Xan advirtió de pronto que, abajo, en la mitad de los treinta o cuarenta jardincillos que podía ver desde el balcón, la pornografía se estaba practicando ampliamente: cuerpecillos morenos retozando alrededor de azules piscinas.
– Ciertamente el Manguerazo pareció un salvavidas para el porno masculino…, al principio, al menos. Cada mañana, cuando el hombre se dirigía al trabajo haciendo autoestop, alimentaba el sueño de ser recogido por una actriz de primera plana y hacerle un Manguerazo. Y enseguida los pobres diablos comenzaron a cotizarse unos a otros por sus Manguerazos. Ya sabe: estadísticas y promedios…, como en el béisbol. Incluso surgió un actor llamado Manguerazo, Kirk Manguerazo. Por supuesto, no duró mucho… Porque el Manguerazo era otro cáliz envenenado para el porno masculino. Al cabo de algún tiempo, ninguna chica consideraba siquiera la posibilidad de trabajar con un tipo que le había hecho un Manguerazo…, o que se lo había hecho a alguna de sus amigas. Los hombres del porno que tenían algún repertorio de Manguerazo dejaron de recibir llamadas telefónicas. Y después comenzaron a temer el Manguerazo. Una ulterior humillación venía ya en camino en la forma del Desquite.
»Desquite.
»Desquite.
El sol comenzaba a ocultarse ya tras los hombros del edificio. Hojeó las doce páginas del guión de Corona de azúcar. En su única escena, se suponía que Xan intercambiaba algunas palabras con Charisma Trixxx, y después observaba su actuación con Sir Dirk Bogarde (con el siguiente programa: «Mamada. Por delante. Por detrás. Corrida en la cara»). Sus frases no eran ni difíciles ni numerosas, pero aun así le sorprendió la facilidad con que pudo aprendérselas de memoria. Hizo una pausa. «Algo me está ocurriendo», pensó. Hizo otra pausa, escuchó; notaba dentro de sí una gran esperanza a la que no se atrevía a acceder: con ella, o en lugar de ella, podrían sobrevenirle un dolor y una pena igualmente grandes. El firmamento luminoso aparecía desgarrado por estelas de vapor en diferentes estados de disolución: algunas altas, semejantes a escobillas de sólido aspecto para limpiar pipas; otras, como medias blancas, desechadas, flotando en el aire, o como el sueño leve de las primeras horas; otras, finalmente, como rompientes de una playa inconcebiblemente lejana. Volvió a estudiar sus frases, repitiéndolas mentalmente. Las tenía allí.
– Lo cual nos lleva al meollo del asunto. Es sólo mi opinión, por supuesto, pero la mantengo por razones menos obvias que las que podrían decirse. El Desquite. El nombre es incorrecto, creo yo. Y encierra un serio fallo estructural… El Desquite Clásico es, simplemente, una eyaculación prematura provocada por la mujer. Cuanto más prematura, mejor. Ciertamente es muy humillante para el hombre, porque lo obliga a comenzar de nuevo, y ya con sus fuerzas muy disminuidas. Así que se siguen la ducha, la pastilla, la espera, el dolor de cabeza…, el Jodiar. Pero cualquier cosa que se grabe en tales condiciones precederá a la anterior eyaculación. A diferencia del Manguerazo, el Desquite no deja ninguna evidencia filmada de su consumación. Y está luego la cuestión del Facial.