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«Además me dijo otra cosa. Me advirtió que, si volvía a buscarlo, todos nuestros nombres quedarían escritos y estaríamos condenados.

Noté que se me fruncía el entrecejo.

– ¿Qué quería decir con eso?

Mickey Shine pareció dispuesto a contestar, pero en lugar de eso bajó la vista y se concentró en abotonarse los puños. Se sentía incómodo, pensé, avergonzado de lo que consideraba su debilidad ante el sadismo del señor Pudd, pero también tenía miedo.

– No lo sé -respondió, y arrugó los labios por el sabor de la mentira en la boca.

– ¿A qué se refería antes al decir que había llegado la hora? -pregunté.

– Hasta ahora sólo Al Z había oído esta historia -contestó-. Usted y él son los únicos que la conocen. Se suponía que yo debía ser un testigo mudo de lo que Pudd era capaz de hacer, de lo que haría, a cualquiera que fuese tras él. Yo no debía hablar, sólo debía existir. Pero comprendí que llegaría un día en que quizá fuese posible actuar contra él, eliminarlo. He esperado mucho tiempo este momento, mucho tiempo para volver a contar esta historia. Así que eso es lo que sé; está al norte de Bangor, en la costa, y cerca hay un faro. No es gran cosa, pero es lo único que puedo ofrecer. Asegúrese de que esto queda entre nosotros; entre usted, Al Z y yo.

Deseé presionarle con respecto a lo que omitía, a la amenaza de que un nombre estuviese «escrito», pero sentí que empezaba a replegarse.

– Así lo haré -contesté.

Él asintió.

– Porque si Pudd se entera de que hemos hablado, de que vamos a actuar contra él, somos hombres muertos. Nos matará a todos.

Me estrechó la mano y me dio la espalda.

– ¿No va a desearme suerte? -pregunté.

Volvió a mirarme y negó con la cabeza.

– Si necesita suerte -musitó-, ya está muerto.

A continuación se concentró de nuevo en sus orquídeas y guardó silencio.

Segunda parte

No juzguéis al predicador, ya que él es vuestro juez.

George Herbert, «El pórtico de la iglesia»

EN BUSCA DEL SANTUARIO

Extracto de la tesis doctoral de Grace Peltier

Se conservan pocas fotografías de Faulkner (ninguna posterior a 1963) y escasa información acerca de su pasado, así que nuestros conocimientos sobre él se limitan en gran medida al testimonio de quienes le oyeron hablar o se encontraron con él en el transcurso de alguna de sus misiones como sanador.

Era un hombre alto de cabello largo y oscuro y frente ancha, ojos azules bajo unas cejas rectas y oscuras, y piel muy pálida, casi translúcida. Vestía siempre la indumentaria de un trabajador -vaqueros, toscas camisas de algodón, botas-, excepto cuando predicaba. En tales ocasiones prefería un sencillo traje negro con una camisa blanca sin cuello abrochada hasta el último botón. No llevaba joyas y su única concesión a la ornamentación religiosa era un recargado crucifijo de oro colgado al cuello. Quienes tuvieron la oportunidad de examinarlo de cerca lo describen como una pieza de extrema delicadeza, con diminutas caras y miembros labrados en los brazos de la cruz. El rostro de Cristo era de un detallismo casi fotográfico, con los padecimientos del hombre crucificado representados de manera tan clara y precisa que resultaba perturbador, y su agonía indudable.

No he podido encontrar el menor dato sobre Faulkner en ninguna de las facultades de teología oficiales, y mis indagaciones en iglesias, importantes y secundarias, tampoco han aportado pista alguna en cuanto a los orígenes de su formación religiosa si la hubo. La primera etapa de su vida apenas está documentada, aunque sabemos que al nacer le pusieron el nombre de Aaron David Faulkner, hijo ilegítimo de Reese Faulkner y Embeth Thule, de Montgomery, Alabama, 1924. Fue un niño más pequeño de lo normal, con la visión del ojo izquierdo notablemente mermada, circunstancia que más tarde lo incapacitaría para el servicio militar, pero entrada ya la adolescencia creció muy rápido. Según los vecinos que lo recuerdan, este crecimiento físico se vio acompañado de un análogo desarrollo de la personalidad, y pasó de ser retraído y hasta cierto punto torpe a autoritario e imponente. Vivió con su madre hasta la muerte de ésta poco antes de que él cumpliese dieciséis años. Después del funeral, Aaron Faulkner abandonó Montgomery y no volvió jamás.

