No me gusta esa coma, pensó al bajar la vista para leerla.
Querido papá,
¿Así que somos «nosotros dos» ahora, eh? A mamá le encantaría oírlo. Pero no lo oirá. Quizá podría haberle contado a mamá lo que ocurrió en la Casita Amarilla, aunque ella se hubiera sentido mucho más horrorizada que tú. Pero no puedo hacerlo… ¿o sí? Porque sólo somos «nosotros dos». Me entristece saber que lo estás pasando mal. Yo, por lo demás, estoy perfectamente. Es muy agradable que todo el mundo te mire con ojos de deseo. Yo no me atrevo a mirar nada así, pero se lo he comentado a mis amigos, hasta que dejé de hacer también eso. El aire parece estar lleno de mí: hasta el viento parece estar diciendo mi nombre. Pero el aire y el viento están corrompidos. Cuando no estoy durmiendo o charlando contigo, o comiendo, me baño. Pero incluso bañarme me infecta de nuevo profundamente ahora. Hasta el agua limpia me parece agua fecal.
Quiero irme lejos, cada vez más lejos de eso que llaman Mundo.
¿Puedo acabar citando algunas frases de tu carta? «… por más que sea asqueroso en realidad… Es mi triste modo de ser… Cariño, pasemos esto juntos.»
¿Y esto?
«No me atrevo a cerrar los ojos por temor a lo que pueda ver.»
¡Oh, vamos, ciérralos! No es nada que no hayas visto antes.
Yo no pedí nacer. No pedí ser…
V.
– Estoy ciego como un gato recién nacido -dijo Enrique arrastrando la voz-. No veo nada. ¿Te parece posible, Bugger, hacer algo realmente espantoso en sueños y no recordarlo después?
Brendan se acercó. Esperaba poder encontrar palabras de consuelo para su señor. Enrique se había fijado en una determinada posibilidad: «Porque, aunque hubieras tenido algo así como un revolcón con cualquiera de esos apuestos chicos árabes…, ¿qué importaría eso?» Ya se presentaría mejor ocasión para decirle que el visitante de la Casita Amarilla no era, precisamente, un muchachito.
8. EMPLEE LA CABEZA
Jefe: Esta noche te enviaré por e-mail el artículo piloto para la columna. Te sugiero firmarlo como «Perro Callejero» (con la foto de un perro cruzado de aspecto gruñón). Luego, si alguien pregunta, podemos decir que es una sátira y que está inspirada en Jonathan Swift. (Emplearé siempre casos genéricos, para que nadie pueda querellarse contra nosotros.) Ya sabes, como la Modesta Propuesta de Swift, donde sugería a los irlandeses hambrientos que se comieran a sus propios retoños. Verá… Aquí, en LA, se está tramando una gran historia acerca de Vicky, que podemos desarrollar sin pasarnos ni un ápice de la raya. Se trata de un vídeo porno llamado Princesa Lolita. Un éxito colosal. Oportunísimo. Esta clase de publicidad es impagable. Te cuento más luego. El tiempo aquí se mantiene bajo una alta presión inamovible. Me enteré de que se ahogaron tres personas por las lluvias en el sureste de Inglaterra. Eso es lo que me encanta oír. Clint.
– ¡Eh, borrico! ¿Cuántas son cinco por ocho?
– Cincuenta -respondió Rich.
– ¿Ah, sí? ¿Y cuántas son cinco por diez?
– Cuarenta y siete.
Hubo una carcajada, a la que Clint se sumó. Asistía a una clase en la academia, junto con otros nueve ciudadanos. Rich se hallaba desnudo sobre una tarima al fondo del aula. Estaba dotado de unos atributos ridículamente enormes…, dotado más allá de cuanto podía ser útil (su cabeza y su torso parecían meros detalles de última hora en su diseño corporaclass="underline" una silla de montar elefantes con su dosel precariamente sujetada al tronco), y se suponía que era un auténtico retrasado mental. En realidad, era una futura estrella del porno, que actuaba según las instrucciones recibidas. El director de la academia, John Working, había empleado en otros tiempos a auténticos deficientes psíquicos, pero era difícil encontrar el personal adecuado, y siempre estaban haciéndose daño o molestando a los ayudantes. Para las cenas nocturnas al aire libre alrededor de la piscina, Working contaba con un antiguo director de colegio de Los Ángeles Centro -un hombre al que le faltaban los dos testículos-, quien pasaba desnudo de mesa en mesa respondiendo con muy buen criterio a las preguntas que se le hacían sobre todo lo divino y lo humano; la futura estrella del porno tenía que estar presente allí también, devorando estúpidamente hamburguesa tras perrito caliente, mientras los ciudadanos de la academia daban buena cuenta de su trucha ahumada y sus ensaladas con queso de oveja.
