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– Mis tutores no fueron siempre hombres de lo más recatado – explicó ella.

– Ya veo.

Ella levantó la cabeza y lo miró a los ojos pensativamente

– Debería reír más a menudo.

– Hay un montón de cosas que yo debería hacer – dijo sencillamente.

Caroline no sabía que decir a ese comentario

– Er… ¿Deberíamos intentar encontrar al marqués?

– Evidentemente, él no quiere que lo encuentren.

– ¿Porqué no?

– No tengo la más mínima idea – dijo, en un tono como diciendo que si tenía idea – Riverdale es bastante dado a desaparecer cuando tiene en mente hacerlo.

– Supongo que es útil en el campo de trabajo en que se mueven.

Blake no respondió. No deseaba discutir su trabajo para el Ministerio de defensa con ella; las mujeres tenían inclinación a encontrar sus hazañas elegantes y seductoras y sabía que ellos eran cualquier cosa menos eso.

No había nada elegante y seductor en relación a la muerte.

Finalmente Caroline rompió el largo silencio

– Estoy segura que me puede dejar irme ahora.

– ¿Puede caminar?

– Por supuesto, yo… ¡Ow!

Apenas había dado un paso antes de aullar de dolor otra vez. Inmediatamente Blake la envolvió entre sus brazos y dijo – yo la llevaré al salón.

– ¡Y mis libros! – protestó.

– Creí que eran mis libros – dijo él con una pequeña sonrisa – y enviaré a uno de mis sirvientes para que venga y los vuelva a colocar.

– No, no, por favor, no haga eso; los volveré a colocar yo misma.

– Si perdona que se lo diga, señorita Trent, no puede ni caminar ¿cómo piensa poner de nuevo en orden una biblioteca?

Caroline volvió la cabeza para observar el caos que había producido mientras él la sacaba de la habitación.

– ¿No podría dejarlos así durante unos días? Prometo encargarme del desorden una vez que mi tobillo se cure; tengo grandes planes para la biblioteca, ya verá.

– ¿Ah, sí? – preguntó dubitativamente.

– Si, pensé poner todos sus libros sobre temas científicos juntos, y agrupar las biografías en una estantería, y, bueno, estoy segura de que ve cual es mi idea. Será mucho más fácil encontrar sus libros.

– Seguramente va a ser más fácil de lo que es ahora, con todos por el suelo.

Caroline lo miró frunciendo el ceño

– Le estoy haciendo un favor tremendo, si no puede ser agradecido, al menos podría intentar no ser tan ingrato.

– Muy bien, le declaro mi más eterna gratitud.

– Eso no suena para nada sincero – musitó.

– No lo era – admitió – pero tendré que hacerlo. Muy bien, ya estamos – la colocó en el sofá – ¿levantamos su pierna?

– No sé, nunca me había torcido un tobillo antes ¿es eso lo que hay que hacer?

El afirmó con la cabeza y colocó almohadones blandos bajo su pierna

– Reduce la hinchazón.

– La hinchazón es molesta, es el dolor lo que me gustaría reducir.

– Van unidos.

– Oh, ¿cuánto tiempo tendré que permanecer así?

– Creo que al menos durante el resto del día, quizá mañana también.

– Hmmmm… esto es totalmente horrible, supongo que no podría ir a buscarme un poco de té.

Blake dio un paso hacia atrás y la miró.

– ¿Parezco una niñera?

– Que va – replicó reprimiendo claramente una risita – es solo que la señora Mickle ha ido al pueblo después de preparar ese encantador desayuno; solo el cielo sabe donde está su mayordomo y no creo que su ayuda de cámara vaya a buscar el té.

– Si yo puedo ir a buscarlo, él también puede – murmuró Blake.

– Oh, bueno – exclamó ella aplaudiendo – entonces, ¿traerá algún té para mí?.

– Supongo que debo hacerlo ¿y como demonios ha llegado a tener tan buenas relaciones con mis sirvientes, en tan solo un día?

