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Ella se rió a carcajadas.

– Probablemente podrías hacerlo. Vamos. Estoy un poco preocupada por si ese mago te vio, podría identificarte ante los vampiros. Si está aliado con Brodrick podría muy bien estar también en estrecha relación con los vampiros y haría volar tu tapadera.

– Protegiéndome de nuevo, ya veo.

Ella se encogió de hombros.

– Funciona en ambos sentidos. Yo no podré elaborar una burbuja impenetrable, pero puedo encontrar otra cosa.

Él le alborotó el cabello, masajeando su cuero cabelludo donde había sido tan rudo antes.

– Apuesto ‹ que podrías, mi pequeña mujer guerrera. Cuando tengamos hijos, hazlos todos niños. Pequeñas niñas correteando sin temor será demasiado para mi corazón.

Solange se alejó un paso, girando la cabeza apresuradamente. Sabía que nunca sería capaz de ocultar la conmoción que sus burlas habían producido. El corazón le latía con tanta fuerza que temió que pudiera estrellarse con su pecho. ¿Niños? ¿Plural? Una familia. Se mordió el labio con fuerza. Supuso que era la progresión natural de una relación comprometida. Dominic siempre iba cinco pasos por delante. Ella todavía estaba de puntillas con lo de tenerle dentro de ella y él ya estaba pensando en niños.

– Estas hiperventilando. -Había diversión en su voz. Una diversión masculina satisfecha y ronroneante.

Solange lo fulminó con la mirada.

– Lo has dicho a propósito.

Definitivamente la mantenía desequilibrada, y en cierto modo era estimulante. Nunca podría estar con un hombre al que pudiera pisar, y mucho menos con alguien que no estimulara su inteligencia. Le gustaba que él jugara. Había olvidado la risa y la burla. Había olvidado cómo jugar y con él esto era pura diversión. Había olvidado vestirse con su ropa sexy. Era una experiencia nueva para ella, un tesoro y nunca jamás se lo contaría a sus primas.

Dominic se encogió de hombros.

– Sin embargo, es cierto.

– Por eso voy a tener diez hijas. Dos a la vez. Y ya que no tengo ni idea de cómo criar niños y tú estás tan bien informado, te dejaré a ti la crianza. -Se las arregló para sonar como si le estuviera haciendo un gran favor, pero la parte de “cierto” había hecho que su estómago se revolviera otra vez.

Él se rió y le dio un codazo.

– Aceptare tus términos. Sobre todo porque nunca cumplirás con ellos. Eres muy obstinada.

– He estado muy tranquila estos últimos días.

– Alzamientos -la corrigió automáticamente-. Estoy en tu mente, nunca lo olvides.

Intentó no sonrojarse. Si estaba en su mente vería bastantes cosas espantosas, sobre todo en los dos últimos alzamientos.

– Deberíamos irnos antes de que el rastro se vuelva demasiado débil.

La sonrisa de él le dijo que sabía que estaba cambiando de tema deliberadamente.

– Supongo que tienes razón, aunque encuentro esta conversación muy interesante. Una vez quite las salvaguardas, espera a que explore la zona y me cerciore de que está despejado antes de salir de la cámara.

Ella puso los ojos en blanco.

– Creo que soy perfectamente capaz de decidir cuándo es seguro emerger. No es como si esta fuera mi primera vez.

– Casi mueres. Te guste o no, vas a tener que soportar estar sobreprotegida un rato.

Secretamente no le importaba su lado protector porque ella iba a hacer lo que fuera para ganar cada batalla, y con un poco de suerte siempre pensarían igual, pero era agradable tener a alguien que se preocupaba por ella.

Le lanzó un beso y cambió, sorprendida de hacerlo con tanta facilidad, segura de él ahora. Le gustaba eso, estar tan segura de él. Dominic realmente confiaba en ella en la lucha, y había descubierto con que podía recurrir a sus experiencias de combate, lo que le daba una visión de la forma en que él trabajaba, y también información valiosa cuando se enfrentara a sus enemigos.

– Voy a seguir el agua hasta la fuente y ver si puedo recoger algunas “huellas”.

