– Oh, no – su mano se movió hasta su boca.
– Marabelle fue asesinada por un traidor. Ella había salido a realizar una misión en lugar de Blake, él tenía la garganta malísima o algo parecido – James se detuvo para enjugar con un pañuelo un poco de sudor de su frente – le prohibió que fuera, se lo prohibió completamente, pero ella nunca fue de la clase que escucha ultimátums. Sólo se rió y le dijo que lo vería más tarde al anochecer.
Caroline tragó saliva, pero el ademán fue pequeño para facilitar el nudo en su garganta
– Al menos su familia pudo tener consuelo por el hecho de que ella murió por su país – ofreció ella.
James negó con su cabeza
– Ellos no lo supieron. A ellos les dijeron (alguien les dijo) que había muerto en un accidente de caza.
– Yo, yo no sé que decir.
– En realidad no hay nada que decir. O hacer. Ese es el problema – James desvió la mirada por un momento, sus ojos enfocaron algún lugar sobre el horizonte, entonces preguntó
– ¿Recuerdas cuando te dije que me recordabas a alguien?
– Si – dijo Caroline lentamente comenzando a asomar el horror en sus ojos – Oh, no, no a ella…
James movió afirmativamente la cabeza
– No estoy seguro de porqué, pero lo haces.
Ella se mordió el labio y se miró fijamente los pies “Dios mío, ¿eso era por lo que Blake la había besado? ¿Porque ella de alguna manera se parecía a su prometida muerta? De repente, se sintió muy pequeña y muy insignificante. Y muy indeseada.
– No pasa nada – dijo James, claramente preocupado por su expresión desdichada.
– Yo nunca aceptaría un riesgo como ese – dijo Caroline firmemente – no si tuviera a alguien a quien amar – tragó saliva – no si tuviera a alguien que me amara a mi.
James tocó su mano
– Estos últimos años han sido una época solitaria para ti ¿verdad?
Pero Caroline no estaba preparada para comentarios compasivos
– ¿Qué pasó con Blake? – preguntó bruscamente – después de morir ella.
– Estaba asolado, bebió durante tres meses, se echó la culpa.
– Si, estoy segura de que lo haría; es del tipo de los que se toma responsabilidad por todo el mundo ¿verdad?
James afirmó con la cabeza.
– Pero seguramente ahora se da cuenta de que no fue por su culpa.
– En su cabeza, quizás, pero no en su corazón.
Hubo una larga pausa mientras los dos miraban fijamente al suelo. Cuando finalmente Caroline habló, su voz era suave y extrañamente vacilante.
– ¿De verdad crees que él piensa que yo me parezco a ella?
James negó con la cabeza – No. Y no te pareces a ella. Marabelle era bastante rubia, en realidad, con ojos azul pálido, y…
– Entonces porqué dijiste…
– Porque es raro encontrar a una mujer de espíritu semejante. – Cuando Caroline no dijo nada, James sonrió y añadió – era un elogio, por cierto.
Caroline movió sus labios de una forma que estaba a medio camino entre una mueca y una sonrisa abyecta.
– Gracias entonces, pero todavía no veo porque él está siendo tan bruto.
– Considera la situación bajo su punto de vista; primero pensó que eras una traidora, el mismo tipo de alimaña que había asesinado a Marabelle; después se encontró a si mismo en la posición de tu protector, lo que solo puede recordarle como falló a su prometida.
– ¡Pero él no le fallo!
– Por supuesto que no – replicó James – pero él no lo sabe, y además de esto, es realmente obvio que te encuentra bastante atractiva.
Caroline se sonrojó e inmediatamente se enfureció consigo misma por hacerlo.
– Eso, creo – dijo James – es lo que más le asusta. ¿Y qué si “ horror de los horrores”, él se hubiera enamorado de ti?
Caroline no lo vio como el peor horror del mundo, pero se guardó lo que pensaba para ella.
– ¿Puedes contar de cuantas formas él había creído que estaba traicionando a Marabelle? Nunca podría vivir con ello.
