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A veces, como ahora, se sentía como si fuera a la deriva en un mar de necesidad, ansiando la forma en que sus hermosos ojos se movían sobre ella con aquella mirada de tan intenso deseo que apenas podía respirar. Esta tarde, al despertar, se sentía casi poseída por la necesidad de estar con él, como si él verdaderamente fuera la mitad de su alma. Había pasado su vida sola, independiente, y era extraño despertarse con Dominic como su primer pensamiento. Quería ser todo lo que él necesitara tanto como él era todo lo que ella necesitaba.

Dominic había despertado a la mujer en ella. Por primera vez en su vida se sentía atractiva y viva. Disfrutaba de la forma en que la miraba cuando se paseaba por el refugio con las ropas que él le había pedido que llevara. Descubrió que le gustaba vestirse para él, ver la oscura lujuria construyéndose mientras su mirada la seguía por la cámara.

Se sentó lentamente y lo miró. Las pestañas de él se levantaron en el momento que ella se movió, los brazos subieron deteniendo su avance. Los senos desnudos rozaron su duro pecho mientras la sostenía en el lugar. Tenía pestañas imposiblemente largas que en otro hombre habrían parecido femeninas, pero la negra medialuna solo servía para resaltar el color de sus ojos. Su lenta y atractiva sonrisa le derritió el corazón y la hipnotizó ligeramente.

– Bésame, kessake. Bésame ahora antes de que esa pequeña bola de pelos caiga botando sobre nosotros y estropee mi buen humor -gruñó él. Deslizó la mano hasta su cabello para cerrarla allí, sin darle ninguna opción excepto obedecer.

Solange se inclinó sobre su cuerpo, inconscientemente sensual deslizando su piel contra la de él sólo por el puro lujo de tocarlo. Era tan físicamente hermoso para ella, su cuerpo afilado por la batalla, un guerrero en la flor de la vida, todo lo que atraía a su gata. Pero la inesperada dulzura en él, la forma en que miraba por sus necesidades, la forma en que se concentraba tan completamente en ella como si todo lo que ella dijera le importara, atraía a la mujer.

Se tomó su tiempo para bajar la cabeza, saboreando la forma en que se sentía, esa deliciosa y caliente necesidad que se derramaba sobre ella, mezclándose con un terrible, aterrador y aplastante amor que le robaba la cordura. En el momento que sus labios rozaron los de él, el fuego comenzó, rodando por ella abrasadoramente y fuera de control. La mano de Dominic mantuvo la presión constante en la nuca mientras se tomaba su tiempo para explorar su boca, largos y tóxicos besos que le derritieron los huesos.

Las manos de él acariciaron cada curva, inflamando las terminales nerviosas aún más, hasta que su cuerpo se estremeció de deseo. Una mano se arrastró más abajo, el pulgar rozando suavemente, casi con tiernas caricias sobre su montículo y más abajo a su sexo. Él capturó su respiración jadeante con la boca, manteniéndola cautiva mientras se tomaba su tiempo besándola hasta que cayó contra él como una gelatina que no pudiera moverse.

Dominic la envolvió con los brazos, y con la boca soldada a la de ella los hizo flotar desde la rica tierra al suelo de la cámara. Dejó al pequeño cachorro enroscado en una pequeña bola de piel, que todavía dormía encima del suelo sanador.

Solange sintió la manta tejida bajo sus pies desnudos cuando él la bajó, pero su cuerpo ya no le pertenecía. Más que nada se sentía caliente y necesitada y tan enamorada que apenas podía encontrar las palabras. Sólo podía mirarlo con el corazón en los ojos. Dominic Buscador de Dragones. La leyenda. El hombre. Suyo.

La sonrisa de él fue lenta y segura.

– ¿Baño o comida?

Ella aplastó la necesidad de decir “tú”. La confundía tan completamente que no podía hablar. Echó un vistazo a la invitadora agua caliente y le sonrió, esperando que se uniera a ella.

– Adoras bañarte -dijo él con su mirada ardiente quemando sobre ella.

