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Horza fue enviado al Mundo de Schar en parte como castigo y en parte para su propia protección. Un grupo de Cambiantes había planeado poner en marcha las viejas centrales energéticas del asteroide y sacarlo del espacio idirano con el fin de que tanto su hogar como su especie recobraran la neutralidad en aquella guerra que comprendían iba volviéndose más inevitable a cada momento que pasaba. Horza descubrió el plan y mató a dos de los conspiradores. El tribunal de la Academia de Artes Militares de Heibohrne —su órgano de gobierno en todo salvo el nombre—, llegó a un compromiso entre el sentimiento popular del asteroide, que quería castigar a Horza por haber matado a dos congéneres, y la gratitud que sentía hacia él. El tribunal tuvo que enfrentarse a una tarea muy delicada, pues la mayoría de Cambiantes no sentían muchos deseos de que el asteroide siguiera en su posición actual dentro de la esfera de influencia idirana. El tribunal albergaba la esperanza de que enviar a Horza al Mundo de Schar con instrucciones de permanecer allí durante varios meses —pero sin imponerle ningún otro castigo— haría que todas las partes implicadas en el debate tuvieran la impresión de haberse salido con la suya. El plan del tribunal había tenido éxito; al menos, no se había producido ninguna revuelta popular, la Academia seguía siendo la fuerza rectora del asteroide y la demanda de los servicios prestados por los Cambiantes era mayor de lo que había sido nunca desde la aparición de aquella especie inimitable y única.

En ciertos aspectos Horza había tenido mucha suerte. No tenía amigos y carecía de influencia; sus padres habían muerto hacía tiempo, y su clan estaba prácticamente extinguido salvo por él. La sociedad de los Cambiantes atribuía una gran importancia a los lazos familiares, y teniendo en cuenta que carecía de una familia influyente o de amigos que hablaran en su favor, podía considerarse que Horza había salido bastante mejor librado de lo que tenía derecho a esperar.

Horza estuvo enfriándose el trasero en el Mundo de Schar durante menos de un año antes de abandonarlo para unirse a los idiranos en su lucha contra la Cultura, tanto antes como después de que recibiera el nombre oficial de guerra. Durante ese tiempo inició una relación con uno de los cuatro Cambiantes que había en la base, una mujer llamada Kierachell que mantenía puntos de vista opuestos a los de Horza en casi todo pero que, pese a ello, le había amado en cuerpo y alma. Cuando se marchó supo que el dolor de la separación fue mucho mayor para ella que para él. Su compañía le había hecho más llevadero el exilio y Kierachell le gustaba bastante, pero no había sentido nada de cuanto se supone ha de experimentar un ser humano cuando habla de amor, y poco antes de marcharse la relación estaba empezando —sólo empezando—, a resultarle un poco aburrida. En aquel entonces se dijo que la vida era así, y que si se marchaba era en parte por el bien de ella. Pero la expresión que había en sus ojos cuando la vio por última vez no era algo en lo que le gustara pensar, y Horza pasó mucho tiempo intentando olvidarla.

Había oído comentar que seguía allí, pensaba en ella y seguía conservando buenos recuerdos de aquellos momentos; y cuanto más arriesgaba la vida y cuanto más tiempo pasaba más quería volver a verla, y la idea de llevar una existencia menos agitada y peligrosa iba pareciéndole más atractiva. Se había imaginado la escena y la expresión que habría en sus ojos cuando volvieran a encontrarse… Quizá le hubiese olvidado, e incluso era posible que estuviera manteniendo una relación íntima con alguno de los otros Cambiantes de la base, pero la verdad es que Horza no lo creía. Pensaba en esas posibilidades sólo como si fuesen una especie de seguro contra riesgos.

Puede que Yalson le dificultara un poco las cosas, pero estaba intentando que su amistad y sus relaciones íntimas no adquiriesen demasiada intensidad emocional, aun estando bastante seguro de que para Yalson el tener a Horza por amante también se reducía a esas dos cosas.

