Se suponía que esta tarde no iba de ella y de lo que necesitaba, quería que fuera de él, pero no estaba segura de cómo proceder.
Él la secó con una toalla suave y caliente, como siempre teniendo cuidado de que estuviese resplandeciente y fresca antes de hacer lo mismo con él. Solange no se movió, lo miraba sin parpadear, con temor a perderse la más mínima señal proveniente de él. Dominic se puso su habitual ropa elegante ondeando la mano con facilidad de una forma que ella encontraba impresionante.
– ¿Qué túnica? -Su voz era baja y ronca, dando por supuesto que ella querría uno de los vestidos que él había hecho para ella, los vestidos que él prefería que vistiera cuando estaban solos.
– La túnica del dragón -dijo ella, incapaz de mirarlo a los ojos. Adoraba esa túnica. Su corazón palpitaba con fuerza y saboreó el miedo y la excitación en la boca. Cuando llevaba la túnica Buscador de Dragones se sentía no sólo hermosa, sino además como si verdaderamente le perteneciera.
Dominic tendió la mano y el exquisito encaje elástico descansó en su palma. Galantemente sostuvo la túnica para que ella pudiera deslizar los brazos dentro. Le anudó el cinturón él mismo, de modo que se ajustara en el medio, revoloteando sobre sus caderas, pero dejando el frente abierto. La tela se pegaba a los costados de los senos, dejándolos desnudos del encaje sembrado de estrellas.
Le ahuecó los pechos en las manos levantando el peso suave, sus ojos se calentaron. El aliento de Solange le explotó en los pulmones cuando él se inclinó y le chupó el pezón profundamente en su boca, tirando y haciéndolo rodar con la lengua y dientes hasta que fue una pequeña punta. La boca se movió al pecho izquierdo y repitió la misma atención, tomándose su tiempo, excitando y acariciando hasta que los suaves gemidos se convirtieron en quejidos y lloriqueos de deseo.
Ella jadeaba mientras él seguía prodigándole atenciones a sus sensibles pezones. Sentía los pechos hinchados y calientes y su cuerpo tenso porun dolor impaciente y familiar. Sacudió la cabeza con la mirada nublada y el pelo derramado sobre sus hombros en completo desastre.
– Se suponía que esto era para ti -susurró ella.
Él sonrió y le levantó la cara.
– Es para mí -Dejó caer mano hacia abajo por la túnica abierta para encontrar su sexo. Deslizó un dedo dentro de ella-. Estás tan caliente y mojada para mí, Solange. Tan lista. Para mí.
Ella se estremeció, jadeando por el impactante calor que le recorrió el cuerpo.
– Esto es definitivamente para mi placer -susurró él-.Todo para mí. Quiero tocarte, Solange. Y necesito saber que das la bienvenida a mi toque en cualquier momento. -Empujó dos dedos en su interior e emitió un sonido de apreciación en lo profundo de su garganta.
Ella sintió que ese sonido resonaba a través de todo su cuerpo. Todo en ella se calmó. Haría cualquier cosa para su placer. Si era importante para él que ella estuviera excitada, se enorgullecería de estar preparada para él.
– Adoro cómo te sientes -susurró él, sus ojos oscureciéndose más-. Suave como la seda -se llevó los dedos hacia la boca -. Pero aún más, me encanta la forma en que sabes.
El corazón de Solange se sacudió. Se perdió en sus ojos, en sus oscuras y ardientes profundidades, se fundió hasta que el violento mundo alrededor de ella se alejó y no pensó nada más que enél. Un temblor le recorrió el cuerpo mientras Dominic se chupaba los dedos, sus ojos eran oscuros y calientes. Se le escapó un pequeño gemido mientras un disparo de lujuria recorría todo su cuerpo.
Él sonrió, con satisfacción masculina muy evidente.
– Ven conmigo, Solange. Necesitas comer.
¿Comer? ¿Realmente había dicho él comer? Su cuerpo estaba caliente y necesitado y ¿él quería que comiera? Se lamió los labios y tomó su mano extendida. Él la condujo a la mesa iluminada con velas y sostuvo para ella la silla de respaldo alto. Esta pequeña caverna era su mundo, y a él le gustaba la elegancia y las galas. Los platos sobre la mesa eran hermosos, como lo era la vajilla de plata. Todo lo que Dominic hacía tenía un toque elegante. Era del Viejo Mundo y galante, y la hacía sentir especial mas allá de cualquier cosa con la que hubiese fantaseado alguna vez. Solange empujó la incómoda sensación de no pertenecer. Ella pertenecía aquí, con Dominic.
