– Oh, no tiene importancia -dijo, y dio un paso para dar un rodeo. Pero, ya en la esquina, se volvió diciéndole-: ¿Sabes, Brendan…? Sólo hay una cosa que él pueda hacer.
– No comprendo, señora…
Victoria le hizo un gesto burlón con la mano, y desapareció.
Una hora después, Brendan seguía aún musitando a su almohada… ¿Cómo era la cosa? Oh, sí: trabajo. Es lo que estáis haciendo todos. Plantar cara a la situación, ¿no es eso? Y esforzándoos en salir del forzoso letargo de Ewelme… Trabajar es lo que hacen, y lo que los hace parecer tan viejos: lo que explica el cansancio de sus ojos. ¿Qué es la pornografía? ¿Sólo prostitución filmada? ¿O hay algo en ella más afín a los gladiadores? Los preservativos para protegerse…, al final no los conservan. Y la cara tiene agujeros… Gladiadores… Eran esclavos. Pero podían conquistar su libertad. ¿Qué te ha ocurrido exactamente?, se preguntaba a sí mismo. Me has matado, esclavo. Quédate con mi bolsa, villano. Y, si alguna vez prosperas, entierra mi cuerpo… Tori Fate cumplió diecisiete años el 3 de enero. El rodaje de Princesa Lolita se inició el 12 de enero, y comenzó a distribuirse el 19 de enero, el día después de que la historia de Victoria se reprodujo como por metástasis. Dificultad tras dificultad…, una sobre otra. Y eso explica el fenómeno. En el fondo de la mente, por razones nobles o viciadas, había una princesa virgen. Una muchacha de quince años… en todo su esplendor.
3. APOLOGÍA-2: KEITH EL SERPIENTE
– ¿Lo hiciste, querida? ¿Lo hiciste? ¿Te aseguraste de que mis flores estuvieran bien colocadas? Ah… ¿De verdad? ¿De verdad, querida? ¿Y dices que él va a venir aquí? ¡Espléndido, querida! Que Dios te bendiga.
Joseph Andrews dejó un instrumento y levantó otro. Clic.
«Recordando cuanto he hecho hasta este momento, pienso que tal vez haya podido dar una impresión errónea acerca de mí. Pensará usted que soy un tipo testarudo y todo eso…, y un poco testarudo sí soy a veces, ¡por mi propio bien! Y quizá no esté usted muy equivocado. El último día de mis dieciocho meses por [clic] Jesús… Oh, sí [clic], por alteración del orden público…, viene a verme un tipo y me dice: “¿Echamos una carrera hasta el muro, amigo?” Habían puesto en el patio una mesa del comedor, y debía de medir como unos cinco metros de lado a lado, calculamos. Así que respondí que estaría encantado. Tanto más cuanto que ya me habían dado ropa de paisano. En una funda de almohada. Levantar la mesa junto al muro, subirse a ella y largarse. De hecho, la fuga duró sólo media hora, Y, por supuesto, una vez conseguían enchironarte de nuevo, te cargaban con una nueva condena. ¡Maldita sea…! ¿Adónde va a ir el oso, si no al bosque? Me echaron encima los dieciocho meses, de nuevo, más otros seis por el quebrantamiento de condena, más un año por lo que les hicimos a la pareja a la que le robamos su coche. Pero yo hubiera dicho entonces que echar una carrera hasta el muro era una buena idea, y lo haría otra vez. Has de mantenerte en forma, si quieres jugársela. Tienes que seguir pateando, como decimos allí. Pero entonces llega un día en que… la prisión es como el mar. Ya puedes ser el mejor nadador que haya existido nunca, y seguir pateando, pateando y pateando con todas tus fuerzas hasta tu último suspiro… Pero el mar es el mar. Permanecerá donde está y jamás se cansará. [Clic… Clic.]
»Así que, cuando salí después de cumplir ocho años, me asocié con Tony Eist y Keith el Serpiente. Negocios de importación-exportación en la Costa del Sol. Tony y yo habíamos recorrido un buen trecho juntos a través de Wormwood Scrubs, Borstal, en Centro de Detención y el Reformatorio. Pero el tal Keith el Serpiente era un desconocido para mí. ¿Y sabe una cosa? No me pregunte la razón, pero había algo en Keith el Serpiente que no acababa de… Llámelo un sexto sentido, si quiere. Yo no sabría definirlo, pero había algo en Keith el Serpiente que no era convincente. Un tipo muy elegante, Keith el Serpiente…, nada ostentoso. Listo. Siempre perfectamente atildado.