Así pues, suplantaría a Kraiklyn si podía o, por lo menos, le mataría y se limitaría a tomar el mando con la esperanza de revocar las comparativamente toscas fidelidades personales programadas en el ordenador de la Turbulencia en cielo despejado o de conseguir que alguna otra persona se encargara de llevar a cabo esa tarea por él. Después iría al Mundo de Schar y se pondría en contacto con los idiranos si le era posible, pero tanto si lo conseguía como si no pensaba volver allí, suponiendo que el Señor Corrección —el apodo que los Cambiantes de la base del Mundo de Schar daban al Dra'Azon encargado de vigilar el planeta—, le permitiera atravesar la Barrera del Silencio después del fallido intento idirano de engañarle usando un animal chuy-hirtsi. Si era posible, permitiría que los demás miembros de la Compañía escogieran si querían marcharse o acompañarle.

Uno de los problemas era saber cuándo dar el golpe. Horza tenía la esperanza de que su estancia en Vavatch le ofrecería alguna oportunidad de acabar con Kraiklyn, pero Kraiklyn no parecía tener ningún plan bien definido, y eso hacía que a Horza le resultara bastante difícil trazar los suyos. Cada vez que se le había hecho alguna pregunta al respecto durante el viaje, Kraiklyn se limitó a hablar de las «grandes oportunidades» existentes en el Orbital, oportunidades que «debían surgir» debido a la inminente destrucción del artefacto.

* * *

—Ese bastardo mentiroso… —dijo Yalson una noche cuando ya llevaban recorrida la mitad de la distancia que separaba Marjoin de Vavatch.

Estaban acostados en el que ahora era su camarote, en la oscuridad de la noche de a bordo, con una media gravedad haciendo que resultara más fácil compartir el reducido espacio de la cama.

—¿A qué te refieres? —exclamó Horza—. ¿No crees que haya decidido ir a Vavatch?

—Oh, sí, iremos allí, seguro, pero no porque haya posibilidades desconocidas de hacer un trabajo con éxito. Quiere ir allí por la partida de Daño.

—¿Qué partida de Daño? —preguntó Horza, volviéndose hacia ella en la oscuridad hacia el punto en que sus hombros desnudos rozaban su brazo. Podía sentir la suavidad del vello de Yalson sobre su piel—. ¿Te refieres a una partida importante? ¿Una partida de verdad?

—Sí. El mismísimo Anillo… Lo último que oí al respecto era sólo un rumor, pero cada vez que pienso en ello me parece más lógico. Después de todo, la destrucción de Vavatch es algo seguro. Basta con que consigan un quorum.

—Los Jugadores en la Víspera de la Destrucción… —Horza dejó escapar una leve carcajada—. ¿Crees que Kraiklyn quiere jugar o piensas que se limitará a hacer de mirón?

—Supongo que intentará jugar. Si es tan bueno como afirma hasta es posible que le dejen participar, siempre que pueda apostar lo que se exije. Se supone que así es como ganó la Turbulencia en cielo despejado… No se la ganó a nadie que formara parte del Anillo, pero si apostaban naves me imagino que los otros jugadores debían de ser auténticos pesos pesados. Aun así, supongo que si no hay más remedio está preparado para conformarse con mirar. Apuesto a que ésa es la razón de que nos hayamos embarcado en este pequeña excursión de recreo. Puede que intente dar con alguna excusa o que monte alguna operación en el último instante, pero ésa es la auténtica razón: el Daño. O ha oído algo o actúa basándose en una hipótesis más o menos sólida, pero es tan jodidamente obvio…

Se quedó callada, y Horza sintió el roce de su cabeza en la piel de su brazo.

—Oye, uno de los habituales del Anillo es… —dijo.

—¿Ghalssel? —Horza sintió el leve peso de aquella cabeza cubierta de un vello muy suave asintiendo junto a su brazo—. Sí, estará allí. Suponiendo que le haya sido posible desplazarse, claro… Sería capaz de quemar los motores de la Ventaja para asistir a una partida importante de Daño, y teniendo en cuenta lo mucho que se ha caldeado últimamente la situación por aquella zona y la cantidad de maravillosas oportunidades tipo entrada-fácil, salida-fácil que ofrece… No me lo imagino dejando escapar la ocasión. —La voz de Yalson sonaba un tanto amarga—. En cuanto a mí, creo que Ghalssel tiene adjudicado el papel de protagonista en todos los sueños eróticos de Kraiklyn. Kraiklyn está convencido de que ese tipo es todo un jodido héroe. Mierda…