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»El Facial.

»El Facial, sí. Hasta el Jodiar más riguroso exige el Facial La tendencia principal del mercado exige el Facial. Y el Desquite ni siquiera ha tratado jamás de presentarse sin él. Así que… ¿qué clase de victoria es ésa? ¿Despedir a la pareja despectivamente y con pullas, una vez que él se ha corrido y te ha llenado de semen hasta la barbilla? El Facial está ahí, siempre, porque el cliente quiere que esté. ¿Y qué quieren los hombres? Quieren el Facial. Es el único acto sexual que apenas existe fuera del porno. Una prostituta tal vez lo practique, pero ¿se imagina a una mujer libre de rodillas? Ésta es otra buena razón para denominar también al Facial como también lo llaman: la Escena por Dinero.

»Comprenda… A veces lo llaman también la Escena de Papá. Jamás la Escena de Mamá. Porque, por un motivo u otro, uno siente esta convicción: es como le habría gustado a papá. La Bella y la Bestia, la inocencia y su opuesto. Y la mujer arrodillada, alzando el rostro para contemplar a alguien mucho más poderoso que cualquier amante…»

Bebió media botella de vino, fuera, en el balcón, acompañando su temprana cena. Notaba cansada su ecuanimidad ahora, y flaqueaba, y las nubes de la tarde le parecían cabellos postizos: bisoñés, pelucas, los caducos oropeles del firmamento. Pero entonces salió Venus, con un halo blanco, como un juego de pestañas de plata que bajaran ante él. Y apareció la luna en su cuarto creciente, dispuesta en un ángulo poco familiar para él, como si llegara de algún lugar de detrás, como un seno platónicamente perfecto.

A las nueve llamaron a la puerta.

– ¿Quién es?

Era el canoso botones, que le ofreció un ramo de las flores más horrendas que hubiera visto en su vida: cara roja y lengua amarilla.

– ¿Quién las envía?

– Joseph Andrews.

Xan lo comprobó: sí, era lo que estaba necesitando.

2. BAJA POR ENFERMEDAD EN DOLOROSA DRIVE

Durante treinta meses de actividad, el Francotirador de Sextown pareció haber desarrollado un conjunto de reglas o restricciones: nada de emplear balas de alta velocidad, nada de tiros a la cabeza o al corazón, ninguna actuación en autopistas que pudiera provocar más atascos de tráfico, ninguna incursión a Tuxedo Terrace o Dolorosa Drive, donde hubiera podido socavar valiosos títulos de propiedad, nada de notitas sarcásticas que comenzaran «Fastídiate, ciego gusano» o «Soy Dios» dirigidas al alcalde y a las autoridades del Departamento de Policía, ningún disparo a personas de origen mexicano o centroamericano, ningún disparo contra quienes acudían a prestar ayuda del tipo que fuera, ningún blanco a personas muy jóvenes o muy ancianas. Pero si un director de fotografía con barbita en forma de perilla resultaba herido en un tobillo, si un auxiliar o una maquilladora perdían un par de dedos, si Charity Divine quedaba con el pelo chamuscado o Schlong Gielguld recibía un balazo en el trasero…, ¿a quién le importaba? A la gente del porno tal vez, pero a nadie le importaba la gente del porno ni lo que a ésta la importara.