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– No me mires de esa forma. Estoy bien. Las he tenido peores. Gracias por parar el sangrado. Puede que no hubiera sido capaz de hacerlo por mí misma.

Tiritó y él instantáneamente la envolvió con una manta, el edredón con todos esos símbolos sanadores. Solange sacudió la cabeza.

– No quiero llenarlo de sangre. Es demasiado bello y odiaría estropearlo.

– Déjalo -le pidió él, manteniendo el cobertor en su sitio-. Puedo quitarle la sangre. Simplemente siéntate aquí un minuto, Solange, mientras te limpio. Estas en estado de shock.

– No, simplemente estoy conmocionada porque esa cosa haya conseguido atravesar tus salvaguardas y entrar bajo nuestras narices. Podría haberme matado. Estaba succionando mi sangre rápidamente, más que intentar acabar conmigo. ¿Qué era? -su voz era débil y ronca, como si su cuello hubiese sido dañado en el ataque. Carraspeó varias veces y tosió, llevándose la mano hacia la boca para cubrirla.

Dominic le bajó la mano. La palma estaba manchada de sangre. La levantó y abrió la tierra, haciéndoles flotar hacia el interior dela fértil tierra. La envolvió en el edredón.

– Voy a curarte, kessake. Simplemente descansa. Lo discutiremos en el próximo alzamiento. Mientras tanto, salvaguardaré incluso nuestra agua y las muchas rendijas de las rocas.

Ella tocó su cara de nuevo.

– De veras que estoy bien, Dominic. -Las pestañas se agitaron y bajaron a la deriva.

Dominic sintió el suave susurro del temor arrastrándose hacia abajo por su columna, un susurro que creció en aras del miedo cuando la respiración de ella se volvió dificultosa. Solange ¡No me dejes! El dolor fue agudo y terrible y por ello inesperado. Ella se había enroscado apretadamente en su corazón. Emitió la orden con cada gramo de fuerza que tenía y se puso a trabajar frenéticamente en ella. Hizo falta que saliera tres veces de sí mismo y entrara en ella antes de localizar las diminutas gotas de veneno dejadas por el gato sombra asesino.

Capítulo 14

Mi amante soñado y compañero,

Conoces cada parte de mí.

Estamos unidos para siempre, alma con alma.

Sostienes todo mi corazón.

De Solange para Dominic

Solange volvió en sí lentamente, poco a poco en vez de repentinamente como hacía normalmente. Podía oír su corazón latiendo con fuerza en su pecho y el pulso rugiéndole en los oídos. Sentía la mente lenta y confusa y el cuerpo dolorido. Estaba muy desorientada y no podía mantener los ojos abiertos, lo cual la aterrorizaba. Comenzó a luchar tratando de abrirse camino y salir del sueño, sabiendo que nunca estaba a salvo y que la vigilia era uno de sus momentos más vulnerables.

– Estoy contigo, Solange.

La voz de Dominic penetró las capas de miedo que sentía por no ser capaz de funcionar correctamente y se calmó, consciente de que estaba en sus brazos. Inmediatamente se sintió segura y protegida, una sensación con la que no estaba familiarizada del todo. Podía oler su aroma masculino e inhaló para atraerlo más profundamente a sus pulmones. La tensión retrocedió aún más.

Se humedeció los labios secos y buscó su voz.

– ¿Qué pasó? -Tenía la garganta muy irritada y mucha sed.

– Fuiste atacada por una criatura de las sombras. -Sus manos peinaron hacia atrás su cabello-. Trata de abrir los ojos para mí, hän sívamak, amada. Me has asustado un poco y he de dcir que eso que no me hace feliz.

Ella no pudo evitar la sonrisa ante el filo de su voz. Que lo había asustado era evidente, y que no le gustaba. De algún modo eso la caldeó aún más.

Él se inclinó más cerca, con los labios contra su oído.

– No pareces complacida después de haber estado luchando por tu vida en estos dos alzamientos. Soy muy capaz de castigarte por asustarme.

