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Él mantuvo el mismo tono, como si estuvieran hablando de jaguares y vampiros. Los ojos de ella se abrieron de par en par. Su cuerpo se ruborizó y se movió inquieta en la silla. Él captó la esencia de su excitación. La pequeña lengua de ella salió disparada como una flecha para lamerse nerviosamente los labios. Bajo la delgada tela verde, los pezones se le endurecieron.

– No puedes decirme cosas como esas.

– Es cierto -señaló con la cabeza hacia el cuenco de fruta-. También necesitas comer algo de eso.

– No puedo comer cuando dices cosas como esas. -Se apartó el pelo de donde se le había enredado alrededor de la cara. Las manos le temblaban-. Creo que desde que hemos llegado a casa, he estado en un constante estado de excitación.

– ¿Eso es malo? -Los ojos de ella le intrigaban, pero había una pequeña reprimenda en su voz que envió una onda de calor a través de su cuerpo.

– Lo es cuando se supone que tendríamos que estar concentrándonos en planificar cómo vamos a sobrevivir al irrumpir en una reunión con quién sabe cuantos vampiros, cuando a todos ellos les encantaría desgarrarte y darse un festín con tu sangre.

– Antes de considerar el intentar sobrevivir a los vampiros, tengo que resolver un modo de sobrevivir a este implacable dolor que has puesto aquí. Se niega a irse, Solange. -La mano bajó deliberadamente hacia sus inmaculados pantalones, llamando su atención sobre el grueso bulto de allí-. Y tú lo pusiste ahí.

Los ojos de ella cambiaron. La mujer dolorosamente triste desapareció, solo para ser reemplazada por una seductora. Mostró una sonrisa pequeña y bastante orgullosa mientras cogía el vaso de chispeante champán a la vez que cambiaba de posición de nuevo en la silla, atrayendo la atención de él a sus exuberantes pechos.

– Es muy gratificante saber que no soy la única que está sufriendo.

– ¿Estás sufriendo? -la voz de él bajó una octava.

Ella se lamió las gotas de champán de los labios.

– Sabes que sí.

– ¿Por qué?

– He tenido algunos sueños por mi cuenta -señaló ella-. Mientras tú dormías, he pensado en todas las cosas que me gustaría hacerte.

– Ahora tienes toda mi atención. -Se sentó en la silla, con el corazón palpitante. Por fin. Estaba pensando en él y en la mejor manera de darle placer. Podía ver la determinación en su expresión y en esa sexy e intrigante inclinación de su boca.

– En realidad -le corrigió ella, jugando con el pie de la copa-, siempre tengo toda tu atención, tu completa y absoluta atención. Me haces sentir no sólo hermosa, sino importante y sexy y todo lo que tú necesitas. Me haces sentir importante.

– Eres todas esas cosas.

Ella comió otro bocado de su bistec con un pequeño ceño de concentración en la cara.

– He tenido mucho tiempo para pensar en cosas mientras estabas durmiendo, y me he dado cuenta de que en realidad todo tiene que ver con el valor. Tengo que encontrar el valor de ponerme a mí misma totalmente en tus manos. -Entonces levantó la mirada hacia él, los ojos mostraban la misma determinación, pero esta vez mezclada con temor-. Eso es lo que me estabas diciendo, ¿no?

Él asintió. En ese momento de auto-descubrimiento, ella estaba más hermosa que nunca para él.

– Quieres que reconozca que esta parte de mí es absolutamente tan importante como la luchadora.

– No sólo importante para mí, Solange -estuvo de acuerdo él-, sino también para ti.

– Es mucho más fácil considerar todo esto cuando estoy en mi forma de jaguar. Me siento segura.

– Quiero que te sientas segura conmigo.

Su ceja se alzó.

– Sí y no -señaló ella, demostrándole que era tan astuta e inteligente como él había sospechado-.Te gusto un poco desequilibrada. Tengo el presentimiento de que enredarme contigo es un poco como jugar con fuego. -El pulso del lateral de su cuello palpitó-. No quiero quemarme.

Él le mostró una sonrisa depredadora.

– Solo tú puedes decidir si vale la pena entregarte a mi cuidado. Solo tú puedes decidir confiarme tu corazón, Solange.

