuerpo tan insoportablemente excitado que apenas podía pensar con claridad y mucho menos encontrar las palabras correctas para hablarle. Se sentía vulnerable una vez más. ¿Por qué debía ser tan difícil expresar sus necesidades sexuales? ¿Qué más quería de él? La forma en que había dicho que tomar su sangre era sensual y el tono de la voz cuando pronunció las palabras había enviado a su cuerpo ya excitado a un aterrador frenesí de deseo. Se tranquilizó; a pesar de su cuerpo embravecido, desesperado por el orgasmo, no estaba segura de que su mente le permitiese recibirlo sin luchar. Tan típico del jaguar y tan difícil de explicar.
– Es embarazoso y no quiero decepcionarte. -Vamos. Ella le había dicho la verdad. Bien. Tal vez había susurrado, pero logró decir las palabras sin tartamudear.
– Sólo me decepcionas cuando no confías en mí lo suficiente como para compartir tus necesidades.
¿Cómo podría describir el lento… creciente, ardiente e implacable dolor que se negaba a darle descanso? El silencio se prolongó entre ellos. Él no se movió, el cuerpo inmóvil, los ojos en los de ella, negándose a permitirle apartar la mirada.
– Estoy muy… -La voz de Solange se desvaneció y negó con la cabeza-. Siento como si me estuviese quemando viva. Me duele.
Una sonrisa lenta jugueteó brevemente en la boca de Dominic. Los ojos se caldearon.
– ¿Por mí? ¿Yo puse ese dolor aquí? -Los dedos se deslizaron por su estómago desnudo hacia el suave montículo. Las yemas hicieron un lento masaje-. ¿Yo te pongo así? ¿Es toda esta humedad una bienvenida para mí?
Ella cerró los ojos, dejando caer la cabeza hacia atrás mientras Dominic la acariciaba. En lo profundo, su cuerpo empezó a latir.
– Por supuesto que para ti. No sabía que podía sentirme de esta manera.
– Nunca deberías esconderte de lo que eres, Solange. O de tus necesidades. Ciertamente nunca deberías tratar de esconderlas de mí. Soy el único que puede satisfacerte. ¿Entiendes lo que te estoy diciendo? Solo yo. Quiero que te aceptes a ti misma como una mujer, como mi mujer. Nunca he entendido por qué una mujer debería estar insatisfecha sexualmente o de cualquier otra forma. Los compañeros deberían confiar uno en el otro lo suficiente como para compartir sus necesidades.
Muy suavemente, él le presionó la mano contra el hombro y la obligó a tumbarse de nuevo en el banco.
– Sólo relájate otra vez y déjame ubicarte donde te quiero.
Ella se tragó su aprensión y le dejó moverle el cuerpo, con lo que su trasero quedó en el extremo del banco y las piernas flexionadas. Le separó los muslos, tendiéndola allí, con los pies apoyados en el suelo.
Su primera reacción fue cerrar las piernas, pero la mano de Dominic se asentó sobre el interior de la rodilla tan, pero tan suavemente que descubrió que no podía moverse. Trató de respirar de manera uniforme. Él no estaba reteniéndola físicamente, pero aún así, el poder de su mente lo hacía. No quería que se detuviera, pero se sentía absolutamente vulnerable. Su cuerpo estaba abierto ante él, su centro más íntimo. Ella era una mujer y tendría que aceptar la invasión.
Se le escapó un pequeño sollozo. Invasión. ¿Era así cómo veía ella el sexo? ¿El hacer el amor? ¿Qué pasaba con ella? ¿Y cómo podía él soportar él que estuviera tan absolutamente aterrorizada de un acto tan natural? Le deseaba. Lo necesitaba. Estaba excitadísima, tanto que sabía que su aroma impregnaba el aire. Pero no se movió. No podía moverse.