– Eh, imbécil. Dime, en la Biblia…, ¿Adán y…?
– Uva -respondió Rich.
– ¡Eh, so bobo! ¿Cuántos son los mandamientos?
– Nueve -respondió Rich tras pensárselo mucho.
Clint no quiso dejar de intervenir en el juego.
– Veamos, gilipollas… ¿Quiénes heredarán la tierra?
kerido clint: ¡vaya! ¡t han enviado a calfrnia pra cbrir el fnómno de la princs@ lolita pra el lark! acaba de llegar aquí tmbn, pro solo pueds cnsguirlo en las sex shops y stán muy codicia2; tndré ke cnsguir que mi hermano (bueno, hermanastro) me cnsga uno: to2 hablan de él; dicn ke la actriz s parce muchísma nuestra vicky (apnas tiene 17 años) y realiza los cláscos nmeritos kchon2 con mozos de muls y dplomáticos, pra no mencionar alg1s 69 ¡con una kmarera! eso es lo que yo soy, clint, una simple kmarera…, ¿pasa algo? nunca he visitdo los estados unidos, pero he leído alg1s libros… ¿sgue habiendo rservs indi@s con sus tipis y grands posts-tótem? ¿o s todo muy spañol con pminta picante y nchilad@s? scríbeme y cuéntame todo, kerido, no puedo decirt lo feliz ke m siendo sin orlando. t lo debo a ti. sta noche stoy en csa con mi pdre… ¡tan tranquila…! dat pris@ n volvr a inglaterra. creo ke ya es hora, ¿no t prece? k8.
La mayoría de las chicas que uno conoce en las chat-rooms son meramente virtuales, pensó Clint mientras descansaba en su cabaña. No están allí, en realidad: son rutinarias chapuceras plagadas de afectaciones y monsergas. Pero… ¿y ésta? Un auténtico carácter, una burbujeante personalidad con un sentido del humor a prueba de bomba. Y una chica de buena familia, además, que sabía cuál era su lugar, a diferencia de otras que…
Haciendo crujir sus nudillos, Clint se acercó a la mesa en la que le esperaba el ordenador portátil. Inhaló aire ávidamente, sintiendo una inspiración insólita…, cómo era la frase…, ¿al notar el dictado del cielo?
Diario del Perro Callejero
Digamos, pues, que una monja fue atropellada por un coche robado y quedó sangrando en un paso cebra.
Ahora, antes de que pongamos nuestros calzoncillos en la secadora, consideremos el otro aspecto de la cuestión.
Los polis admitieron abiertamente que el muchacho había bebido unas cuantas copas.
De hecho, su índice de alcoholemia era cuatro veces superior al límite permitido.
Habría sido un milagro que hubiera notado que le pegaba un golpe a la monja. Tanto mejor para un ataque por sorpresa.
¿Y ella?
Treinta años de edad, «esposa de Cristo».
En otras palabras, que había decidido cerrarse de piernas para siempre y consagrarse a sus «buenas obras».
Pasa a alguien la bolsa para el mareo.
Dicen del hospital que ven mal la cosa, o sea que, como mínimo, no podrá pisar las calles en un par de años.
Pero… ¿qué hay de los otros?
Nosotros somos los que tenemos que mirarte, querida.
Nunca sentiste en ti la fuerza de un hombre, y eso se nota.
Así que, cuando vuelvas a mostrarte en público, ve a la peluquería y ponte unos polvos en tu fea cara, al menos.