Esperaré en el bosque al lado de la corriente donde creo que es más probable encontrar una salida. En algún punto tuvo que ser más que una sombra. Cada vez que atacaba, tenía que convertirse en carne y sangre, por lo que habrá rastros. En esta forma, puedo rastrear cualquier cosa sólida.

Esperó agazapada a los pies de Dominic, aprovechando la oportunidad de examinar su magnífico cuerpo. Realmente era magnífico, aunque encontraba su ruda masculinidad un poco intimidante. Estaba bien dotado, y tenía que admitir que se encontraba mirando a una parte de su anatomía más que a cualquier otra, absorbiendo la forma, la circunferencia y la longitud. Nunca se había sentido intrigada por el falo masculino, ciertamente nunca, la verdad. Ahora se sentía casi obsesionada, con ganas de tocarlo, probarlo, conocerlo tan íntimamente como él la conocía.

Oculta en el interior del jaguar, donde estaba a salvo, suspiró reconociendo que ahora esto era esencial para complacerlo. Ansiaba darle placer. Ella. Ninguna otra mujer. Quería ser la única en enviarlo hasta las nubes, y no sabía nada sobre hacer el amor con un hombre. Ella no hacía ese tipo de cosas con los hombres. Generalmente los mataba.

Dominic dejó caer la mano sobre la cabeza del jaguar.

– Se ha dicho que el sol se esconde en el interior del jaguar por la noche. Después de encontrarte, Solange, creo que podría ser verdad. Te miro, en cualquier forma que elijas mostrarte, y veo la luz brillante que me conduce a través de un laberinto de oscuridad. Sé que nuestra unión ha sido difícil para ti y te agradezco que seas tan abierta a mí.

Solange sintió una curiosa fusión en la región del corazón. Era tan bueno haciéndola sentir hermosa e importante para él. Quería devolvérselo y estaba decidida a aprender.

No habría renunciado a estar contigo por nada del mundo, admitió con timidez. Segura en el cuerpo del jaguar, donde a menudo se ocultaba para contarle a su amante de ensueño sus secretos más profundos, encontró más fácil admitir la verdad ante él.

Él frotó los dedos entre su pelaje durante unos momentos más.

– No hay nadie cerca, kessake. Estás a salvo.

Tú también. Saltó por delante de él, deseosa de continuar con la caza. Demorarse en si iba a ser buena en la cama o no, era deprimente y aterrador. Cazar algo o a alguien peligroso, era vigorizante y natural.

Avanzó lentamente por el laberinto de túneles serpenteantes, torciendo para emerger en el bosque. En el momento que sintió el aire de la noche en su hocico se sacudió, la felicidad estalló a través de ella. Le encantaba el bosque. En el suelo, el aire era rico y tranquilo, con los niveles de oxígeno tan altos que se sentía llena de energía. La selva tropical era vibrante y estaba viva, siempre cambiante y sin embargo siempre la misma. Podía contar con el ciclo de la vida del bosque, todo vivo, respirando, creciendo y muriendo. La muerte y la podredumbre que venían después, a veces rápida a veces lentamente, pero siempre nutriendo y enriqueciendo el ciclo de la vida.

Adoraba la selva tropical durante el día, pero la noche siempre le parecía especial. Éste era su mundo. Puede que quisiera viajar, pero sobre todo quería ver otros mundos como el suyo mientras todavía existieran. El tiempo de la gente jaguar había pasado. No había forma de salvarlos, ya no. No con el liderazgo de Brodrick, que convertía a los hombre en bestias que elegían vivir con la violencia hacia las mujeres, que participaban en la masacre de mujeres y niños a los que consideraban inaceptables.

Como pocos sabían de su especie, no hubo ninguna ley a lo largo de los siglos que protegiera a las mujeres, y sin un líder que reconociera su importancia, la especie quedó condenada. Suspiró y empezó a zigzaguear entre los árboles hacia el pequeño arroyo que había encima de su cueva y que alimentaba la pequeña cascada. Escuchó los murmullos de los animales en el dosel sobre su cabeza. Oyó el revoloteo de alas y a los monos deslizarse de una rama a otra, aún no completamente listos para la noche. Los murciélagos daban vueltas y se zambullían cazando insectos, mientras pequeñas ranas saltaban a lo largo de las ramas de los árboles.