Solange asintió. Era muy consciente de él a su espalda mientras se dirigía hacia la piscina burbujeante. El agua se cerró sobre su piel, hormigueando, levantando burbujas, la espuma sensibilizabasus terminaciones nerviosas de tal manera que el aliento se le quedó atrapado en la garganta y cerró los ojos, dejando que la sensación se precipitara sobre ella.

Dominic la siguió a la charca, encontrando un lugar en la roca lisa de modo que sólo su pecho y cabeza estuvieran fuera del agua. Solange hundió la cabeza bajo el agua y dejó que él la empujara contra sí de forma que pudiera lavarle el pelo. Le encantaba la sensación de sus fuertes dedos masajeándole el cuero cabelludo. El agua lamía su barbilla mientras él le aclaraba el cabello.

– He estado pensando en el pequeño cachorro -se aventuró ella, tratando de no parecer tímida. Su reciente descubrimiento de cuán profundamente estaba enterrado él dentro de ella la hacía sentirse más vulnerable que nunca-. Si le das tu sangre carpato, ¿crees que podrás arreglarlo? Es tan lindo, Dominic. ¿Es posible? ¿Darle tu sangre una vez los parásitos se hayan desaparecido?

El cachorro era sólido por el frente y detrás, pero en el medio era sombra, lo cual hacia difícil, sino imposible, que el gato comiera.

– Tal vez. Honestamente no sé qué se puede hacer por el pequeño -él le hundió la cabeza debajo del agua para enjuagar la sedosa y larga masa.

Había pena en su voz y Solange frunció el ceño. Esperó hasta que hubiese terminado y luego rozó la palma de su mano sobre los fuertes músculos de su pecho.

– Pensaba que la sangre carpato podía curarlo casi todo.

– Esto es magia retorcida, Solange -dijo, capturando su mano y presionándose su palma sobre el corazón-. Quiero ayudar, pero no veo cómo podemos deshacer este daño.

Ella suspiró y sin darse cuenta se inclinó hacia delante para lamerle una gota de agua que le bajaba por el pecho.

– No tuvieron tiempo de programarlo para que necesitara mi sangre. Es una cosita dulce, pero tenemos que encontrar una solución rápido o morirá de hambre. ¿En qué estaban pensando?

– Dudo que les importara si el gato estaba hambriento, mientras hiciera lo que ellos quisieran.

– Tenemos que hacer algo. Mantenerlo dormido es la única manera de impedir que muera de hambre, pero es una solución temporal.

Ella le creía. Él había dicho que quería ayudar pero que todavía no sabía cómo. Ahora conocía a Dominic profundamente, la esencia de quién era, lo que defendía, y no permitiría que el gatito sufriera. Prestaba atención a los detalles, sin importar lo que fuera.

Se dio la vuelta completamente en sus brazos y tentativamente estiró la mano hacia él para explorarlo. Era tan sagrado para ella, casi creía que debería pedirle permiso para tocarlo. Se sentía muy atrevida al recorrerle el pecho con la palma de las manos. Él no hizo ningún movimiento para detenerla y su reticencia se desvaneció. Siguió los esculpidos contornos, memorizando cada músculo definido, tratando de absorber la forma y la sensación de él a través de las yemas de los dedos mientras acariciaba su cuerpo. Oyó el cambio en su respiración, sintió la inquietud en su cuerpo, el deseo que se alzaba. Permaneció tranquilo, mirándola con la aprobación que ella ansiaba en su mirada.

Sus dedos trazaron cada costilla, su afinada cintura, extendiéndose sobre su vientre plano, duro. Apreció cómo reaccionaba el conjunto de músculos bajo su mano. Ya estaba duro, muy excitado, grueso y largo y estirándose hacia sus manos, pero entonces él se movió, suspirando suavemente.

– Tenemos que ser cuidadosos, Solange. Necesitas comer.

Su voz era firme y ella dejó que la protesta muriera en su garganta. Necesitaba comer, pero le necesitaba más a él. Se tocó los labios con la lengua y asintió, apenas atreviéndose a respirar por si la cosa mala saliera. Como una protesta.