Las manos le acunaron el trasero y le levantó las caderas hacia su boca, la lengua pasó rápidamente sobre ella con un lánguido y casi perezoso lengüetazo. Pegó un salto y su grito la escandalizó. Ese sonido desesperado y necesitado no podía haber salido de ella.
– Mmm. Delicioso. Sabes a néctar para mí. Espero que lo disfrutes, kessake, porque tengo el presentimiento de que este será uno de mis pasatiempos favorito.
Se tomó su tiempo al principio, un tormento tierno y lento mientras besaba, lamía y exploraba hasta que ella estuvo retorciéndose debajo de su boca. La lengua se hundió profunda y la respiración de Solange salió de forma sibilante. Y entonces le acarició esa dura y pequeña protuberancia donde cada terminación nerviosa se concentraba. Ella casi convulsionó de éxtasis.
Dominic se dio un festín, exactamente como si este fuera su pasatiempo favorito. La lengua experta nunca se detuvo y cuando golpeteó y luego chupó el clítoris, los gritos rotos se convirtieron en súplicas. Se tomó su tiempo, hundiendo los dedos profundamente mientras bebía a lengüetazos de su crema. Los temblores la atravesaban mientras gemía entrecortadamente, desesperada por lograr la liberación. El corazón de Solange latía desenfrenadamente, casi al mismo ritmo con la pulsación de su matriz. Su cuerpo serpenteaba más y más apremiante hasta que la sensación fue casi insoportable. Trató de empujarse sobre la boca; sacudiendo las caderas descontroladamente. El hambre dentro de ella aumentaba más y más sin un final a la vista. Tenía miedo de estar perdiendo la razón, moviéndose agitadamente sobre el tapete, los gritos y las súplicas llenaban la habitación.
La boca implacable no se detuvo, la lengua chasqueó sobre la diminuta protuberancia inflamada, rápido y lento, luego hundiéndola profunda para extraer más néctar, empujándola más allá de cualquier límite que ella nunca hubiese considerado, más allá de cualquier fantasía. Sollozó, imploró y le prometió cualquier cosa si simplemente le permitía llegar al orgasmo. Las caderas se levantaron empujando contra la boca impotentemente. El tormento era exquisito, un placer tan profundo que rayaba con el dolor.
– Dominic, por favor -suplicó-. Necesito…
A mí. Me necesitas a mí.
Las palabras resonaron en su mente. Él levantó la cabeza con ojos centelleantes, casi rojos rubí, una promesa feroz y oscura que por poco le detiene el corazón. Entonces Dominic bajó la cabeza y chupó otra vez en su punto más sensible, golpeteándolo con la lengua fuerte y rápido. Dos dedos la penetraron y ella se atragantó, gritando mientras su cuerpo se apretaba como un torno, el orgasmo recorriéndola rápido y duro, tanto que la espalda se le arqueó y las caderas se restregaron contra las manos.
Las lágrimas le rodaban por el rostro y cuando levantó la mano para enjugarlas, él se movió sobre ella. Le quitó el sudor de la piel como si nunca hubiese estado allí, saboreando sus lágrimas como si fueran un vino fino, retirándole suavemente el cabello húmedo mientras ella bajaba de las impactantes ondas de puro éxtasis. Fue infinitamente tierno, tan amoroso que se sintió envuelta en un capullo de amor cuando hacía mucho tiempo había olvidado que tal cosa existía. Él le estaba dando algo que no tenía precio y no era el éxtasis de su cópula. Le hacía sentir esperanzas otra vez.
La voz tranquilizadora de Dominic le murmuraba al oído diciéndole lo hermosa que era. Cuando encontró energía levantó la mano y recorrió las arrugas en su cara, el pequeño cordón de cicatrices que le llegaba hasta el hombro.
– Me siento como si estuviera en medio de uno de esos cuentos de hadas que mi tía solía contarnos. -La voz era inestable, las pestañas estaban húmedas y puntiagudas y le temblaba la boca-. ¿Eres real, Dominic? ¿Me arriesgo a creer en ti?
Él la levantó en brazos, acunándola cerca de su pecho.
– Sí.