De los cuatro años siguientes hasta la fecha de su boda nada se sabe, salvo algunas posibles excepciones. En Columbia, Carolina del Sur, un tal Aarn (sic) Faulkner fue acusado de agresión en 1941 tras un incidente en el que una prostituta llamada Elsa Barker fue apedreada, lo que le produjo heridas en la cabeza y la espalda. Elsa Barker no compareció ante el tribunal para atestiguar, y como su declaración a la policía se consideró poco fidedigna, el caso se sobreseyó. No volvió a encontrarse el menor rastro de Elsa Barker.

Hay otro incidente digno de mención. En 1943 una familia de tres miembros, apellidada Vogel, natural de Liberty, Mississippi, desapareció de su granja. Dos días después de iniciarse la búsqueda los hallaron enterrados en una tumba poco profunda a unos dos kilómetros de sus tierras. Los cadáveres estaban cubiertos de cal viva. Según los informes policiales, un joven vagabundo se había alojado en la casa de los Vogel varios días antes de que desaparecieran. Los Vogel lo acogieron porque parecía un hombre religioso. Ninguno de los vecinos lo conoció ni llegó a verlo, pero recordaban su nombre: Aaron. Una vez muertos, se supo que los Vogel no estaban casados y que su hija era ilegítima. Entre los interrogados en el curso de la investigación se incluía a Aaron Faulkner, detenido en un motel de Vicksburg. Quedó en libertad tres días más tarde por falta de pruebas.

(Si bien no existe conexión directa entre las muertes de los Vogel y la agresión y posterior desaparición de la prostituta Elsa Barker, mi opinión es que ambos incidentes presentan indicios de reacción violenta a un comportamiento considerado transgresión sexual, vinculado acaso a un deseo sexual sublimado: respectivamente, la relación extramarital de los Vogel y el nacimiento de su hija ilegítima -con resonancias de la situación familiar del propio Faulkner- por un lado y las actividades de Elsa Barker por otro. Considero que los ulteriores intentos de Faulkner por refrenar y regular las relaciones sexuales en la comunidad de Eagle Lake representan una pauta de conducta similar.)

Después de su boda en 1944, Faulkner trabajó con el impresor George Lemberger de Richmond, Virginia, y permaneció a su lado durante los siguientes doce años a la par que se forjaba una reputación como predicador sin preparación formal. Una discusión a causa de las actividades de Faulkner como predicador, unida a la acusación de que Faulkner había falsificado la firma de Lemberger en un cheque, provocó su salida de la imprenta a principios de 1957. Posteriormente se trasladó al norte acompañado por su esposa y sus dos hijos. Entre 1958 y 1963 se ganó la vida mal que bien durante un tiempo como predicador itinerante, y con el tiempo fundó pequeñas congregaciones de fieles en los pueblos de Maine, de las que salieron los dieciséis miembros del grupo original. Complementó sus ingresos trabajando, en distintos periodos, como impresor, jornalero y pescador.

Inicialmente, Faulkner se estableció en una pensión de Montgomery Street en Portland, Maine, propiedad de un primo de los Jessop. Oficiaba en el comedor, en ocasiones hasta para treinta personas. A raíz de esos primeros y extensos sermones, su fama se difundió y Faulkner empezó a contar con un reducido grupo de seguidores pero fiel en extremo.

Faulkner no era un predicador de talante apocalíptico. Más bien atraía a sus oyentes con un tono de serena insinuación y penetraba en su conciencia de manera gradual y furtiva. (Si esta descripción parece innecesariamente peyorativa, cabe mencionar que las opiniones en retrospectiva de aquellos con quienes hablé son en gran medida negativas por lo que se refiere a Faulkner. Si bien es obvio que ejercía una gran influencia con su oratoria, y que había gente más que suficiente dispuesta a seguirlo para permitirle fundar, si así lo hubiese decidido, una comunidad mucho mayor que la inicial colonia de Eagle Lake, también había quienes experimentaban cierto malestar cerca de él.)