Ella dio un bocado a la manzana con expresión pensativa.

– Si hacemos esto, Dominic…

– Cuando -la corrigió él-. Cuando hagamos esto. Porque kessake, no hay duda de que me perteneces. Llegarás a aceptarme finalmente. -Estaba tan cerca. Podía sentir cómo su mente se extendía hacia él, queriendo entregarse, pero el temor de una traición la mantenía paralizada. Le gustaba que estuviera trabajando en ello, analizando cada paso cuidadosamente, como haría su gata. Su reticencia la hacía quererla incluso más.

Ella tomó aire.

– Cuando hagamos esto, tendremos un futuro. ¿Qué significa eso para ti?

– Te uniría a mí, por supuesto -dijo él, clavando su mirada en ella para que no fuera capaz de apartar la vista.

Ella tragó casi convulsivamente.

– Está bien, entendí eso. ¿Pero luego qué?

– Tomaré tu sangre… y tu cuerpo… y te haré completamente mía. -No había ningún compromiso en su voz, o en sus ojos.

Sus pechos subían y bajaban mientras respiraba de forma irregular. Dejó el tenedor y cogió una vez más la copa aflautada.

– Siempre haces que todo suene tan simple.

– Es muy simple, Solange. Cuando estamos en una batalla, confías en mí con tu vida, al igual que yo hago contigo. Aquí, cuando estamos solos, tienes que otorgarme la misma confianza. Ya tengo tu total sinceridad, y eres más leal que nadie que haya conocido nunca. Yo te daré esas mismas cosas a ti todo el tiempo.

Solange se humedeció los labios de nuevo.

– Confío en ti -dijo. Había vacilación en su voz.

Él le sonrió.

– Estás empezando a confiar en mí, y encuentro eso un asombroso regalo. Gracias por creer en mí. Estás sentada ahí llevando un vestido que hice para ti porque quieres complacerme. Y haces mucho, mucho más.

Ella se ruborizó ligeramente, el color resaltaba el verde de sus ojos.

– Dominic, ¿qué hay de después? Juliette fue convertida. Mary Ann, también. ¿Todas las compañeras se convierten?

– Por regla general, pero es una elección. Si escogieras no hacerlo, envejecerías y morirías, y entonces, por supuesto, yo escogería envejecer y morir cuando tú dejases esta vida por la siguiente.

La llama de la vela titiló, lanzando una sombra oscura en la pared. Dominic se incorporó inmediatamente. Ningún enemigo podía penetrar sus salvaguardas. Lo sabía. Hasta ahora… Se giró lentamente, rastreando la oscura sombra.

Lo vislumbró justo un momento. Se camufla dentro de la oscuridad mientras cesa todo movimiento.

Solange se quitó el vestido por la cabeza y lo depositó cuidadosamente sobre la parte trasera de la silla como si fuera precioso para ella. No había ni rastro de pánico en sus movimientos, y Dominic quiso sonreírle. Era la mujer idónea para él, sin lugar a dudas. Toda eficiencia. Cualquier otra cosa se dejaba a un lado, todas las dudas y temores se desvanecían, allá iba su fuerte guerrera, espalda contra espalda con él, contra cualquier adversario.

¿Vampiro? ¿Jaguar? Él no podía oler un enemigo, pero cada instinto le decía que ya no estaban solos.

No lo creo. Mi jaguar puede sernos de más utilidad.

Cambió sin preguntarle si podía, confiando en sus propios instintos como siempre había hecho en la batalla. A pesar del peligro, él sintió el primer atisbo de inquietud ante la idea de perderla. Ella había sido la única en preocuparse por qué ocurriría si algo le sucedía a él, pero en estos extraños momentos, sabía que no querría afrontar la vida sin Solange. Sin su espíritu fiero y luchador y la sensual, tímida mujer que estaba llegando a conocer.

Déjame ir delante de ti.

Cada músculo en el vientre de Dominic se retorció sobre sí mismo en un apretado nudo de protesta. No sabía con lo que estaban tratando. Ella no le había preguntado en realidad, ni siquiera le había dicho que necesitara tenerlo cerca y el guerrero decía que sí mientras que el hombre decía no. Descubrió que estaba en guerra con sus propios instintos.