– Realmente te acepto Dominic. -Bajó las pestañas y su labio inferior tembló ligeramente.
Él acarició con sus dedos su infinitamente suave mejilla.
– Cuando tome tu cuerpo, Solange, no puede haber ninguna duda en tu mente. Pase lo que pase, te pida lo que te pida, debes confiar en mí para hacerlo sin dudar porque sabrás que cada pensamiento que tengo es para ti. Tu seguridad. Tu salud. Tu comodidad. Si yo te hiciera el amor ahora, satisfaría tu cuerpo, pero todavía te preguntarías si te amo por ti misma o porque tengo que hacerlo.
Ella se estremeció. Definitivamente la había leído correctamente. Estaba preocupada por eso. No entendía como él podía estar enamorado de ella. No creía que fuera posible.
– No soy una persona agradable, Dominic.
Él le agarró el mentón con la mano y le levantó la cabeza hasta que su mirada verde se encontró con la suya.
– Ni yo, Solange. No es así como me vería la sociedad. Tomo vidas, como haces tú. Tomo decisiones de vida o muerte cada día y lo he hecho durante siglos. No dudo de mí como tú, quizás porque llevo mucho tiempo persiguiendo a los no-muertos.
– No es lo mismo. Los hombres jaguar son mi gente.
– Maté a mi mejor amigo mientras aun tenía mis emociones, Solange. Habría matado a Zacarías si no hubieras interferido. Le salvaste la vida.
Ella suspiró.
– Simplemente no quiero que tengas una falsa impresión de quién soy.
Él rió suavemente.
– Examino tu mente y veo un alma hermosa. Brillas para mí. Ahora ponte uno de tus vestidos y come algo. Cazaremos más tarde.
Ella respiró hondo y soltó el aire, cuando se giró sus dedos rozaron la pesada erección. La pene se sacudió. Cada terminación nerviosa se incendió. Ella le sonrió descaradamente y se dirigió a la pequeña alcoba, sus caderas tenían un balanceo definitivamente atractivo. Él no podía quitarse su sonrisa predadora.
Miró mientras sacaba el largo vestido rojo metálico.
– El verde. Quiero ver si hace juego con tus ojos.
– ¿El verde?
Había un pequeño hipo en su voz. No estaba completamente lista para ponerse un micro mini-vestido y desfilar delante de él sin otra cosa que la ajustada y ultra reveladora prenda. La estaba empujando fuera de su zona de confort, con fuerza, pero él no estaba seguro de cuánto tiempo más podría resistir. Había pasado de querer su confianza a necesitarla.
Solange se humedeció los labios, pero no se dio la vuelta. Vaciló, pero se las arregló para obligarse a dejar el vestido y sacar el verde de tirantes. Le costó un poco de meneo conseguir que pasara por sus caderas. El material elástico se amoldó a cada curva. Las tiras, hechas de pequeños y delgados tirantes, se arrastraban por delante y por detrás, dejando desnuda la mayor parte de su piel. Los finos tirantes se ajustaron a sus hombros como si hubieran sido hechos para ella, como, se dio cuenta, así había sido. Esto le dio un poco más de confianza.
Se cepilló el cabello espeso y ondulado antes de mirarse de verdad en el espejo de cuerpo entero. El vestido no solo hacía juego con sus ojos, sino que lucía su cuerpo. Las tiras exponían sus pechos, la tela apenas cubría sus pezones. Como era casi transparente, podían verse los pezones de punta a través del material. Las tiras formaban una V hacia el dobladillo del vestido de modo que mostraba su ombligo entre las delgadas tablillas y hasta vislumbró su pubis cuando se movió. Se giró para mirar por encima del hombro. Su espalda y trasero solo estaban cubiertos con las delgadas tiras. Podía ver la mitad inferior de su trasero asomando por el material.
Se contempló, impresionada de cuan excitada se sentía solo vistiendo tal revelador atuendo. Era sexy, y más sabiendo que Dominic lo había hecho para darle la confianza de llevarlo puesto. Quería que él estuviera en tal estado de urgente necesidad que la próxima vez que encontrara una oportunidad, no fuera capaz de resistírsele.
