Una lenta sonrisa iluminó la mirada de Solange y se inclinó para rozarle el cuello con la nariz.
– Dios mío, Dominic, no eres perfecto. ¿Tan terrible es eso? -Rió suavemente-. Me mantuviste a salvo. No estoy muerta ¿verdad?, si la situación hubiera sido al revés dudo que yo hubiera podido salvarte. No tengo tu capacidad de sanar.
La envolvió entre sus brazos aplastándola contra él. Por un momento ella pensó que corría peligro de que le rompiera todas las costillas, pero se derritió contra él sin resistencia, reconociendo su necesidad de sostenerla tan cerca como fuera posible. Cuando él suavizó su fuerza y permitió unos centímetros entre ellos, ella inclinó la cabeza para mirarlo a la cara.
La noche había hecho mella en él. Su imperturbable hombre tranquilo en todas las circunstancias, había estado muy angustiado por ella.
– Vamos a rastrear cualquier pista del remitente -sugirió ella-. Mi jaguar no será de demasiada ayuda al principio, no a través del agua. Voy a tener que dar la vuelta a la fuente, pero tú puedes seguirlo a través de las grietas por donde entra el agua.
– ¿Cómo se rastrea a una sombra? -preguntó él en voz alta.
– Es un truco de magia, ¿verdad? -preguntó-. Así que hay una huella. Sólo tenemos que encontrarla. Tú lo sabes mejor que yo. Estás un poco conmocionado en este momento. Buscamos olores y pistas tras las que ir, pero tú puedes bloquear la ilusión del mago. -Vertió su confianza en él con su voz y su mente-. ¿Puedes?
Su sonrisa tardó en llegar. El verde de sus ojos brillaba hacia azul turquesa.
– Creo que sería posible. Me miró, justo antes de que lo destruyéramos.
Solange no puntualizó que ella no había tenido nada que ver con la destrucción del gato sombra, que todo había sido obra de él. Habría perdido la vida si no hubiera sido por él.
– Los ojos estaban vacíos y entonces, sólo por un momento, cambiaron, se volvieron inteligentes y plateados.
Ella sintió la preocupación en su mente, aunque parecía ser sólo la misma especulación de su voz.
– ¿Qué significa eso?
– Algunos magos, muy pocos, pueden poseer otro cuerpo, dejando fragmentos de ellos tras de sí. No es lo mismo que un lazo de sangre, lo que los Carpatos utilizan para rastrear a quién nos pueden traicionar. Una vez dentro del huésped, el mago puede forzar al cuerpo a hacer su voluntad. Hasta donde sé, ningún vampiro lo ha logrado jamás. Y ningún carpato decidiría hacer una cosa tan repugnante.
Todo en ella se inmovilizó. Incluso el aliento en sus pulmones.
– ¿Podría hacerlo alguien como yo? ¿Un jaguar? -Podía oír el rugido de su propio corazón en los oídos.
– ¿Brodrick?
Ella se mordió nerviosamente el labio.
– Le dije que yo era su hija. No me dio el mordisco mortal en el cráneo cuando aterrizó sobre mi espalda, y pudo hacerlo. Fui muy vulnerable durante un momento, y eso era todo lo que habría necesitado, pero dudó. Me mordió y tenía mi sangre sobre él. Tal vez no estaba seguro de que dijera la verdad, pero su jaguar debería haberlo sabido, de modo que no tiene sentido.
– Tendría que ser un mago entrenado para realizar tal hazaña. No sería fácil, y dudo que se haya tomado el tiempo necesario para un entrenamiento tan complejo -dijo Dominic.
Ella dejó escapar un suspiro de alivio.
– Pero tienen la sangre que llevaba él para rastrearme, así que por lo menos conoce al mago, y tiene que ser un mago el que ha enviado a esa criatura. Brodrick sabría de su cooperación. Cambió la sangre por algo de valor.
– Sabemos que tiene una alianza con los vampiros.
Solange se apartó el pesado cabello mientras suspiraba.
– Los otros hombres jaguar no están protegidos de los vampiros o de los magos por su sangre.
