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Alessandro la mira, pero no sabe de qué le está hablando. Los demás se vuelven hacia él, a la espera de una respuesta. Alessandro finge pensar.

– Ah, claro, ya sé… Pero en realidad lo decía por decir. Bueno, me pareció una idea cómica y extraña… divertida. -Mira a los demás intentando quitar importancia a lo siguiente, aunque sólo sea porque no se imagina en absoluto de qué pueda tratarse.

De repente se pone serio. Rígido. ¿Qué habrá debajo de esa hoja blanca? Tiene una expresión expectante, como si fuese un niño que ya se ha olvidado del juguete anterior y ahora está loco por abrir el próximo regalo. Niki sonríe. No hay problema. Será ella quien le dé a ese niño lo que quiere. Y entonces, como una joven y elegante torera, Niki echa a un lado el papel cebolla blanco.

– ¡Ole!

Y todos se abalanzan de nuevo curiosos a mirar esa nueva idea de Alessandro. Sobre todo él. En esa nueva hoja, unas nubes ligeras, suaves, desdibujadas como si fuesen de algodón de azúcar, flotan en un cielo azul noche, doblado sobre sí mismo, formando una única y enorme ola llena de estrellas. En él una chica con traje de neopreno, con los brazos abiertos y las piernas ligeramente dobladas, desciende sobre un nuevo y sorprendente surf con forma de luna. Todos se quedan boquiabiertos.

– Pero ¡ésta es aún mejor! -Andrea Soldini, definitivamente conquistado, mueve la cabeza-. ¡Alex, eres un genio!

Dario levanta el brazo y señala a Andrea.

– ¡Y lo descubre ahora!

También Giorgia y Michela están como extasiadas.

– ¡Alex, es precioso de verdad!

Ni siquiera encuentran palabras para expresar en su totalidad hasta qué punto les gusta también a todos este otro diseño. Alessandro se ha quedado estupefacto, lo mira con la boca abierta. Después el primero. Luego otra vez el segundo. Finalmente cierra la boca.

– ¡Bien! ¡Niki, has hecho un trabajo excepcional!

– Estoy contenta de haber sabido plasmar tus ideas.

Alessandro se pone en pie de un salto. Coge todas las hojas y las guarda con cuidado en la carpeta roja que encima tiene escrito «Las ideas de Alex». La cierra y se la mete bajo el brazo. Después coge a Niki de la mano.

– Vamos. -Y sale corriendo del despacho arrastrándola tras de sí.

Niki echa a correr también, divertida, llena de entusiasmo.

– ¡Adiós, chicos. Hasta la vista, creo! -Y se despide así del equipo.

Alessandro recorre veloz todo el pasillo. Llega frente a la puerta del despacho de Leonardo.

– ¿Está dentro? -pregunta a la secretaria, que por un momento deja de hablar por teléfono. Cubre el auricular con la mano-. Sí… está solo, pero… -mira el reloj- ¿no teníais una cita dentro de diez minutos?

– He acabado antes. -Alessandro llama a la puerta.

– Adelante.

La abre y entra, dejando a Niki en el umbral.

– Hola, Leonardo. ¡Aquí tienes nuestros trabajos!

– ¡Vaya, te me has adelantado por un pelo, estaba a punto de llamarte!

– He llegado un poco antes porque me tengo que ir.

– ¿Cómo? Entonces, ¿no tenemos la reunión?

– Tú échale un vistazo y dime si te gustan. Te llamo más tarde para fijar una reunión para mañana por la mañana o cuando quieras.

Leonardo coge la carpeta roja que tiene escrito «Las ideas de Alex».

– La carpeta ya me gusta. ¿Adónde tienes que ir?

– A respirar un poco de gente, la que me ha inspirado los trabajos que vas a ver… ¡y a regalarme un poco de tiempo! -Y sale corriendo. Se detiene en la puerta-. ¡Ah!, ella es Niki, Niki Cavalli. Una nueva colaboradora mía.

Leonardo apenas tiene tiempo de decir «¡Encantado!» y los dos han desaparecido ya. Alessandro y Niki recorren veloces el pasillo hacia los ascensores. Niki lo detiene un momento.

– Espera. -Le suelta la mano, corre hacia el sofá donde estaba sentada y coge su bolso. Alessandro la espera en el distribuidor. Niki lo alcanza sonriendo.

