El corazón de Dominic se disparó un poco más con esa mirada tímida y muy nueva. A veces, cuando ella lo miraba, su expresión enviaba a su cuerpo a un estado violento, casi brutal, de excitación. Ella era tan nueva a la idea de compartir su vida con alguien, y sin embargo estaba intentando con todas sus fuerzas encontrar un camino a través del absoluto terror para llegar a él entera. A Dominic le encantaba la experiencia de verla luchar por aceptarlo no sólo a él, sino a su creciente amor por él. Era un viaje inesperado que nunca pensó que experimentaría, y se encontró amándola aún más por ello.
– Cesaro. -Dominic se detuvo fuera de la habitación de Marguarita-. ¿Tienes algún vecino al que se le permita usar los vehículos De La Cruz? Tal vez alguien que estaba aquí el día del ataque, y hace dos noches.
Cesaro se quedó congelado con la mano en la puerta de Marguarita. Se volvió lentamente, con la cara completamente pálida. Sus ojos se eran duros como el diamante.
– Hay un hombre, ha estado intentando cortejar a Marguarita. La familia De La Cruz ha sido buena con él. Compró la finca que limita con la nuestra hace aproximadamente un año. Le quedó poco después de la compra y lo hemos ayudado varias veces.
– Dices que está cortejando a Marguarita.
– Intentándolo. Nosotros lo encontrábamos divertido. Marguarita, como ha visto, es muy hermosa, pero es joven y un poco salvaje. No con los hombres, no me malinterpreten. Es una buena chica. Pero le gusta su independencia. Cocinaba y limpiaba para su padre y escogía los caballos. Ama los caballos y es buena jinete. Ése hombre no podría domarla. Su padre y yo tuvimos muchas noches de diversión con ese cortejo. Marguarita ni siquiera parecía darse cuenta de lo que él estaba haciendo con sus flores y dulces. Ella le sonreía, como hace con todos los trabajadores, y le daba las gracias en nombre de su padre, quien disfrutaría de sus ofrendas. Actuaba como si pensara que él traía esas cosas porque se le permitía coger prestado el equipo.
– ¿Ha mostrado él su enojo por el rechazo?
– Nadie puede estar enojado con Marguarita. Ella es un encanto.
Dominic indicó que abriera la puerta. En el momento en que entró, supo que la muerte había estado muy cerca. Si Zacarías no se hubiera levantado, esta joven una vez vibrante habría muerto. Se veía tan pálida, estaba casi translúcida. Dominic se acercó a la cama. Echó un vistazo a Solange. Ella asintió con la cabeza con comprensión. Él abandonaría su cuerpo y entraría en Marguarita para examinarla, se aseguraría de que sobreviviera y en esta ocasión comprobaría en busca de las astillas de posesión. Solange tendría que cubrirle las espaldas.
– Sería mejor -dijo ella suavemente-, si pudiera usted abandonarnos sólo durante un momento, Cesaro. Y luego nos gustaría mucho conocer al hombre que ha visitado y utilizado uno de sus camiones.
Cesaro asintió y salió de la habitación. Dominic sabía que estaba al lado de la puerta con una mano en el arma. Ya fuera para protegerlos a ellos o a Marguarita, poco importaba. El hombre tenía un deber según lo veía él y estaba preparado para defender la propiedad De La Cruz y a todo el mundo en ella.
– Gente muy leal -dijo Solange.
Dominic sabía que la lealtad era una cualidad que Solange admiraba muchísimo. Echó un vistazo a su cara. Cesaro era un hombre guapo.
Solange se echó a reír.
– Tú eres muy masculino.
Él le envolvió los brazos alrededor de la cintura y la atrajo contra sí.
– Muy macho -confirmó el-. Y guardo lo que es mío.
Solange puso los ojos en blanco.
– Es evidente que estás sintiéndote un poco inseguro esta noche. ¿He hecho algo para hacerte pensar que miro a otro hombre?
– No me estabas mirando.
Su suave risa era como un afrodisíaco para él, sexy, provocadora y totalmente femenina.
– Yo siempre te estoy mirando, Dominic. -Su voz cambió, cayó a un tono provocador, y fue pura honestidad-. Tú llenas tanto mi visión que no hay lugar en mí para ver a otro hombre, nunca. Sólo te veo a ti, Dominic.
