Y yo los había visto.
– Me voy al norte -anuncié-. Todo esto está relacionado de un modo u otro con los Baptistas de Aroostook. Quiero ver el lugar donde murieron.
Louis me miró. A su lado, Ángel guardó silencio.
Volvía a ocurrir, y ellos lo sabían.
EN BUSCA DEL SANTUARIO
Extracto de la tesis doctoral de Grace Peltier
Forzosamente, el carácter y el alcance exactos de la relación entre Lyall y Elizabeth tuvo que permanecer oculto, pero es lógico pensar que la atracción sexual fue un aspecto significativo. Al unirse a la comunidad, Elizabeth era una mujer bien parecida de treinta y cinco años. Es difícil encontrar fotografías de la primera época en que no esté sonriendo y, en cambio, posteriormente se convirtió en una presencia más apagada junto a su adusto marido, Frank. Elizabeth procedía de una familia pequeña y humilde, pero por lo visto fue una joven brillante que, en una comunidad más progresista (o liberal), y en circunstancias económicas menos precarias, quizás habría dispuesto del espacio que necesitaba para desarrollarse. Sin embargo, contrajo matrimonio con Frank Jessop, quince años mayor que ella pero con un poco de dinero y tierras. Al parecer, no fue una unión especialmente feliz, y Frank se vio aquejado de mala salud tras el nacimiento de su primer hijo, James, razón por la que los esposos se distanciaron más aún.
Lyall Kellog era dos años menor que Elizabeth y diecisiete más joven que el marido de ésta. Las fotografías que se conservan de Lyall muestran a un individuo fornido de estatura media y facciones toscas; en otras palabras, para nada era un hombre atractivo desde el punto de vista convencional. A decir de todos, estaba felizmente casado, y Elizabeth Jessop debió de ejercer una extraordinaria influencia sobre él para que no sólo pusiese en peligro su matrimonio y se arriesgase a despertar la ira del reverendo Faulkner sino que, además, contraviniese sus sólidas convicciones religiosas.
Quienes conocían a Lyall lo recuerdan como un hombre afable, casi sensible, capaz de discutir con personas considerablemente más ilustradas que él sobre lo que a veces a otros les parecían abstrusas cuestiones de fe religiosa. Tenía muchos folletos y comentarios bíblicos y no le importaba viajar todo un día para escuchar a un orador de especial renombre. Fue en uno de estos desplazamientos cuando conoció al reverendo Faulkner.
Entretanto, hacia noviembre de 1963, Faulkner ejercía un estricto control sobre la comunidad. Al igual que Sandford antes que él, exigía obediencia absoluta y prohibía todo contacto con personas ajenas a la comunidad, excepto durante un periodo en las primeras semanas del invierno, cuando pedía a cada familia que escribiese a sus parientes a fin de solicitar donativos en forma de alimentos, ropa y dinero. Dado que la mayoría de las familias se habían distanciado de sus parientes, estas cartas eran prácticamente inútiles, aunque Lena Myers mandó una pequeña suma de dinero.
El único pariente que intentó ponerse en contacto directamente con miembros de la comunidad fue un primo de Katherine Cornish. Temiendo que les hubiese ocurrido alguna desgracia a sus familiares, llevó a un ayudante del sheriff a la colonia. Para aplacar sus temores, se autorizó a Katherine Cornish a reunirse con él por un breve espacio de tiempo, bajo la supervisión de Faulkner. Según Elizabeth Jessop, después la familia Cornish fue castigada a pasar toda la noche rezando en un establo sin ninguna clase de calefacción. Cuando les vencía el sueño, «Adán», Leonard Faulkner, los despertaba echándoles agua fría.
Carta de Elizabeth Jessop a su hermana, Lena Myers, con fecha de noviembre de 1963 (utilizada con permiso de los herederos de Lena Myers).
«Querida Lena:
»Gracias por tu generosidad. Siento no haberte escrito antes como prometí, pero aquí la situación es difícil. Tengo la sensación de que Frank me observa continuamente y espera que cometa un error. No creo que lo sepa con certeza, pero quizá yo me he estado comportando de manera distinta.