Ella encogió los hombros.

– Realmente, yo solo conocí a la señora Mickle ¿sabía que tiene una nieta de nueve años que vive en el pueblo? Le compró la muñeca más adorable por su cumpleaños, yo habría querido una muñeca como esa cuando era una niña.

Blake movió la cabeza negativamente con asombro. La señora Mickle había estado trabajando para él durante aproximadamente tres años y nunca había mencionado que tenía una nieta.

– Volveré con el té – dijo.

– Gracias, y no olvide hacer bastante para usted también.

El se paró en la puerta – yo no lo tomaré con usted.

Caroline bajó la cara.

– ¿No?

– No, yo… – gimió. Había batallado contra algunos de los criminales más taimados del mundo, pero era impotente ante su ceño fruncido.

– Muy bien, lo tomaré con usted, pero solo durante un ratito.

– Estupendo, estoy segura de que pasará un rato agradable; y encontrará ese té delicioso para su estado de ánimo.

– ¡Mi estado de ánimo!

– Olvide que lo dije – murmuró.

La señora Mickle no estaba por ningún lado cuando Blake llegó a la cocina. Después de llamar a gritos al ama de llaves durante uno o dos minutos, recordó que Caroline le había dicho que se había ido al pueblo.

– ¡Maldita mujer! – murmuró, sin estar seguro de si se refería a Caroline o a la señora Mickle.

Blake puso un poco de agua a hervir y buscó por los armarios el té; a diferencia de la mayoría de los hombres de su época, él se sabía manejar en una cocina. Con frecuencia, los soldados y los espías tenían que aprender a cocinar si querían comer, y Blake no era una excepción. Las comidas de gourmet, estaban más allá de su repertorio, pero por supuesto podía preparar té y bizcochos, especialmente desde que la señora Mickle cocinaba los bizcochos; todo lo que Blake tenía que hacer era colocarlos sobre el plato.

Se sentía muy extraño por estar haciendo esto para Caroline Trent; hacía mucho tiempo que no había cuidado de nadie excepto de sí mismo, y había algo reconfortante en escuchar el chirrido de la tetera y el bramido del agua hirviendo. Reconfortante y al mismo tiempo perturbador, preparar té, inclinar su tobillo torcido, eran acciones terriblemente íntimas, y él todavía podía sentirlas atrayéndole más cerca de ella.

Luchó con la necesidad urgente de golpearse en la cabeza, estaba poniéndose demasiado filosófico; él no estaba intimando con Caroline Trent, y ciertamente no había deseado hacerlo; habían compartido un beso, y había sido un impulso estúpido por su parte; respecto a ella, probablemente no había conocido nada mejor, apostaría su casa y su fortuna a que nunca la habían besado antes.

El agua empezó a hervir y Blake la echó en una tetera de porcelana china, olfateando el fragante aroma que el té empezaba a desprender. Después de colocar una jarrita de leche y un azucarero sobre la bandeja, la cogió y se dirigió de vuelta al salón. Realmente no había prestado mucha atención a poner el té; había algo bastante tranquilizador en realizar una tarea de forma automática, pero la señorita Trent iba a tener que comprender con su testaruda cabecita que él no iba a desempeñar el papel de niñera e ir a buscarle cada capricho y deseo mientras estuviera viviendo en Seacrest Manor.

El no quería actuar como un cachorro enfermo de amor, no quería que Caroline creyera que estaba actuando como un cachorro enfermo de amor, y por supuesto no quería que James lo viera actuando como un cachorro enfermo de amor.

No importaba que el no estuviera al menos un poco enamorado, James nunca le dejaría olvidarlo. Blake volvió la última esquina y entró al salón, pero cuando sus ojos se dirigieron al sofá, estaba vacío donde Caroline debería estar, y había un gran desorden en el suelo.

Y entonces oyó una voz bastante avergonzada decir

– Fue un accidente. Lo juro.