Él curvó la mano en su nuca y bajó la cabeza para degustarla otra vez. Ella era como la mejor mezcla de miel y especias, nunca conseguía bastante de ella.
– Podría besarte para siempre -susurró contra sus labios. Sabía a guerrera y a mujer, y era una mezcla potente.
– No tenía ni idea de que besar podría ser tan adictivo -dijo ella. Por un breve momento su cuerpo se fundió en el de él, suave, flexible y acogedor. Miró a la mujer pálida-. ¿Crees que el vecino la marcó deliberadamente para morir a manos de un vampiro porque ella no cooperó?
Él vio el cambio en su mente, las depravaciones de los hombres jaguar, y supo que tales pensamientos la ponían enferma. Le movió la cola de caballo con la mano, jugueteando suavemente con las gruesas hebras.
– Hay hombres buenos y hombres malos en todas las razas y especies, Solange. Vivir aquí, haciendo el trabajo que haces, te ha hecho ver a todos los hombres bajo un aspecto desfavorable. Cesaro nunca golpearía a su mujer. Una vez seas capaz de escanear las mentes podrás ver por ti misma que existen muchos hombres buenos en el mundo.
Ella se estremeció levemente y él supo que su referencia a su ser plenamente carpato la molestaba un poco. Ella había sacado el tema una vez de una manera indirecta, pero él sabía que no estaba preparada para ir por allí todavía, y respetaba su necesidad de adaptarse, muy lentamente, a cómo sería su vida juntos.
Dominic se volvió hacia Marguarita y se despojó de su cuerpo físico para convertirse totalmente en espíritu. No tenía dudas de que Solange protegería su cuerpo de daños mientras trabajaba en la curación de la joven cuya garganta estaba tan destrozada. Zacarías le había dado sangre, más de la que probablemente podría haber donado. Lo interesante fue que encontró rastros de la pura sangre real de Solange. La sangre de los carpatos era por lo general predominante, y ahí estaba, pero su linaje era muy distintivo y de algún modo se había conectado a la sangre carpato, totalmente compatible, pero sin tomar el control. Su sangre era muy singular y tenía propiedades sanadoras definidas.
No había manera de reparar las cuerdas vocales totalmente. El no-muerto había utilizado afiladas garras que despedazaron las cuerdas vocales. Tanto Dominic como Zacarías se habían concentrado en los músculos de la garganta que se usaban para respirar y tragar. Ella viviría, sería tan hermosa como siempre, pero probablemente nunca volvería a hablar, o si lo hiciera, no sería nada más que un ronco susurro. Pero viviría. Habían hecho todo lo posible por ella.
Examinó su mente, sus recuerdos, pero no había astillas oscuras de posesión. Ella no había abierto la puerta al vampiro. Había oído la advertencia de su padre moribundo y lo obedeció, retrocediendo a su habitación y esperando a que llegaran los trabajadores. Estuvo llorando por su padre, sabiendo que estaba muerto, pero no fue a la puerta.
Y esto quería decir que había habido alguien más en la casa sin su conocimiento. Ese alguien había sido lo suficientemente familiar para entrar sin que lo detectaran y las salvaguardias no le afectaron. No se le consideraba un intruso.
Dominic se retiró para volver a introducirse en su cuerpo, balanceándose un poco sin tener ni idea del paso del tiempo. Solange iba y venía de ventana a ventana como un gato inquieto. Lo miró por encima del hombro.
– ¿Estás bien? Estás ves pálido. ¿Necesitas sangre?
– Tuya no. Estás matando a los parásitos y los necesitamos. Preguntaré a Cesaro quién es el hombre más fuerte aquí.
– Él insistirá en que tomes su sangre.
Dominic le sonrió.
– Lo sé.
Ella cubrió a Marguarita con cuidado y apartó mechones de pelo de su cara pálida.
– Estará traumatizada por esto. Y si un amigo la traicionó, todo será peor. Tal vez deberíamos pedir a MaryAnn que venga a visitarla. -Levantó la mirada y había confianza en sus ojos-. Tal vez podrías sugerirle a Cesaro que manden a buscarla.