Ella no sabía lo que decir en respuesta, así que, apuntó a un agujero del suelo y dijo
– Ponga la planta ahí.
James agitó la cabeza en señal de afirmación
– ¿Tú no le hablaras de nuestra pequeña charla?
– Por supuesto que no.
– Bien – e hizo lo que ella le pidió.
CAPITULO 7
di-a-crit-i-cal (Adjetivo). Distintivo, característico.
Uno no puede negar que la marca diacrítica (diacritical) del jardín del señor Ravenscroft es una completa falta de orden.
Del diccionario personal de Caroline Trent.
Para el final del día, Caroline tenía el jardín con el aspecto que ella pensaba que debería tener.
James estaba de acuerdo con ella, felicitándola por el excelente sentido del diseño paisajístico. Blake por otro lado, no podía estar animándola, ni pronunciando siquiera las palabras de elogio menos generosas. De hecho, el único ruido que había hecho fue un quejido bastante estrangulado, que sonó un poco como: – mis rosas.
– Sus rosas se habían vuelto silvestres – le había contestado ella, completamente irritada con este hombre.
– Me gustaban silvestres – le contestó.
Y de esa manera había sido. Pero él la había sorprendido encargando dos nuevos vestidos, para reemplazar el único que ella había traído de Prewitt Hall. Ese pobre harapo había durado ya el tiempo suficiente, con el hecho de ser raptada, durmiendo durante días, y cavando en la tierra. Caroline no estaba segura de cuando o donde él se las había ingeniado para conseguir dos vestidos listos para llevar puestos, pero parecían adaptarse a ella razonablemente bien; así que se lo agradeció lindamente y no se quejó de que el dobladillo arrastrara rozando el suelo.
Cenó en su habitación, no sintiéndose capaz de otra batalla de voluntades con su anfitrión un tanto gruñón. Y además, había conseguido una aguja e hilo de la señora Mickle, y quería ponerse a trabajar, acortando sus nuevos vestidos.
Dado que era medio verano, el sol permanecía en el cielo bien pasada la hora en que ella cenaba, y cuando sus dedos estuvieron ya cansados, dejó la costura y fue caminando hasta la ventana. Los setos estaban impecables y las rosas arregladas a la perfección; James y ella habían hecho sinceramente un trabajo excelente con los jardines. Caroline sintió una sensación de orgullo hacia sí misma que no había experimentado desde hacía mucho tiempo. Había pasado demasiado tiempo desde que ella había tenido el placer de comenzar y terminar una tarea que le interesara.
Pero no estaba convencida de que Blake hubiera llegado a apreciar aún su valía como invitada cortés y útil, de hecho, estaba bastante segura de ello. Así que, por la mañana tendría que buscarse otra tarea, preferiblemente otra que le llevara un poco más de tiempo.
El le había dicho que podía permanecer en Seacrest Manor hasta que cumpliera los veintiún años, y que la condenaran si iba a permitir que él eludiera su promesa.
A la mañana siguiente, Caroline exploraba Seacrest Manor con el estomago lleno. La señora Mickle, que ahora era su mayor defensora, se reunió con ella en el cuarto del desayuno, y la abasteció con un sinfín de exquisiteces y obsequios. Tortillas, embutidos, una especie de pastel; Caroline incluso no reconocía algunos de los platos que embellecían el aparador. Parecía que la señora Mickle había preparado comida para un ejército completo.
Después del desayuno comenzó a buscar un nuevo proyecto para mantenerse ocupada mientras permaneciera aquí. Miró para ver lo que había dentro de una y otra habitación, y finalmente fue a parar a la biblioteca; no era tan grande como las de algunas de las fincas más importantes, pero ostentaba varios cientos de volúmenes. Los lomos de piel, resplandecían a la luz en las horas tempranas de la mañana, y la habitación mantenía el olor a limón de la madera recién fregada. Pero un examen más de cerca de las estanterías revelaba que habían sido colocados sin ningún orden.