Solange clavó la mirada en esos ojos autoritarios. Él no se movió ni habló. Sólo esperó. Estaba empezando a conocerlo ahora. No le importaba el tiempo que llevara que ella entendiese las cosas. Si necesitaba tiempo, él se lo daría. Algo cambió dentro de ella. Se sentía un poco expuesta; ese trocito de confianza se afianzaba y la hacía demasiado vulnerable a él. Nunca se había permitido necesitar a nadie, era muy fácil que la muerte se los llevara. Había aprendido esa lección a una edad muy temprana. Nadie estaba a salvo. Ni los padres, ni los hermanos recién nacidos. Ni los mejores amigos. Nadie. Si se atrevía a amarlos, pronto le eran arrancados.
– No me has dejado devolvértelo -susurró ella.
– Me has dado más que lo que puedas saber, kessake. Estás agotada. Descansaremos ahora y mañana comerás correctamente.
Sonrió, demasiado cansada para decirle que sonaba como si estuviese dándole órdenes. Y tal vez lo estaba. Pero en este momento necesitaba desesperadamente irse a dormir. Ni siquiera le importó que él abriese la tierra y que descendieran suavemente dentro de ella mientras la abrazaba.
Capítulo 13
Mi amante de ensueño y compañera,
Conoces cada parte de mí.
Estamos ligados para siempre, alma con alma.
Sostienes mi corazón.
De Dominic para Solange
Dominic yació sin aliento un instante y luego al siguiente su corazón empezó a latir apresuradamente, el aire fue empujado a través de sus pulmones y sus ojos se abrieron de repente. Totalmente alerta, dejo caer los dedos sobre el grueso y suave pelaje que lo cubría. En algún momento durante el día, Solange había cambiado a su forma de jaguar. Algo la había molestado lo suficiente para que sintiera la necesidad de tomar la forma de su animal para protegerlos mientras él dormía.
Minan, ¿estás despierta? Vertió amor en su voz. El sol no se había puesto aún, pero estaba cerca. Su cuerpo sentía el cosquilleo de la conciencia que le advertía que la noche no había descendido aún pero estaba cerca para que mantuviera su piel protegida.
¿Los oyes?¿Es lo que te despertó? Han estado trabajando alrededor de la entrada de la cueva durante algún tiempo, pero tus salvaguardas se sostienen. Brodrick no está con ellos.
El jaguar femenino levantó el hocico y se estiró lánguidamente, como sólo un felino podía hacer, pero no saco sus garras para comprobarlas. El conjunto de lisos músculos ondeó bajo la lujosa piel de rico color rojizo y oscuros rosetones.
No había necesidad de que te levantaras aún, ella añadió. Puedo alejarlos si están demasiado cerca. He estado estudiando la situación y sé a dónde los llevaré.
Ésta era su mujer. Calmada. Flemática cuando se enfrentaba a la muerte. Podía manejar una temible batalla con mucha facilidad y cuando se enfrentaba a él era una mujer, era tímida y vulnerable. El contraste de sus dos lados era una de las muchas cosas que lo tenían intrigado. Ella era solo su mujer, ningún otro hombre vería alguna vez su atractivo y suave cuerpo, ruborizado, tan excitado, sólo para él. Nunca le mostraría su mirada aturdida, confusa a nadie más. La Solange que el mundo veía era sólo un lado de ella; él tenía ambas y esto lo complacía enormemente.
Esperaba despertarte con un beso esta mañana. La diversión se desbordaba en su voz.
El jaguar giró la cabeza hacia él, había travesura en sus brillantes ojos verdes. Su larga lengua salió y le raspó la cara. Él se echó a reír. El jaguar le sonrió abiertamente, muy contento con su trabajo. Dominic la empujó, usando su enorme fuerza, cayendo el gato lejos de su cuerpo en el rico suelo, luego se lanzó sobre ella.
Solange se retorció quitándose de su camino de modo que él aterrizó de cuclillas a centímetros de ella. Siguió rodando, se puso de pie y se lanzo sobre él. Él se disolvió en vapor.
Eso es trampa, le acusó, los ojos de su gata miraban la corriente de vapor que salía del profundo pozo hasta el suelo de la caverna. Sabía que a ella no le importaba. Ella tenía sus propias habilidades. Podía saltar unos seis metros y correr a casi cincuenta kilómetros por hora. Tenía una columna vertebral flexible y un radar que decía que él estaba… Su suave risa se burlaba de ella. Estaba buscando en el lugar equivocado.