Se puso la servilleta en el regazo, los dedos se deslizaron sobre el suave material. Bajo la mesa se retorció los dedos en una agonía de necesidad. Él le había dado todo esto. Un hogar. Un hombre que la trataba como una igual. Un hombre que la escuchaba y dirigía sus miedos con respeto y amor. Ella nunca había imaginado que una relación pudiera ser tan buena y la entristecía la pérdida de su gente. Todas las mujeres que habían sido brutalmente usadas y tiradas a un lado porque Brodrick rechazaba reconocer que eran buenas para algo aparte de para dar crías.
Dominic era lo opuesto a todo lo que ella despreciaba en un macho. La alimentaba con carne, un pequeño mordisco a la vez, carne, cosa que él encontraba repulsiva y aún así reconocía que su gata lo necesitaba. Podía ver el esfuerzo que había hecho él por estudiar qué comida satisfaría mejor a su cuerpo, y el resultado estaba todo allí. A Dominic le importaba su salud y bienestar. Le importaba su tranquilidad.
Solange se mordió con fuerza el labio inferior, las lágrimas brillaron en sus ojos. Parpadeó para alejarlas con la esperanza de que él no las hubiese visto, pero Dominic lo veía todo cuando se trataba de ella, cada pequeño detalle.
– ¿Qué pasa? -Le tomó la barbilla en la mano y levantó su cara hacia él-. Dime.
Él podría haber examinado fácilmente su mente, pero le gustó que no lo hiciera. Que esperara. Esto le permitía reunir el coraje que necesitaba cuando era demasiado tímida o estaba avergonzada. Al final, sabía que lo superaría y que comprendería completamente que todo lo que ella sentía y decía era importante para él.
– Me conmueves -ella no podía encontrar las palabras-. La forma en que me amas, me conmueve. -Luchaba para que las palabras pasaran a través del grueso nudo en su garganta. Ella no era como él. No podía encontrar elogios fácilmente, pero esto no quería decir que no sintiera las emociones tan profunda e intensamente como él.
La sonrisa de Dominic hizo que su mundo se enderezara nuevamente. Su corazón revoloteó y se encontró devolviéndole la sonrisa, respirando fácilmente, como si sus pulmones siguieran el ritmo de su voz.
– Quiero hablar de la conversión contigo, Solange. Tenemos que examinar cada ángulo antes de tomar una decisión. No tenemos ninguna idea de lo que esto le hará a tu sangre, o a ti, y eso me preocupa. Tu jaguar es fuerte y puede haber repercusiones.
Ella continuó comiendo, contemplando su cara a la luz parpadeante de las velas mientras le daba vueltas y más vueltas a la idea en su mente. Conversión. Convertirse en Carpato. Vivir en la tierra. Tomar sangre en vez de comida. Podría hacer todas esas cosas mientras estuviese con él, pero no podría abandonar a la otra mitad de quien era. Ella era jaguar. Siempre sería jaguar.
– ¿Qué pasa si no me convierto?
Él se encogió de hombros, con un movimiento fácil y casual.
– Ya te lo dije. Ambos envejeceríamos y moriríamos juntos.
– ¿Te quedarías conmigo?
– Tú eres mi compañera. Eres la mujer que amo. No hay ninguna otra respuesta. Y Solange -se inclinó hacia ella, de modo que su mirada fuera sostenida por la suya-, nunca habría arrepentimientos.
Le creyó. Eso cambió las cosas instantáneamente para ella. Él dejaría todo por ella sin arrepentimientos. Todo en ella lo amaba, lo anhelaba, deseaba desesperadamente darle todas las cosas que él le había dado a ella. Se sentía un poco impotente al no saber lo que las mujeres hacían por sus hombres, pero aunque no lo supiera se forjaría su propio camino, como él parecía estar haciendo con ella.
Cogió un trozo de mango.
– ¿Destruiría a mi jaguar?