»Lo que hacíamos era… Bien, ahora bebería gustosamente a su salud, pero personalmente jamás he soportado las drogas. Ofrézcame una aspirina y la arrojaré de su mano. En cuanto a las drogas…, son un peligro para los jóvenes. Pero también en esto tienes que adaptarte e ir de acuerdo con los tiempos, como muy bien sabe; no puedes permanecer pegado al pasado. Teníamos dieciocho lanchas que movían a través de Puerto Banús dos toneladas de heroína al mes. Lo que hacíamos era viajes cortos a Argel -a veces incluso dos en una noche-, adonde llegaba la carga procedente de los pakistaníes y los afganos. Luego teníamos que subir siguiendo la costa y distribuirla a Europa a través de Marsella. Era un negocio muy lucrativo…, pero estaba siempre el elemento humano…
»Ninguno de nosotros éramos ciudadanos modelo, pero Tony Eist…, bueno, él no era normal. En los viejos tiempos habría sido capaz de alegar como coartada que estaba cometiendo delitos diferentes del que se le imputaba. Por ejemplo: “Yo jamás estuve en la guarida de Brink-Mats. Estaba ocupado zurrándole la badana a ese maldito animal de Argie.” O bien: “¿Cómo podría haber participado yo en ese asunto de la joyería de Waterloo? Estaba en el otro extremo de la ciudad, exigiendo dinero con amenazas.” Un hombre muy deshonesto Tony Eist… Así que un día Keith el Serpiente vino a verme a mi villa. Me dijo que había estado haciendo números…, y que Tony llevaba tiempo ¡apartando millones para sí! Bueno…, yo no iba a aceptar eso de buenas a primeras, ¿eh?
»Fui allí y pusimos las cosas en claro. Y me lo cargué. Y después, por si eso fuera poco, quedó destrozado por su propia cortadora de césped. Diesel. De dos plazas. Y su mujer no tuvo la sensatez de decir que ella lo había atropellado accidentalmente, sino que fue ¡y me denunció a los españoles! [Clic.] Sigo, pues. [Clic.] Mire, surgieron factores que lo complicaron todo. Yo no soy partidario de ponerme a echar las culpas a otro, o al impulso, o a como quiera llamarlo. Para mí hay demasiado de eso ya. Pero estamos hablando de hombre a hombre y…, bueno…, yo había estado acostándome con Angie, la mujer de Tony. Porque, si he tenido desde siempre alguna costumbre de la que deba lamentarme, ha sido ésta: la de tirarme a las esposas de mis compañeros. [Clic.] Y a sus hijas y todo, en su momento. La pequeña Debbie… ¡Y ella fue y se lo contó a Angie! [Clic.] Por malicia, diría yo. Oh, sí, fue por resentimiento. Los polis españoles andaban de culo husmeándolo todo, por supuesto; pero ¿qué podían hacer con aquel gran pantano que se extendía delante del césped de Tony y sin rastro de él? Así que yo y Keith el Serpiente arramblamos con todo lo que pudimos y nos largamos a Alicante, vendimos el barco y subimos a bordo de un petrolero rumbo a Belfast.
»[Clic.] Sigamos. Él no es diferente. ¿Él…? ¡Vamos…! [Clic.] Con respecto a eso de… tirarte a las mujeres de sus camaradas. Ahora, en estos tiempos, está mal considerado. Algo que no se hace. Mire…, sólo puedes hacerlo si tú…, si no le tienes miedo a nadie. Porque, de acuerdo, está mal… pero ¿qué va a hacerte el tipo en cuestión? ¿Presentarse y echártelo en cara? No. Le dan a su mujer un puñetazo o lo que sea y ahí se acaba todo. Fin de la historia. Porque, por otra parte, ellas se lo tienen bien merecido. Es el punto flaco de la mujer, eso es. Falta de fuerza. Falta de energía… Yo no me he casado, pero he estado prometido en dos ocasiones. Por una desgraciada coincidencia, las dos me dejaron y se quitaron la vida por razones que sólo ellas supieron.