Dominic se cernía totalmente vestido sobre su cuerpo desnudo, y ella encontraba la situación aún más excitante, especialmente cuando la mirada de párpados pesados iba a la deriva tan posesivamente sobre ella. Podía ver que estaba duro, grueso y listo para ella. Ella había hecho eso. Solange Sangria, con su cuerpo no tan perfecto, sus estúpidos balbuceos y los millones de errores que había cometido en la relación. Había sido ella la que había provocado esa tremenda erección en un hombre tan sorprendente, poderoso y tan sensual.
– Cuando dejas escapar esos pequeños y entrecortados sollozos, Solange, debería ser por estar fuera de ti de placer, no porque estás molesta con tus pensamientos. No estás lista para unirte a mí todavía. Cuando lo estés, querrás ocuparte de mis necesidades. Eso será la única cosa que tengas en mente. Dejarán de existir otras preocupaciones aparte de complacerme, como yo hago contigo ahora. Así es como debe ser.
Los dedos trazaron los pechos y luego simplemente bajó la cabeza y tomó posesión de su boca. La sacudida de placer envió una corriente de electricidad directamente a su vagina. Ella gemía mientras la lengua se enredaba y se batía en duelo con la de ella. Nunca había besado a un hombre así. Ni siquiera una vez. Nada la había preparado para Dominic arrastrándola a un mundo sensual y deslumbrante, donde su propio cuerpo se negaba a ser de ella. Su reclamo era la cosa más dominante que jamás había experimentado.
Esa boca se adueñó de la de ella e insistió en su obediencia. Ella no podría haberse detenido si hubiera querido. Además de la naturaleza apremiante y seductora de Dominic, podía saborear la lujuria oscura en él, la pasión que manaba por ella, tan fuerte como un río salvaje. Él parecía alimentarse de su boca, besándola una y otra vez, las manos fuertes enmarcándole el rostro mientras la devoraba.
Justo cuando los brazos de Solange comenzaron a rodearle el cuello, él le mordió el labio inferior con la cantidad suficiente de fuerza para aguijonearla, enviando un dardo de fuego que pasó como un rayo de sus pechos a su sexo. Gimió otra vez cuando él trazó un camino de besos hasta la redondez de los pechos. Allí, la acarició con la nariz por un momento mientras el corazón de Solange saltaba y las caderas se volvían aún más inquietas.
– Adoro cómo suenas. Tan sexy -murmuró contra el pezón.
Antes de que ella pudiera responder, arrastró el pecho dentro de esa caldera extremadamente caliente que era su boca, chupando con fuerza, la lengua dando golpecitos y lamiendo, alternando con los dedos mientras tironeaba y hacía rodar el pezón. Ella oyó su grito roto y las caderas se agitaron. No sabía que pudiera ser tan sensible. Arqueó la espalda dándole mejor acceso, le rodeó la cabeza compulsivamente con los brazos. Trató de ahogar los pequeños sollozos de necesidad que surgieron cuando toda disciplina y pensamiento la abandonaron. Pequeñas luces explotaron detrás de sus ojos y la sensación la abrumó.
Él le prodigó atención a los pechos. Sintió el roce de los dientes y oyó el cambio en la respiración de Dominic… por ella. Todo por ella. Él estaba en su mente, lo que aumentaba su placer, mostrándole a ella el de él. Amaba sus pechos. Podría pasar horas chupando allí, agasajando, jugueteando y atormentando. Algunas de las imágenes de la cabeza de Dominic eran chocantes, pero a pesar de ello muy eróticas, y en ese momento estaba dispuesta a darle cualquier cosa si acababa de aliviar la terrible y creciente urgencia de su cuerpo.
El pelo rozó el estómago de Solange mientras bajaba besándola, deteniéndose sólo un instante para atormentar el ombligo antes de moverse aún más abajo.
– Por esto -murmuró contra el desnudo montículo- no quiero nada entre mi boca y tu piel. Quiero que sientas todo lo que puedo darte.