– Sabemos que tú tienes algo extraordinario en tu sangre -estuvo de acuerdo Dominic-. He tenido un montón de tiempo para estudiar lo que estaba pasando en mi cuerpo, así como en el tuyo. Tal vez los magos tienen necesidad de ella por alguna razón, y cualquiera dispuesto a forzar el cuerpo de otro que esté a sus órdenes no debe tener acceso a tu sangre.
– Vamos a ello entonces. Nunca esperará que seamos capaces de rastrear a su criatura de vuelta hasta él. Cualquier persona lo suficientemente arrogante como para tomar posesión del cuerpo de alguien creerá que es demasiado poderoso para ser capturado.
De repente, ella fue consciente de su cuerpo. Había estado tan a gusto con él que no se había dado cuenta de que había despertado desnuda. Se sentía bien no estar preocupada por lo que él pudiera pensar de ella. Ella ya lo sabía. No tenía vergüenza o deseo de esconderse de él. En todo caso, se sentía un poco sexy y muy cuidada. Él le había dado una confianza en sí misma que nunca creyó que tendría. No odiaría más sus cicatrices. No le importaba ser demasiado curvilínea para los estándares de la sociedad moderna. Sobre todo apreciaba que sin importar si llevaba vaqueros y camiseta, lista para luchar con él, o si estaba desnuda después de la transformación, o solamente juntos cara a cara como un hombre y una mujer, no tenía que ocultarle quién era.
Él le había dado el regalo de la libertad, de la aceptación, y, alzando la vista a su cara, le abrió el corazón y lo acogió en su interior. Su momento de revelación fue despertarse en sus brazos para verlo castigarse a sí mismo por lo que pensaba que era una imperfección.
– ¿Por qué me miras así, kessake? -preguntó.
Ella pudo ver aparecer el conocimiento en sus ojos y sonrió.
– Creo que estoy locamente enamorada de ti, mi amigo Buscador de Dragones.
– Amante -corrigió el.
Ella le ofreció una sonrisita.
– Todavía no. -Se estiró lánguidamente como sólo un gato podía hacer. Se estiró sensualmente como sólo una mujer segura de sí misma podía hacer-. Vámonos de caza.
Él gimió.
– Eso ha sido simplemente malvado.
La sonrisa de ella se convirtió en una sonrisa completamente arrogante.
– Ahora finalmente estás viendo a la Solange real.
– Me gusta la Solange real.
– Bueno, nadie ha certificado que estés cuerdo, ¿verdad? Sácanos de aquí.
La envolvió en sus brazos y flotaron fuera de la tierra profunda.
– Te estás convirtiendo en una cosita mandona. Puedo ver que te he dado un margen demasiado amplio, mujer.
Ella no iba a poner a prueba la amenaza de su voz. Él tenía un lado decididamente malvado, definitivamente muy sexual, y ella no iba a meterse a sí misma en problemas. Su confianza crecía con cada minuto que pasaba en su compañía, pero tenía la sensación de que él sabía mucho más sobre su cuerpo que ella, y de que utilizaría esos conocimientos en su beneficio. Le acarició el cuello con la nariz.
– Siempre hueles tan bien.
– No debería dejar que escaparas distrayéndome.
Ella le rodeó el cuello con los brazos y levantó la boca hasta la suya, su primer riesgo audaz de iniciar cualquier tipo de contacto físico real entre ellos. Se sentía muy valiente, y su corazón casi estalló cuando los labios de Dominic se movieron bajo los suyos, separándolos para atraer la lengua de ella a su boca. No había ninguna vacilación, sólo la misma impaciencia ardiente que sentía ella. Sus besos la hacían estremecer, la enviaban a otro mundo de sensaciones puras donde se perdía a sí misma, donde su cuerpo ardía en llamas.
Se apretó con fuerza contra él. Le dolían los pechos, y como siempre, estaba mojada y dispuesta para él. No le molestaba que lo supiera. Quería que lo supiera. Se enorgullecía de su reacción ante sus besos inflamados y ardientes.
– Eres tan guapo -murmuró contra su boca-. Realmente, verdaderamente guapo, Dominic. Gracias por salvarme la vida.
Los dedos de Dominic enterrados en su pelo le echaron la cabeza hacia atrás. Su matriz se apretó en respuesta a la repentina agresión.
– Muchísimas de nada. Pero hablaba en serio cuando lo dije. Nunca vuelvas a asustarme así. Si lo hace te meteré en una burbuja impenetrable.