Cuando entró en la caverna las luces suaves jugaban sobre las paredes, la llama ardía sobre la laguna y había puesta una mesa con velas. Él vestía un traje. Alto. Hermoso. Magnifico. Estaba de infarto con su cabello largo recogido con una cinta de cuero y sus ojos cambiantes de un intenso azul turquesa. Sus amplios hombros y estrechas caderas estaban hechos para un elegante traje. Parecía más que nunca del Viejo Mundo. Muy galantemente le tomó la mano y con una pequeña reverencia besó sus nudillos, metió los dedos en el hueco de su codo y caminó con ella hasta la mesa. Le retiró la silla y esperó a que se sentara.
– Puedo oír el latido de tu corazón -le murmuro inclinándose, con la boca en su oído mientras empujaba la silla-. Sigue el ritmo del mío.
Para sorpresa de Dominic y su placer, Solange le sonrió y había seducción en su sonrisa. Ella se movió solo unos centímetros, pero los pechos se estiraron contra las pequeñas tiras delgadas del material, captando su atención. Los dedos de Dominic vagaron sobre la tela elástica deteniéndose un instante en los pezones.
– Me complaces, Solange, haciendo lo que te pedí. Gracias.
– Quería ver esa mirada en tus ojos -confesó, apartando la mirada.
Él abrió la mano y le mostró unos pendientes de rubíes y esmeraldas que hacían juego con su pulsera.
– ¿Puedo?
– Por favor. -Ella se quedó quieta mientras se los ponía en las orejas. Esperaba que doliera, pero no fue así. Se tocó uno-. Combinan con el verde del vestido.
– Las piedras hacen juego con tus ojos -corrigió suavemente-. ¿Qué mirada en mis ojos?
Caminó hasta el otro lado de la pequeña mesa y se sentó frente a ella. Tomó una botella y vertió un líquido brillante en su copa y uno mucho más oscuro en la propia. La luz de la vela jugaba sobre la cara de Solange, acariciando su piel suave e iluminando sus ojos felinos. El deseo golpeó de forma malvada, un asalto inmediato y bastante brutal a su cuerpo. Era tan hermosa por dentro y por fuera, tanto si ella lo creía como si no.
– Me gusta el modo en que me miras -dijo-, como si estuvieras contento conmigo cuando hago algo tan simple como llevar puesto lo que me pides. -Pasó la mano a lo largo de su muslo-. Es un vestido hermoso. ¿Pero no estás preocupado por los jaguares que están cazando cerca?
La mirada de Dominic siguió la nerviosa progresión de la palma cuando ella se acarició el muslo desnudo. El vestido era muy sexy, su cuerpo estaba impresionante bajo las suaves luces parpadeantes. Adoraba cómo jugaban las luces sobre su cara. Ella no era experta en ocultarle sus pensamientos, así que se encontró casi volando cuando tocó su mente y vio el deseo de complacerlo, que hacerle feliz la excitaba. Estaba empezando a verse como él la veía: femenina, atractiva y totalmente suya.
Le indicó que tomara un bocado de su filete. Esperó hasta que hizo lo que le pidió antes de contestar.
– En realidad, dudo que nos estén cazando. Parecen nerviosos, no están cazando. Demasiados vampiros en un área significan que alguien de sangre caliente está en peligro.
Ella empujó los pequeños bocados a un lado del plato.
– Cómo has logrado todo esto, nunca lo sabré.
– Nunca me he sentado en una mesa y compartido una comida -dijo él-. Es una experiencia nueva y muy agradable para mí.
Descubrió que no podía apartar los ojos de ella. Todo lo que ella hacía le encantaba. La forma en que masticaba y tragaba. Sus miraditas nerviosas. La mano que bajaba para tirar del dobladillo imposiblemente corto del vestido. Cada vez que se movía en la silla, su trasero desnudo se deslizaba sobre la madera pulida y él vislumbraba la cautivadora tentación entre sus piernas.
Se inclinó sobre la mesa y esperó a que alzara las pestañas.
– Sueño con tomar tu cuerpo una y otra vez, mientras estás húmeda y caliente con tu néctar sabor a caramelo. Adoro oír el modo en que gimes y lloriqueas, una música tan hermosa, mi gatita. Quiero oírte rogar que nunca abandone tu cuerpo.