»Sigo viendo a L. siempre que puedo. Lena, he vuelto a estar con él. He rogado a Dios que me ayude, pero lo veo en sueños y lo deseo. Tengo la sensación de que esto no puede acabar bien, pero soy incapaz de evitarlo. Lena, hacía mucho tiempo que un hombre no me tocaba así. Ahora que he probado el fruto ya no quiero otro. Espero que lo entiendas.
»Los colonos tienen malos presentimientos. Algunos han criticado al predicador Faulkner por su manera de comportarse. Dicen que es demasiado severo e incluso se han planteado pedirle que devuelva parte del dinero que le dimos, sólo lo justo para recurrir a él si surge la necesidad. También hay problemas con los hijos. La hija ha estado enferma, y casi ha perdido la voz. Ya no puede cantar a la hora de la cena, y el predicador propone que se destine parte de nuestro dinero para pagar a un médico. Laurie Perrson estuvo a punto de morir por falta de atención médica, pero él no quiere que su propia hija sufra. Billy Perrson lo llamó hipócrita a la cara.
»Pero el hijo es el peor de todos. Es malo, Lena. No hay otra palabra para describirlo. James tenía un gatito. Se lo trajo de Portland. Se alimentaba de ratones de campo y de las pocas sobras de nuestra mesa. Era un animalito pardo y precioso, y James lo llamaba Jake.
»Ayer desapareció Jake. Buscamos por toda la casa, pero no encontramos ni rastro de él. A la hora en que James tenía que ir a casa del predicador para sus lecciones diarias, se ha escapado en busca de su gatito. No sabíamos que se había ido hasta que Lyall lo oyó llorar en el bosque y fue a ver qué le ocurría.
»Lo encontró de pie junto a un cobertizo entre los árboles. Antiguamente fue una dependencia de alguna granja que se quemó hace años y los niños tienen prohibido ir hasta allí por miedo a que les pase algo si se acercan. Lyall me dijo que James estaba de pie temblando y llorando ante la puerta.
«Alguien había atado con una cuerda a Jake por el cuello a un clavo en el suelo del cobertizo. La cuerda medía sólo siete u ocho centímetros y el gatito casi estaba tendido en el suelo. Tenía arañas por todas partes, Lena, unas arañas marrones que nadie había visto antes, no mayores que una moneda de veinticinco centavos. Corrían por la boca y los ojos del gatito, y éste se rascaba y maullaba y casi se asfixiaba con la cuerda. Luego, dijo Lyall, el gatito empezó a tener convulsiones y murió, así sin más.
»Lyall jura que vio a Adán hijo rondar por los alrededores del cobertizo cuando no tenía nada que hacer allí y se lo contó al predicador. Pero el predicador le advirtió del castigo por levantar falsos testimonios contra un vecino. Los hombres apoyaron a Lyall, y el predicador les previno que no se indispusieran contra él. Adán hijo se pasó todo el rato mirando sin pronunciar una sola palabra, pero Lyall dice que el chico le sonrió y Lyall pensó que quizá si el chico hubiese encontrado la manera de atarlo a un clavo y dejar que las arañas se cebasen en él, con toda seguridad lo habría hecho.
»No sé qué ocurrirá aquí, Lena. El invierno se nos echa encima y sólo puedo prever mayores dificultades para nosotros, pero con la ayuda del Señor saldremos adelante. Rezo por ti y los tuyos. Con cariño para todos vosotros.
»Tu hermana,
«Elizabeth.
»P.D.: Adjunto un recorte de periódica Extrae tus propias conclusiones.»
Hoy recibirá sepultura la víctima de una trágica muerte por ahogamiento
Eagle Lake. Edie Rattray, que murió en el lago St. Froid, Aroostook, el pasado viernes, será enterrada hoy. El cuerpo de Edie, 13 años, fue hallado flotando en el lago junto a Red River Road, cerca de la localidad de Eagle Lake. El cuerpo de su perro, un cachorro, apareció no muy lejos de allí.