Sus pestañas revoloteaban y contuvo la oleada de risa con todas sus fuerzas ante la irritación masculina de su voz, que no era propia de Dominic. Al parecer lo había llevado al límite de su paciencia y ni siquiera había sido consciente.

– Si me castigas cada vez que te asuste, creo que vamos a tener problemas.

Encontró la energía para levantar las pestañas. La cara de Dominic quedó enfocada. Todos esos bordes duros y fuertes. Ese magnífico rostro. Sus ojos, azul medianoche, oscuros por la preocupación. Podía ver la tensión donde antes nunca había estado. En realidad parecía agotado. Las horas tratando de salvarla se habían cobrado su precio y no parecía que la tierra le hubiera rejuvenecido mucho.

– Lo siento, Dominic.

Él la besó, un largo, un lento e increíblemente tierno beso. Las lágrimas brotaron de sus ojos y ella parpadeó para alejarlas. Podía sentir cómo el cuerpo de Dominic temblaba contra el suyo.

– De verdad que lo siento. No parecía que la herida fuera gran cosa -reiteró-. Sabía que tú podías detener la hemorragia, así que no estaba preocupada.

– La criatura inyectó tres gotas de veneno en tu torrente sanguíneo. Costó varias sesiones de curación encontrarlas. Sabía que algo andaba mal, estabas alejándote cada vez más de mí.

– ¿Veneno?

Él sacudió la cabeza.

– No creo que la intención fuera matarte. Has sufrido una reacción al veneno. Si la intención hubiera sido esa, la criatura de las sombras te habría inyectado una dosis letal.

Ella le indicó que quería sentarse. Él se movió, sujetándola, permitiendo que se enderezara con mucha cautela. Solange sintió unas pocas nauseas, pero después de inhalar profundamente unas cuantas veces, logró contenerlas.

– ¿Qué fue?

– Si tuviera que adivinar, diría que era muy parecido a los trucos de un mago experto. Xavier ha sido destruido, sé que es cierto, pero le estudié durante años. Usaba criaturas para espiar. En todos mis siglos, nunca me he encontrado con nada parecido, pero he tenido tiempo de considerarlo. Las salvaguardas no lo detuvieron porque llegó a través del agua como una sombra. Deben haber conseguido una muestra de sangre, algún modo de rastrearte a ti específicamente.

Ella respiró hondo.

– Brodrick. Su jaguar me mordió y me arañó. Mi sangre estaría por todo su cuerpo. No he visto magos con demasiada frecuencia en esta área, pero de vez en cuando alguno se presenta. Debe haber utilizado uno para rastrearme.

– La criatura tomó más de tu sangre para llevarla a quien quiera que la envió. Creo que el veneno era para paralizarte, de esa manera serías incapaz de resistirte en caso de que volvieran para cogerte prisionera.

La voz de Dominic era sombría y bajo las pestañas ella le echó un rápido vistazo. Le frotó la mandíbula con la mano donde un músculo palpitaba, revelando su subyacente estado de ánimo de furia contenida.

– Dominic, no importa dónde estemos, vamos a tener enemigos. Ambos. Debes haber hecho muchos en tus siglos de existencia, y aquí, desde luego, yo tengo. Independientemente de lo que tuvieran intención de hacer conmigo, no sucedió. Tú lo impediste.

– Te atacaron en nuestra casa, delante de mis narices.

– Nuestras narices -le corrigió suavemente. Clavó la mirada en él-. ¿Qué te molesta en realidad, Dominic?

Él siseó y sus ojos se convirtieron en verde glaciar.

– Te di mi palabra de que estarías a salvo conmigo cuando estuviéramos solos. Alguien casi te mata y no sólo me asustó como el infierno todas esas horas intentando desesperadamente encontrar lo que se me estaba escondiendo, mientras te alejabas de mí centímetro a centímetro, sino que tuve que afrontar el hecho de que te fallé.