– Mi ropa de escuela y una bolsa para esta tarde.

Alessandro sonríe.

– ¡Eres la rehostia!

Después se acerca a los ascensores y aprieta el botón, esperando que llegue lo antes posible. Dos, tres, cuatro, cinco, seis. Por fin. Y justo cuando Alessandro y Niki están a punto de entrar, aparece Leonardo al fondo del pasillo.

– ¡Eh, Alex!

Alessandro se da la vuelta. El director tiene las dos hojas en la mano y lo mira con los brazos abiertos. Sostiene los dos diseños en el aire y los agita como un banderín.

– ¡Alex, son una maravilla, en serio!

Alessandro aprieta el botón de bajada y sonríe mientras las puertas se cierran.

– Lo sé… ¡Nuevos y sorprendentes!

El ascensor se cierra. Leonardo baja los brazos y mira de nuevo aquellos dos diseños publicitarios. Coloridos, vivos, divertidos. Después sonríe y regresa a su despacho con cuidado de no arrugarlos.

En el ascensor, Alessandro mira a Niki. No sabe qué decirle. Los dos permanecen en silencio. Niki se apoya contra la pared. Inclina la cabeza. Alessandro se le acerca. Le da un beso ligero en los labios. Luego se aparta.

– Gracias, Niki.

– Chissst. -Niki se apoya el dedo en los labios y lo desliza sobre ellos, luego atrae a Alessandro de nuevo hacia ella y lo besa lentamente. Otra vez. Suave. Cálida. Tierna. Con pasión. Luego le sonríe.

– Así me gusta. Éste es el tipo de gracias que adoro.

Alessandro la besa de nuevo. Largo rato. Con dulzura. De repente, oye un ligero carraspeo.

– Ejem…

Se vuelven. La puerta del ascensor está abierta. Ya han llegado abajo. Una pareja mayor con bolsas de la compra está frente a ellos. Por suerte, no son colegas, piensa Alessandro. Y con un educado «Disculpen», Alessandro y Niki dejan libre el ascensor. Salen corriendo del edificio y se suben al coche. Esta vez, Niki no quiere conducir.

– Vale, conduzco yo. Pero recuerda que, cuando lo desees, tienes gratis todas las clases que quieras.

Niki sonríe.

– Oye, no sabía que dibujases tan bien.

– ¡Claro que no! Me los ha hecho Olly, una amiga mía. Es buenísima, dijo que con ideas así era fácil…

– Sí, en serio. Se te han ocurrido unas ideas con auténtica fuerza. ¿Era eso lo que estabas apuntando ayer en tu bloc de notas?

– Sí, mientras te burlabas de mí.

– No me burlaba de ti. Te pinchaba para que fueses más creativa. Se trata de un método de nuestro trabajo. Empujar el orgullo y la ambición hacia la productividad.

– Pues te equivocas. Cuando hacías eso no se me ocurría nada. La idea de la luna como una tabla de surf se me ocurrió en el mar…

– ¿Y la del columpio en el cielo nocturno?

– Después de los jazmines…

Alessandro la mira.

– Se te ocurren unas ideas espléndidas, chica de los jazmines…

– Se nos ocurren unas ideas espléndidas. Somos un pequeño equipo, ¿no? Y tenemos que sabernos regalar tiempo siempre.

– Es verdad.

– Y no distraernos.

– Desde luego.

– Eso me gustaría verlo. -Niki se inclina hacia él y de repente le tapa los ojos con las dos manos.

Alessandro casi se sale de su carril.

– Eh, pero ¿qué haces? -Aminora la velocidad y se aparta sin ver-. ¡Casi nos la pegamos!

– Vaya problema. Golpe más, golpe menos…

– Eso ya lo hemos hablado.

– ¿Y bien?

– ¿Y bien qué?

– Bueno, veamos si es verdad que no estabas distraído. ¿Cómo voy vestida?

Alessandro deja escapar un suspiro.

– Veamos, chaqueta azul, falda a rayas. Medias divertidas.

– ¿De qué color?

– Celestes.

– ¿Qué más?

– Zapatillas Adidas de boxeo azul oscuro.

– ¿Nada más?

– Nada más.

Niki le destapa los ojos, y Alessandro los abre y los cierra varias veces para recuperar la visión.