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– Buenos días, señor – dijo.

– ¿Así que así es como suena una voz femenina? – murmuró Blake – casi lo había olvidado.

– ¿Cómo dice?

– No importa. ¿Sería tan amable de poner a hervir un poco de agua para té?

– ¿Más té? – preguntó – pensaba que le gustaba más el café.

– Si, pero hoy quiero té.- Blake estaba completamente seguro de que la señora Mickle sabía que había una mujer arriba, pero había trabajado para él durante varios años, y tenían un acuerdo tácito, él le pagaba bien y con el máximo respeto, y ella le correspondía no haciendo preguntas ni contando chismes. Era igual con todos los sirvientes.

El ama de llaves afirmó con la cabeza y sonrió.

– ¿Entonces querrá otro gran puchero?

Blake le devolvió la sonrisa con ironía. Por supuesto este silencio comprensivo no significaba que a la señora Mickle no le gustara tomarle el pelo cuando podía.

– Un puchero muy grande – respondió.

Mientras ella servía el té, Blake se desvió en busca de Perriwick, su mayordomo; lo encontró sacando brillo a alguna plata que no lo necesitaba en absoluto.

– Perriwick – gritó Blake – necesito enviar un mensaje a Londres. Inmediatamente.

Perriwick afirmó con la cabeza con mucha pompa.

– ¿Al marqués? – supuso.

Blake afirmó con la cabeza. La mayoría de sus mensajes urgentes eran enviados a James Sidwell, el Marqués de Riverdale. Perriwick sabía exactamente como enviarlos a Londres por la ruta más rápida.

– Si me lo da – dijo Perriwick – lo dejaré en su destino inmediatamente.

– Primero lo tengo que escribir – dijo Blake distraídamente.

Perriwick frunció el ceño.

– ¿Puedo sugerirle que escriba sus mensajes antes de pedirme que los lleve, señor? Sería un uso mucho más eficiente de su tiempo y el mío.

Blake abrió una sonrisa a medias para decir

– Eres un insolente descarado para ser un sirviente.

– Solo deseo facilitar el gobierno afable y elegante de su casa, señor.

Blake movió su cabeza negativamente, maravillándose de la capacidad de Perriwick para contener la risa.

– Espera un momento y lo escribiré ahora. Se inclinó sobre un escritorio, tomó un papel, pluma, y tinta y escribió:

J-

Tengo a la señorita De León y apreciaría tu ayuda con ella inmediatamente.

B-

James había tenido relaciones anteriormente con la espía medio española. Él sabría como hacerla hablar; mientras tanto, Blake solo tendría que darle mucho té y esperar a que recuperara la voz. Francamente, no tenía otra opción, sus ojos le dolían demasiado de mirar su escritura.

Cuando Blake llego hasta la puerta de la habitación de Carlotta, pudo oírla tosiendo.

– Demonios – musitó. Loca. Debe haber empezado a recuperar su voz y decidido toser para perderla de nuevo. Mantuvo en equilibrio el juego de té hábilmente mientras abría con llave la puerta y la empujaba para abrirla.

– Tosiendo todavía, ya lo oigo, – dijo lenta y pesadamente.

Estaba sentada sobre la cama, afirmando con la cabeza, y su pelo marrón claro parecía de un tacto correoso. Ella no tenía buena cara.

Blake se quejó.

– No me diga que ahora está enferma de verdad.

Afirmó con la cabeza, esperando, casi como si fuera a llorar.

– ¿Así que admite que ayer fingía su enfermedad?

Miró avergonzada mientras su mano se movió rápidamente como diciendo “en cierto modo

– ¿Fingía o no fingía?

Ella lo afirmó tristemente, pero señaló su garganta.

– Si, ya sé que realmente ayer no podía hablar, pero ahora ambos sabemos que no fue un accidente ¿verdad?

Ella bajó la mirada.

– Lo tomaré como un sí.

Ella apuntó a la bandeja y movió los labios.

¿Té?

– Sí. – depositó el servicio de mesa y puso la mano en su frente.

– Pensé que le ayudaría para recuperar su voz. Diablos, tiene fiebre.

Ella suspiró.

– Se lo tiene merecido.

Lo sé ” gesticuló con la boca, pareciendo completamente arrepentida. En ese momento casi le pareció simpático.

– Aquí – dijo, sentándose en el borde de la cama – debería tomar un poco de té.

Gracias

– ¿Lo sirve?

Ella afirmó con la cabeza.

– Bien, siempre he sido torpe en este tipo de suelo. Marabelle siempre decía: “Te dejará inválido”.

¿Cómo podía incluso pensar en hablar de Marabelle con esta espía?

¿Quién es Marabelle? ” gesticuló con los labios.

– Nadie – dijo bruscamente.

¿Su prometida? ” gesticuló con la boca, sus labios se movían cuidadosamente al pronunciar sus palabras silenciosas.

No le respondió, se levantó y anduvo a grandes zancadas hasta la puerta.

– Beba té – le ordenó – y tire de la campanilla si empieza a sentirse enferma.

Salió de la habitación, dando un portazo tras él antes de girar las dos llaves y las cerró con un cruel golpe seco.

Caroline miró fijamente a la puerta y pestañeó ¿De qué iba todo esto? Este hombre era tan inconstante como el viento. Un minuto ella juraría que él le había tomado cariño, y al siguiente…

Bien, pensó, mientras alcanzó el té y se sirvió una taza; él creía que era una espía traidora, eso debía explicar porqué a menudo era tan brusco e insultante.

Aunque (tomó un sorbo profundo del té humeante y suspiró con placer) no se explicaba porqué la había besado; y eso desde luego no explicaba porqué ella le había dejado.

¿Dejarle? Demonios, lo había disfrutado, nunca había experimentado nada como eso, mucho mejor que el calor y la seguridad que ella había conocido cuando sus padres todavía vivían, más que nada que ella hubiera sentido antes. Había sido una chispa de algo diferente y nuevo, algo excitante y peligroso, algo bellísimo y salvaje.

Caroline se estremeció al pensar que hubiera sucedido si él no la hubiera llamado Carlotta, era lo único que le había devuelto su sentido común.

Alargó la mano para servirse otra taza de té, y en el proceso, rozó al pasar una servilleta de tela que cubría un plato. ¿Qué era eso? Levantó la servilleta.

Torta dulce! Era el paraíso mismo aquí, en un plato de galletas.

Mordió un trozo y dejó que se derritiera en su boca; se preguntó si él sabría que le había traído su comida. Dudó que le hubiera preparado el té; quizá su ama de llaves hubiera puesto la torta en la bandeja sin que él lo hubiera ordenado.

Mejor comer rápido, se dijo a sí misma. ¿Quién sabe cuando volvería él?

Caroline metió otro trozo de torta en su boca, sofocando una risilla tonta y en silencio mientras las migajas caían sobre la cama.

Blake no le hizo el menor caso durante el resto del día y a la mañana siguiente, solo fue a controlarla para asegurarse de que no había ido a peor y traerle un poco más de té. Parecía aburrida, hambrienta y encantada de verle; pero no hubo otra cosa que silencio al dejar el juego de té sobre la mesa y comprobar su frente en señal de fiebre. Su piel estaba un poco caliente pero no parecía arder más, así que le dijo otra vez que hiciera sonar la campanilla si se sentía enferma, y abandonó la habitación.